A un año del sismo de 2017 mi corazón no se ha repuesto del todo.
El susto que me llevé ese martes no se ha ido. Cada vez que escucho una alarma mi corazón brinca. Y me refiero a cualquier alarma: la de un auto, la de una casa, la sirena de una patrulla que se enciende de repente, o incluso las bocinas de los camiones. Por un segundo, el vello de la piel se me eriza y todos mis sentidos están alertas para reconocer si se trata de la alerta sísmica o no. Tan pronto mi cerebro registra que no se trata de la alerta sísmica, mi corazón recupera el paso, mi respiración brevemente interrumpida retoma el ritmo y mis sentidos vuelven a concentrarse en lo que estaba haciendo.
Y es que el 19 de septiembre de 2017 no solamente removió el suelo en el que vivo, sino que zarandeó lo más profundo de mi ser...
Hasta ese día, mi forma de ver y enfrentar los temblores era muy simple. Yo era tan chica en 1985 que realmente no experimenté el miedo en ese entonces. El primer sismo, de hecho, no supe qué estaba pasando: mi mamá me sacó del baño, donde me estaba peinando para ir a la escuela, y me llevó junto a ella, debajo de una columna de la casa. Ahí fue cuando entendí que ese movimiento del edificio no era bueno.
Pero más allá de eso, no entendí más. La zona donde yo vivía no fue afectada y para mí la vida seguía normal, salvo por la falta de clases durante varios días. Veía en las noticias que se habían caído muchos edificios y que mucha gente quedó atrapada en ellos, pero no eran mi gente, no los conocía. Sí, estaba impactada, pero no era algo que permeara mi piel.
Mi mamá todos los días llevaba café y sándwiches para los rescatistas. Mis hermanos y yo le ayudábamos a preparar los sándwiches y yo admiraba lo que hacía, pero no lo entendía. En ese entonces solo tenía 9 años y la única forma de saber lo que pasaba era viendo la televisión, pero yo vivía en un condominio donde los niños salíamos a jugar al patio, así que las referencias negativas del terremoto las tuve hasta que regresamos a clases y supe que algunos compañeros perdieron a familiares o amigos. Fue entonces cuando supe que el suceso había sido más cercano de lo que yo lo percibía...
Los simulacros empezaron poco después de eso. De alguna forma, el comprender lo que un sismo era capaz de hacer generaba un flujo de adrenalina cada vez que sonaba la campana, la chicharra o el silbato de los simulacros.
Años después se instauró oficialmente la alerta sísmica. Para ese entonces ya me había tocado vivir algunos otros sismos, no tan fuertes como el del 85, pero ya sabía de lo que era capaz la naturaleza. Sin embargo, con el tiempo se fue diluyendo el temor. Con las redes sociales se popularizaron los "memes" y después de cada sismo -que hasta ese entonces no había causado daños en la ciudad- se compartían imágenes de bolillos o chistes para aligerar el susto.
Eso hicimos después del sismo de 8.2 la noche del 7 de septiembre de 2017, con epicentro en Oaxaca. En ese estado se cayeron muchas casas, hubo gente muerta y muchas personas perdieron su patrimonio, pero en el DF no pasó nada, así que seguimos adelante, enviamos ayuda y ya. Nadie sabía lo que pasaría un par de semanas después...
Apenas dos horas después del mega simulacro de todos los años para recordar los sismos de 1985, sin aviso, el suelo se movió de una forma aterradora.
Un crujir de la ventana, mi perra se levantó rápidamente del sillón donde estaba, ladró a la ventana, e inmediatamente después el edificio empezó a zarandearse con fuerza. Descalza como solía estar, apenas pude dejar la computadora de lado para correr por la correa de mi perra, ponérsela rápidamente mientras veía cómo una lámpara se caía al piso, y salir corriendo por las escaleras. Mientras aún bajaba los escalones, pidiéndole a Dios que nos protegiera, escuché el sonido de cristales quebrándose y en cosa de segundos pasó por mi mente la posibilidad de que fueran las ventanas rompiéndose porque el edificio se iba a caer... Nunca había tenido tanto miedo como en esos segundos en los que pensé que el edificio se me vendría encima. Si algo no he podido superar, es esa sensación que me invadió en esos pocos segundos, hasta que conseguí salir del edificio y ponerme a salvo con mi perra, donde me arrodillé y le pedí a Dios que cuidara a mi hija, a mi hermana y su familia. Por sobre el ruido de los gritos y la alerta sísmica, escuchaba claramente el rugido de la tierra... un sonido que tuve en mis oídos durante meses, claro y vívido.
