Showing posts with label cronologia. Show all posts
Showing posts with label cronologia. Show all posts

Monday, May 03, 2010

Inquieta en desintoxicación

Hace dos semanas que no sé nada de él. No tendría por qué, la verdad. Yo le dije que ya no más, y para evitarme tentaciones -producto de la ansiedad provocada por la abstinencia de la droga emocional- lo bloqueé de mi messenger, de mi facebook, y de mi hi5; borré sus mails y su número celular, para no tener manera de encontrarlo ni de permitirle encontrarme por casualidad.

Si él quisiera, bien podría llamarme, enviarme un sms o un mail, porque él sí debe conservar mis datos. Pero no lo hará. Sé muy bien que no lo hará y es mejor así. Con el paso de los días este síndrome de desintoxicación se hace más leve. Pero hay días en los que me viene la ansiedad con fuerza... las ganas de saber de él, de tener noticias suyas, de saber si me recuerda de vez en cuando...

No puedo mentir. Extraño mucho sus besos, el calor de su cuerpo, su risa, su mirada que me hacía creer que sus palabras eran ciertas, aunque yo sabía bien que no lo eran. Sí, lo extraño. Pero ya no quiero estar con él. Así se lo dije y se que él, "mansamente", se quedará con eso y no intentará buscarme más.

Sirven de pretexto sus continuos viajes para marcar distancia entre los dos, y el tiempo hará lo suyo. Un día nos volveremos a encontrar en alguna reunión de los amigos que compartimos. Ese día, tal vez, alguno de los dos vaya acompañado. Y si no, ya no será lo mismo, de todas maneras.

Sin embargo, mientras llega esa ocasión, hay días como hoy en los que aún extraño el vello de su pecho, su barba, sus manos en mi cabello... las noches que dormimos juntos, los desayunos en su cocina, el café que preparaba a sabiendas de mi gusto por el Juan Valdéz, sus conversaciones.

Días como hoy, el síndrome de abstinencia me pega con ganas y me hace pensar que me gustaría estar con él...

Gracias a Dios, no tengo forma de buscarle, y él a mí ya no me buscará. Ahí queda otra anécdota para mi historia... una letra más en la cronología de mi corazón.

Friday, October 02, 2009

¡Yo no nací para amar!

Jajajajajaja!!! Acá, cortándome las venas al más puro estilo de Juan Gabriel hace algunos años, así de: todos a mi alrededor se casaban y yo no, y cuando la gente me pregunta yo sólo les digo "yo no nací para amar, nadie nació para míiiiiiii..."

Nah! En realidad no creo eso. Sigo creyendo que para cada roto hay un descosido, sólo que es difícil hallarse enmedio de un montón de ropa sucia, deshilachada y maltratada... conforme pasan los años se va uno encontrando que el montón de ropa dañada es más grande, y entre tanto roto es complicado encontrar al descosido adecuado.

Tal vez me pone nostálgica ver que mucha gente a mi alrededor tiene hasta dos relaciones "serias" mientras que yo no soy capaz de tener una sola. Al contrario, pareciera que sólo voy acumulando nombres en la lista de los que extraño. Hay quienes sufren porque aman a dos personas, yo extraño a dos ahora, y aunque no sufro por ello, definitivamente no me hace muy feliz tampoco.

Creí que la cronología del corazón que escribí en 2006 terminaría con la letra J, pues desde entonces no había habido adiciones a la lista. Sin embargo alguien más llegó... y se fue. O no sé... aún sigue por aquí, pero todo pinta a que no será así mucho tiempo. Es como cuando uno se sube a una montaña rusa y al principio todo es excitante, pero al final llega la última curva, la última gran bajada y se acaba la diversión. Y no queda más que bajarse del carrito y volver a hacer fila para subirse al siguiente juego de la vida.

Como bien dice Julieta Venegas en su canción El Presente: con el mundo como va se nos acaba todo, la tempestad y la calma casi son la misma cosa, ¿quién nos dice que la vida nos dará el tiempo necesario? Toma de mí lo que tú quieras como si solo quedara el presente, es lo único que tengo... el presente es lo único que hay...

Sólo me queda una reflexión... si el amor es un milagro y yo ya lo he vivido más de una vez... ¿tendré oportunidad de volver a experimentar ese milagro en algún momento cercano?

Quiero seguir creyendo que así será...

Monday, July 09, 2007

Inteligencia emocional

Hace unos días compré este libro pues he escuchado mucho hablar de él, aunque todavía no he tenido tiempo de leerlo. En la carátula, debajo del título, se lee: "Por qué es más importante que el cociente intelectual".
¿Por qué? Aún no lo leo pero creo que tengo una vaga idea del por qué... Hará unas dos semanas que en la serie Desperate housewives, una de las protagonistas, Susan (una torpe y romántica madre soltera) trataba de proteger a su hija de enamorarse de un tipo que le rompería el corazón. La muchacha le preguntó: "tú siempre has dicho que soy muy inteligente, ¿por qué ahora no confías en mi juicio?"
Susan miró con ternura a su hija y le respondió: "Cariño, la inteligencia no tiene nada que ver con los sentimientos."
¡Sopas! Duro y a la cabeza. La historia de mi vida. Tras escuchar, en los últimos días, halagos hacia mi persona y releer mi propia cronología del corazón, me queda clarísimo que mi problema es que no he sido capaz de unir la inteligencia con los sentimientos. Es más, no he podido siquiera conseguir que mis sentimientos tengan un poquito de sesos. Y ahí es donde vengo perdiendo desde que tenía cinco años y descubrí, por primera vez, cómo se sentía cuando un chico te gusta.
Ya desde niña me paralizaba. Ya desde niña estaba marcada...
Ahora, tras veintemil desencantos amorosos y una responsabilidad para toda la vida, me la pienso dos veces o hasta más, antes de volcar mis emociones en un nuevo príncipe Encantador fugaz. Y así, me descubro atorada en un momento emocional que debió haber pasado hace mucho tiempo.
Releyendo las cronologías caí en la cuenta de lo enamoradiza que siempre he sido, al grado de sentir algo por dos personas en un mismo momento. Y, sin embargo, hace ya tres años que me anclé a un fantasma virtual. Y pienso que seguramente no lo suelto por temor de hacerme nuevamente a la mar. Creo que no quiero correr el riesgo de naufragar otra vez...
Y mi temor radica, precisamente, en mi nula habilidad para seleccionar adecuadamente a quien de verdad me quiere, y me voy con el que mi corazón quiere, aunque no sea el que más me conviene, sino todo lo contrario...
Así, pues, me daré el tiempo y la oportunidad para leer el afamado libro de Goleman, y veremos si hay alguna esperanza para esta alma en pena...