Cuando el piso dejó de moverse encargué mi perra con un vecino y subí corriendo por mis gatos y mi teléfono celular. Solo encontré dos gatos y no quería arriesgarme buscando a los otros. Tomé el pet taxi, mi celular y bajé corriendo otra vez, descalza.
Así, descalza, estuve en el patio mientras revisábamos que los edificios no hubieran sufrido daño y nos cerciorábamos de que era seguro volver a entrar a los departamentos. Fue hasta que volví a entrar que me di cuenta que el sonido de cristales rompiéndose se debió a un florero que se cayó de la parte superior de mi vitrina. Tal vez si lo hubiera sabido no hubiera estado con el alma en un hilo, pero no lo supe y el susto que me llevé ya nada lo puede cambiar.
Dejé a mi perra y los gatos, me calcé unos tenis y salí corriendo por mi hija. Ya la ciudad era un caos. Ya sabíamos que algunos edificios se habían caído, pero yo confiaba todavía en que se tratara de edificios viejos. Buena sorpresa nos llevamos los ciudadanos cuando nos enteramos de que varios de los edificios caídos eran recientes. No deberían haberse caído. En una ciudad con alta actividad sísmica, donde existen lineamientos estrictos de construcción en este sentido, no se justifica que las nuevas construcciones se caigan en un sismo.
Mi hija era un mar de llanto cuando llegué por ella. Se asustó por la experiencia pero estaba más preocupada por mí. Nos abrazamos y lloramos. Y regresamos caminando a la casa, escuchando a voces cortadas más malas noticias. Encendimos la tele y empezamos a ver las imágenes de los edificios caídos. Dado que el condominio está en la misma cuadra del Hospital Adolfo López Mateos, el sonido de sirenas de patrullas, ambulancias y helicópteros sobre volando la zona fue constante desde ese momento y durante los días siguientes.
Aunque la tarde del 19 y el 20 preparamos tortas y sándwiches para llevar al hospital, la noche del 20 nos dijeron que la emergencia era mayor en otros hospitales y que ya no necesitaban ayuda ahí, así que el 21, después de pasar dos noches de poco sueño, interrumpido constantemente por las alarmas y sirenas, decidimos empacar y venir a Satélite unos días.
Aún recuerdo el llanto que solté cuando pensé que tenía que regresar a la Ciudad de México, porque mi hija debía volver a clases. Entonces me dí cuenta de que no estaba lista para volver al departamento.
Finalmente tuvimos que volver y seguir nuestra vida. Yo se que el edificio no se dañó. Se que el condominio resistió los movimientos telúricos de 1985 y ese sismo de 2017, sabía que el edificio no se caería, pero el susto que viví no lo podía superar...
Aún hoy, un año después, mi perspectiva de los temblores es muy distinta a la que tenía antes del 19S 2017. Yo solía decir que si temblaba en la noche, no me levantaba de la cama por un sismo menor de 6.5 grados. Hoy salgo corriendo cada vez que escucho la alerta sísmica sin esperar a ver qué tan fuerte viene el sismo; ya entendí que si viene fuerte, no habrá tiempo suficiente para abandonar el edificio.
En los meses posteriores no pude conciliar bien el sueño. Cualquier crujido de ventana me recordaba inmediatamente el sonido que escuché justo antes de que empezara el terremoto y me quitaba el sueño. Y de día estaba siempre alerta. El sonido del rugido de la tierra no se iba de mi mente...
Uno de los tantos motivos que tuve para mudarme fue dejar atrás el temor a los sismos. Y aún estando acá en Satélite he pasado sustos al escuchar las bocinas de los camiones lejanos que me recuerdan la alerta sísmica o por las alarmas de los autos y camionetas que se estacionan cerca de la casa.