Wednesday, July 19, 2006

Cronología del corazón, parte 2

Existe en la blogósfera otro blog titulado Fuera de lugar (http://fueradelugar.blogspot.com)... de hecho, se creó apenas cuatro días antes que el mío -y por cuatro días no tengo el url original, ¡aargh!. Está dedicado a la poesía y su slogan dice así: el vaciado emocional necesario del que se encuentra siempre fuera de lugar.
Además del trabajo, no había querido continuar la cronología sentimental de mi vida pues la segunda parte habla de aquéllos que me dejaron experiencias más reales, memorias más duraderas, dolores más recientes, sentimientos más cercanos aún... Sin embargo, siento que no podré avanzar hasta no concluir la crónica, por lo que, aprovechando que necesito un break laboral, y a petición de mis dos más asiduos lectores, continuaré con el vaciado emocional del eterno extranjero de mi corazón.
Casi a los 18, durante la preparatoria, conocí a L: alto, delgado, extrovertido, de labios gruesos (no sé por qué siempre me han gustado de labios gruesos si los míos son tan delgaditos). Fuímos amigos durante meses y así supe que tocaba la guitarra y que era un joven de familia, bien portado. No recuerdo cuándo, ni cómo, se dio el flechazo. Pero me acuerdo que llegó a mi fiesta de cumpleaños con pupilentes azules y causó sensación entre mis amigas... y eso no me agradó del todo.
Estuvimos juntos alrededor de cuatro años, lapso en el que subí hasta el cielo y bajé hasta el infierno. Con él conocí el amor y la entrega, fue la primera vez que pensé en el matrimonio. Me llevó serenata y me apoyó durante mucho tiempo, hasta que los objetivos personales de cada uno fueron haciendo cada vez más notorio que caminábamos en direcciones opuestas. Así, conocí también el dolor del desamor, de los celos, la desesperación de querer estar con alguien a sabiendas de que eso implicaba dejar muchas cosas que me definían... al final, con lo difícil que fue, reconocí que no podría apartarme en realidad de mis principios, mis convicciones y mi esencia. Siempre supe, en el fondo, que no estábamos destinados a casarnos, lo que cada quien esperaba entonces de la vida en pareja era diametralmente opuesto... lo sabía, pero vaya que fue muy duro aceptarlo.
Estuve un tiempo sola, hasta que D reapareció en mi camino. Fue confuso y masoquista, porque yo involucré mis sentimientos pero él no, y yo lo sabía. Con todo, no pude cortar ese lazo hasta que conocí a B, a los 23 años. Nunca olvidaré la fecha: 12 de junio de 1999. Una prima me dijo que estaba segura que algo se daría entre nosotros, o que al menos seríamos buenos amigos. No se equivocó, hasta la fecha B y yo seguimos siendo amigos, pero casi no lo veo porque cuando lo hago me vuelven los sentimientos.
La primera vez que lo ví fue en un bar en San Ángel. Estaba en las escaleras, vistiendo pantalón de mezclilla, playera roja y chamarra café. Su cabello lacio, con el corte que tanto me gusta en los hombres desde que estaba en la primaria, cejas arqueadas, mirada transparente y un lunar en la nariz. Esa noche hubo un clic, bailamos juntos una rola de la Onda Vaselina (que ahora me lo recuerda, desde que él me dijo que cuando la escucha se acuerda de mí) y a la semana de salir ya éramos novios. Duró apenas un mes pues yo aún no sanaba mi corazón de la relación con L, y B también tenía sus conflictos con los que lidiar, pero hasta la fecha lo quiero mucho.
Hacia finales de año, celebrando la llegada del 2000 en Acapulco, conocí al que ahora recuerdo como mi amor de verano -aunque en realidad fue de invierno-: M, de rasgos físicos muy parecidos a los de B, pero de piel apiñonada y cabello oscuro. Fue solo un flirteo de vacaciones que se quedó con las ganas de más, pero besaba muy rico... Digamos que, después de algunas relaciones fallidas, ligarme a alguien que me gustaba me devolvió la confianza, jejeje.
En esas estaba cuando conocí al papá de mi niña. Lo ví una vez que fui con una prima a un bar donde él trabajaba, unas semanas después de cumplir los 24. Estaba sentado solo, con una expresión de profundo desasosiego que me llamó la atención. Una semana después volví y nos conocimos. Empezamos a salir y a las dos semanas ya éramos inseparables. Él, pintor, yo, escritora; era todo lo que necesitábamos para que nuestra esencia bohemia echara a volar. Pasamos muchas tardes felices, él, concentrado en su arte y yo, leyendo. Y también nos gustaba escapar los fines de semana... para ser honestos, creo que nos gustaba vivir escapando de la realidad. Lo duro fue cuando tuvimos que enfrentarla y lidiar con ella, no salimos bien librados. Con todo, fue bueno mientras duró y me queda lo mejor que he hecho en mi vida, Valeria. Me da gusto que haya sido él pues mi hija, tal como es, es resultado de lo que tuvimos.
Casi al año de separarnos, a mis 28, durante un viaje de trabajo conocí a J, un colombiano que me robó el corazón. A estas alturas de la lectura ya se habrán dado cuenta que mi loco corazón decide por sí mismo a quien se entrega, cuándo y cómo. Sin embargo, nunca creí involucrarme en algo como lo que tuve con J. Nos vimos solo dos días, pero empezamos a escribirnos mails esporádicamente y tiempo después intercambiamos cuentas de messenger. De pronto nos enfrascamos en una bizarra relación por internet, con citas para chatear y llamadas telefónicas.
A pesar de la distancia parecía haber una conexión especial, pero bien dicen que santo que no es visto no es adorado. Dos veces estuve a punto de viajar a Colombia, pero por angas o por mangas -y por mucha cobardía- no lo hice... aunque él tampoco vino a México. Y así como empezó, se terminó. Las cosas se fueron enfriando, literalmente nos fuimos distanciando y para mí se hizo muy difícil vivir sientiéndome patética por tener una especie de noviazgo por internet. Vamos, si han leído mi blog, sabrán que para inventar historias me pinto sola; no me hacía bien que alguien a miles de kilómetros me alimentara la fantasía. Así, pues, una carta a finales de abril marcó el desenlace...
Finalmente, a los 30, me descubro fascinada por personajes que la gente suele tachar de malos o conflictivos, pero que en realidad son incomprendidos sociales y víctimas de sus circunstancias, como El Fantasma de la Ópera, Juan del Diablo (de la telenovela Corazón Salvaje), el Zarco (de la novela de Ignacio M. Altamirano), Aragorn (de El señor de los anillos), Russel Crowe en Gladiador y hasta Orlando Bloom en el papel de William Turner en Los Piratas del Caribe.
Ni hablar, siendo así entiendo que mi futuro emocional no es muy promisorio en cuanto a estabilidad se refiere, motivo por el cual seguramente ahora guardo mi corazón de emociones que lo pueden llevar a la quiebra emocional, sobre todo cuando tengo una hija que proteger... Y me digo que ya llegará el bueno, a su tiempo.
Mientras tanto, seguiré viviendo con los piratas, los gladiadores, los revolucionarios y los fantasmas en mi cabeza.