El 19 de septiembre de 2017 fue una buena zarandeada. Cambió mi vida. Y nunca podré reaccionar de la misma forma a una alarma. Y así como yo, miles de ciudadanos que hace un año entendimos que las fuerzas de la naturaleza son devastadoras, llegan sin previo aviso y te dejan completamente indefenso y vulnerable.
La revoltura de ideas, emociones y sentimientos de alguien que vive, eternamente, con los pies en la tierra pero la cabeza en las nubes...
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Saturday, September 29, 2018
Saturday, October 24, 2015
Internet de las cosas... o la antesala para Terminator Génesis
Acabo de ver "Terminator Genisys", la quinta entrega de la saga Terminator. Muy buena. Definitivamente hecha para los seguidores de la saga pues está plagada de referencias a las primeras tres películas; si no las han visto, probablemente no entiendan a detalle todo lo que sucede en este filme.
Tengo que decir algunas cosas que me vienen a la cabeza, pero seguramente haré varios spoilers de la película, así que si no la han visto y piensan hacerlo, tal vez les conviene no leer lo que escribiré... o léanlo, bajo su propio riesgo ;)
Para empezar, la trama obliga a estar atento a lo que sucede, porque además de que va hilando lo que pasa con la historia de la primera película y con el robot de mercurio de la segunda, hay que poner atención a los personajes que resurgen, a los brincos y las nuevas líneas de tiempo, y a cómo estas tangentes generan historias alternas.
Es interesante el planteamiento de que todos los cambios en la historia original van motivando a las máquinas a viajar cada vez más temprano en la historia, al punto de querer matar a Sarah Connor cuando era sólo una niña. A partir de ese momento, la historia que vemos ya no es la misma del primer filme; todo lo que vemos es una línea alterna: la misión de Kyle Reese ha cambiado, Sarah no es una mujer indefensa a la que hay que rescatar... y no está dispuesta a dejarse embarazar para convertirse en una madre-soltera-guerrera.
Nuevos sucesos inesperados introducen otros giros en el tiempo, modificando aún más la historia original, en donde la única constante es Arnold Schwarzenegger como el guardián de Sarah, con la programación intacta para protegerla a toda costa.
En un momento dado, regresan al punto decisivo de la tercera película, en donde deben detener a Skynet antes de que detone el Día del Juicio y elimine a la mitad de la población del mundo. Es aquí cuando se dan cuenta de que la creciente conectividad ha permeado el ambiente propicio para Skynet: Todo está conectado. Dispositivos electrónicos como celulares, tabletas, módems, ruteadores, electrodomésticos, anuncios espectaculares... todo se comunica por medio de lo que hoy conocemos como el Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT) en una red cada vez más grande, más compleja, donde las fronteras se diluyen y donde todo lo que hacemos puede ser monitoreado y utilizado.
Yo escribo de esto. De eso se trata mi trabajo: dar a entender cómo es que todo lo que hacemos en línea, con cada uno de los dispositivos que se pueden conectar a internet, genera datos; y cómo estos datos que generamos pueden transmitirse -aún sin nuestro consentimiento- de un lugar a otro, cómo los anunciantes utilizan esta información para perfilarnos y ofrecernos publicidad que nos interese, pero también, cómo están expuestos nuestros datos personales a cualquiera que pueda hilar líneas de código adecuadas para obtener estos datos y usarlos para su beneficio.
Siempre que asisto a una conferencia sobre los avances en el internet de las cosas, la misma inquietud me asalta: ¿y dónde queda la privacidad en un mundo interconectado?
Se que la conectividad tiene sus beneficios. Los hogares inteligentes son una muestra de ello (y de pereza extrema, en mi opinión...). Como se aprecia en la imagen de abajo, un hogar conectado permite controlar la iluminación de las habitaciones, el sistema de alarmas, el acceso a internet desde la televisión, las persianas, el aire acondicionado, y yendo un poco más lejos, la cafetera y el inventario del refrigerador.
Yo considero que, a menos que padezcas alguna discapacidad, tener toda tu casa conectada es demasiado. Sin embargo, los ejecutivos de alto nivel pueden requerir no solamente estas ventajas de conectividad en su casa, sino también en su empresa. Y pueden necesitar acceso a los datos conectados entre su casa y su empresa... y su coche, y el avión, y el barco. Y de ahí pasamos a otro concepto, más amplio aún: el Internet de Todo (Internet of Everything, IoE).
¿Se imaginan la cantidad millonaria de datos que se generan cada segundo? ¿Y de qué forma se relacionan estos datos con miles de dispositivos? Yo he visto gráficos. Es impresionante. No hay forma de manejar tantos números en nuestra cabeza. Por eso las máquinas se vuelven cada vez más importantes. No es sólo un tema de precisión, como en las líneas de ensamble de las armadoras, es un tema de manejo de datos... de miles de millones de datos que deben ser procesados instantáneamente, y de decisiones que se deben tomar en el momento.
Ahí es donde la Inteligencia Artificial ocupa cada vez más un espacio importante en el desarrollo de sistemas de cómputo: se les programa para procesar información y tomar decisiones con base en políticas establecidas... en pocas palabras, se les da libertad de acción a las máquinas.
Y definimos nuestras actividades con base en la información que compartimos con los dispositivos, y confiamos nuestra seguridad a los niveles de privacidad que establecemos en las aplicaciones que usamos. Pero, a final de cuentas, nuestros dispositivos siguen conectados a internet, susceptibles de que alguien más tome control de ellos y haga con nosotros conforme le parezca.
Porque yo no creo en el futuro donde los robots se rebelen, como en Terminator o Yo Robot, o incluso en Los Avengers, era de Ultrón. Yo estoy convencida de que las máquinas son, a final de cuentas, máquinas, y reaccionan conforme a la programación que han recibido, y sus decisiones se relacionan con los datos de los que se han alimentado. El núcleo informático de Resident Evil elimina a la población humana del laboratorio ante la dispersión del virus, como parte de un protocolo que ya tenía en su programación.
No, yo no creo en una rebelión de las máquinas. Pero estoy segura de que siempre habrá grupos de seres humanos dispuestos a utilizar los sistemas a su favor. Yo más bien temo un futuro como el que se plantea en Minority Report: un mundo en donde las grandes ciudades estén completamente interconectadas, donde los Gobiernos y agencias policiales tengan acceso a toda nuestra actividad en y fuera de línea, donde no haya secretos, donde con sólo pisar un centro comercial un escáner nos reconozca y nos envíe información de ofertas, donde existan bases de datos con nuestras huellas dactilares, nuestra información bancaria y de salud... Ese mundo sí me atemoriza, porque es un mundo en el que estamos completamente expuestos.
Y la verdad es que ya no estamos lejos de ese futuro. Nada lejos...
Como bien dice Colin Farrel en Minority Report, cuando intenta encontrar a Tom Cruise: las máquinas no se equivocan, los humanos sí. Aunque a veces no es un error de programación, sino una programación maliciosa con toda la intención.
Por lo que a mí respecta, la saga de Terminator es muy buena -con excepción de la actuación del tipo que hizo de John Connor en la tercera película... patético. Y aunque no me creo que las computadoras adquirirán conciencia de sí mismas y se levantarán en armas para eliminar al ser humano, la verdad me entretienen bastante sus premisas y la historia.
Volviendo a Terminator Genisys, es interesante el planteamiento que hacen al convertir al mismísimo John Connor en una especie de cyborg (lo siento, advertí sobre los spoilers); un sistema cibernético completamente alojado en un organismo humano. Es algo parecido a la premisa que en las series de Transformers se usó para justificar cómo dejaron de utilizar objetos inanimados y empezaron a habitar en seres vivos, creando una nueva generación de Transformers como organismos cibernéticos.
Al pasar por tantos cambios en la historia, las máquinas finalmente deciden terminar el problema desde la fuente. Tratar de matar a Sarah no ha funcionado; cada vez que lo intentan, Kyle la protege, se enamoran, ella queda embarazada y nace John. Y encima ahora está el robot guardián. No. Para acabar con el conflicto, tal vez sea necesario llegar a la misma fuente del problema y cambiarlo a tu favor. Así, John Connor se convierte en el ultimate terminator, la más avanzada generación de cyborgs, encargado de preservar él mismo la supervivencia de Skynet.
El final queda abierto a una nueva entrega de la saga. Aunque, si bien Kyle y Sarah se quedan juntos, no necesariamente implica que procrearán a un John Connor. "El futuro no está escrito, lo haces tú." Sí, así como el doctor Emmet Brown le dijo a Marty McFly al final de Volver al Futuro.