Wednesday, July 12, 2006

Cronología del corazón, parte 1

A los seis años, mi mamá me explicó que cuando se sienten maripositas en el estómago, la piel se torna roja y uno no puede hablar en presencia de un niño del sexo opuesto, es que el muchachito en cuestión te gusta. Esa fue la primera vez que supe que alguien me gustaba, y creo que fue un momento decisivo en mi vida sentimental. JG era un niño delgado, de piel blanca, cabello lacio y oscuro, usaba lentes y tenía algún problema nasal, por lo que se la pasaba -literalmente- sorbiendo el moco; pero a mi me gustaba, y mucho, al grado de que no podía yo articular frases coherentes frente a él. Siempre creí que yo no le gustaba, pero hacia el final de la primaria, días antes de terminar el ciclo escolar, me defendió de un niño que se la pasaba molestándome (años después entendí que me molestaba porque yo le gustaba). Regresando de vacaciones me enteré de que se había ido con su familia a Chile... mi héroe se había ido y no pude siquiera despedirme de él.
De forma paralela a mi atracción por JG, me sentía atraída por un vecino, un año menor que yo. Tenía rasgos físicos similares a los de mi compañero de clases, con la diferencia de que él no usaba lentes y era más bien rubio con tez apiñonada. Durante casi once años fue mi amor platónico, y de ahí nunca pasó. Pero por él yo era capaz de... bueno, pensándolo bien, no de mucho, porque también me invadían los nervios cuando lo tenía cerca. Sin embargo, muchos de mis recuerdos de la infancia y los inicios de mi adolescencia van ligados a lo que sentía por él. Una ocasión, jugando a la botella con los vecinos, tuve la oportunidad de besarlo en los labios, pero la dejé pasar por miedo, por nervios... ese hubiera sido mi primer beso, y parte de mi futuro sentimental se definió en el momento en que me negué a besar al niño de mis sueños frente a todos los presentes.
A los catorce tuve mi primer novio, quien me enseñó lo baboso que puede ser un beso. Era primo de un vecino y vivía en Veracruz, así que a los pocos días se fue y pasó un mes antes de que me llamara. A esas alturas, yo había dejado de considerarlo mi novio.
El primer amor llegó casi a los 16, y fue de esos que nunca se olvidan. Lo quise mucho, y lo lloré mucho también. Fue el primero que presenté oficialmente a mis papás, aunque por cosas de la vida y lo jóvenes que éramos, lo nuestro pasó por momentos difíciles que no pudimos superar. Le escribí poemas y, por primera vez, sentí el deseo de hacer algo más que besar a alguien... aunque no lo hice. P era moreno, de cabello lacio y oscuro, de labios gruesos y sonrisa torcida que me provocaba un vuelco en el corazón. Ahora lo recuerdo con mucho cariño pero, ¡Dios, cómo le sufrí entonces!
Los vaivenes de la vida quisieron que mi siguiente novio fuera conocido de P, quien nos descubrió en un café antes de haber terminado oficialmente nuestro noviazgo... por tercera ocasión. El muchacho por el que dejé a P era rubio, de piel blanca, muy alto, cabello lacio... pero justo al mes de andar, C me dejó por una chava de la prepa, conocida por su pésima reputación. Eso fue a principios del ciclo escolar. El resto del año la pasé dándome de topes por haber dejado a quien parecía quererme -aunque no estaba cuando lo necesitaba- y teniendo que aguantar el espectáculo de C besándose (y más) con su novia, a plena vista de todos.
Me ayudó en el proceso de olvidar un compañero chaparrito y muy jovial, conocido en la preparatoria por ser todo un don Juan, a pesar de tener una novia muy bonita con la que se peleaba a cada rato, como consecuencia de sus conquistas. En una de esas rupturas, se fijó en mí. Como yo no quería nada serio, accedí... duramos casi dos semanas de novios, todo un récord en su historial, jejeje, pero cuando me percaté que mi tonto corazón se andaba clavando, decidí terminarlo. Él se consoló con su novia de siempre y yo seguí adelante.
Un par de amores platónicos rescataron mi corazón de la tristeza en esas épocas. D, por un lado, y F, por el otro. D era alto, flaco, moreno, de cabello lacio y oscuro, usaba lentes y siempre vestía bien; se sentía seguro de sí mismo, a pesar de no ser un adonis, y me sentía muy atraída por él. Pero pertenecíamos a un grupo muy cerrado de amigos y yo sabía dónde estaban sus intereses en verdad.
F tenía novia desde que lo conocí con su sonrisa franca y sus ojos verdes, pero me gustaban su carácter, sus pecas y su ternura. Lo admiraba mucho y sufría por no poder estar con él, por lo que mi pluma se inspiró y le dedicó algunos poemas, al igual que a D.
Hasta aquí, mi vida sentimental había sido un desastre, pero yo estaba lejos de imaginar que estaba cerca de conocer alguien que cambiaría el rumbo de mi vida, en muchos sentidos...