Será interesante ver qué sigue, qué giro tomará esta historia alterna que han creado al detener a Skynet antes del Día del Juicio y cómo eso afectará al futuro de una Sarah y de un Kyle que se están forjando un nuevo destino, uno donde él no muere y donde tal vez, sólo tal vez, no haya un John Connor...
Tengo que decir algunas cosas que me vienen a la cabeza, pero seguramente haré varios spoilers de la película, así que si no la han visto y piensan hacerlo, tal vez les conviene no leer lo que escribiré... o léanlo, bajo su propio riesgo ;)
Para empezar, la trama obliga a estar atento a lo que sucede, porque además de que va hilando lo que pasa con la historia de la primera película y con el robot de mercurio de la segunda, hay que poner atención a los personajes que resurgen, a los brincos y las nuevas líneas de tiempo, y a cómo estas tangentes generan historias alternas.
Es interesante el planteamiento de que todos los cambios en la historia original van motivando a las máquinas a viajar cada vez más temprano en la historia, al punto de querer matar a Sarah Connor cuando era sólo una niña. A partir de ese momento, la historia que vemos ya no es la misma del primer filme; todo lo que vemos es una línea alterna: la misión de Kyle Reese ha cambiado, Sarah no es una mujer indefensa a la que hay que rescatar... y no está dispuesta a dejarse embarazar para convertirse en una madre-soltera-guerrera.
Nuevos sucesos inesperados introducen otros giros en el tiempo, modificando aún más la historia original, en donde la única constante es Arnold Schwarzenegger como el guardián de Sarah, con la programación intacta para protegerla a toda costa.
En un momento dado, regresan al punto decisivo de la tercera película, en donde deben detener a Skynet antes de que detone el Día del Juicio y elimine a la mitad de la población del mundo. Es aquí cuando se dan cuenta de que la creciente conectividad ha permeado el ambiente propicio para Skynet: Todo está conectado. Dispositivos electrónicos como celulares, tabletas, módems, ruteadores, electrodomésticos, anuncios espectaculares... todo se comunica por medio de lo que hoy conocemos como el Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT) en una red cada vez más grande, más compleja, donde las fronteras se diluyen y donde todo lo que hacemos puede ser monitoreado y utilizado.
Yo escribo de esto. De eso se trata mi trabajo: dar a entender cómo es que todo lo que hacemos en línea, con cada uno de los dispositivos que se pueden conectar a internet, genera datos; y cómo estos datos que generamos pueden transmitirse -aún sin nuestro consentimiento- de un lugar a otro, cómo los anunciantes utilizan esta información para perfilarnos y ofrecernos publicidad que nos interese, pero también, cómo están expuestos nuestros datos personales a cualquiera que pueda hilar líneas de código adecuadas para obtener estos datos y usarlos para su beneficio.
Siempre que asisto a una conferencia sobre los avances en el internet de las cosas, la misma inquietud me asalta: ¿y dónde queda la privacidad en un mundo interconectado?
Se que la conectividad tiene sus beneficios. Los hogares inteligentes son una muestra de ello (y de pereza extrema, en mi opinión...). Como se aprecia en la imagen de abajo, un hogar conectado permite controlar la iluminación de las habitaciones, el sistema de alarmas, el acceso a internet desde la televisión, las persianas, el aire acondicionado, y yendo un poco más lejos, la cafetera y el inventario del refrigerador.
Yo considero que, a menos que padezcas alguna discapacidad, tener toda tu casa conectada es demasiado. Sin embargo, los ejecutivos de alto nivel pueden requerir no solamente estas ventajas de conectividad en su casa, sino también en su empresa. Y pueden necesitar acceso a los datos conectados entre su casa y su empresa... y su coche, y el avión, y el barco. Y de ahí pasamos a otro concepto, más amplio aún: el Internet de Todo (Internet of Everything, IoE).
¿Se imaginan la cantidad millonaria de datos que se generan cada segundo? ¿Y de qué forma se relacionan estos datos con miles de dispositivos? Yo he visto gráficos. Es impresionante. No hay forma de manejar tantos números en nuestra cabeza. Por eso las máquinas se vuelven cada vez más importantes. No es sólo un tema de precisión, como en las líneas de ensamble de las armadoras, es un tema de manejo de datos... de miles de millones de datos que deben ser procesados instantáneamente, y de decisiones que se deben tomar en el momento.
Ahí es donde la Inteligencia Artificial ocupa cada vez más un espacio importante en el desarrollo de sistemas de cómputo: se les programa para procesar información y tomar decisiones con base en políticas establecidas... en pocas palabras, se les da libertad de acción a las máquinas.
Y definimos nuestras actividades con base en la información que compartimos con los dispositivos, y confiamos nuestra seguridad a los niveles de privacidad que establecemos en las aplicaciones que usamos. Pero, a final de cuentas, nuestros dispositivos siguen conectados a internet, susceptibles de que alguien más tome control de ellos y haga con nosotros conforme le parezca.
Porque yo no creo en el futuro donde los robots se rebelen, como en Terminator o Yo Robot, o incluso en Los Avengers, era de Ultrón. Yo estoy convencida de que las máquinas son, a final de cuentas, máquinas, y reaccionan conforme a la programación que han recibido, y sus decisiones se relacionan con los datos de los que se han alimentado. El núcleo informático de Resident Evil elimina a la población humana del laboratorio ante la dispersión del virus, como parte de un protocolo que ya tenía en su programación.
No, yo no creo en una rebelión de las máquinas. Pero estoy segura de que siempre habrá grupos de seres humanos dispuestos a utilizar los sistemas a su favor. Yo más bien temo un futuro como el que se plantea en Minority Report: un mundo en donde las grandes ciudades estén completamente interconectadas, donde los Gobiernos y agencias policiales tengan acceso a toda nuestra actividad en y fuera de línea, donde no haya secretos, donde con sólo pisar un centro comercial un escáner nos reconozca y nos envíe información de ofertas, donde existan bases de datos con nuestras huellas dactilares, nuestra información bancaria y de salud... Ese mundo sí me atemoriza, porque es un mundo en el que estamos completamente expuestos.
Y la verdad es que ya no estamos lejos de ese futuro. Nada lejos...
Como bien dice Colin Farrel en Minority Report, cuando intenta encontrar a Tom Cruise: las máquinas no se equivocan, los humanos sí. Aunque a veces no es un error de programación, sino una programación maliciosa con toda la intención.
Por lo que a mí respecta, la saga de Terminator es muy buena -con excepción de la actuación del tipo que hizo de John Connor en la tercera película... patético. Y aunque no me creo que las computadoras adquirirán conciencia de sí mismas y se levantarán en armas para eliminar al ser humano, la verdad me entretienen bastante sus premisas y la historia.
Volviendo a Terminator Genisys, es interesante el planteamiento que hacen al convertir al mismísimo John Connor en una especie de cyborg (lo siento, advertí sobre los spoilers); un sistema cibernético completamente alojado en un organismo humano. Es algo parecido a la premisa que en las series de Transformers se usó para justificar cómo dejaron de utilizar objetos inanimados y empezaron a habitar en seres vivos, creando una nueva generación de Transformers como organismos cibernéticos.
Al pasar por tantos cambios en la historia, las máquinas finalmente deciden terminar el problema desde la fuente. Tratar de matar a Sarah no ha funcionado; cada vez que lo intentan, Kyle la protege, se enamoran, ella queda embarazada y nace John. Y encima ahora está el robot guardián. No. Para acabar con el conflicto, tal vez sea necesario llegar a la misma fuente del problema y cambiarlo a tu favor. Así, John Connor se convierte en el ultimate terminator, la más avanzada generación de cyborgs, encargado de preservar él mismo la supervivencia de Skynet.
El final queda abierto a una nueva entrega de la saga. Aunque, si bien Kyle y Sarah se quedan juntos, no necesariamente implica que procrearán a un John Connor. "El futuro no está escrito, lo haces tú." Sí, así como el doctor Emmet Brown le dijo a Marty McFly al final de Volver al Futuro.
Será interesante ver qué sigue, qué giro tomará esta historia alterna que han creado al detener a Skynet antes del Día del Juicio y cómo eso afectará al futuro de una Sarah y de un Kyle que se están forjando un nuevo destino, uno donde él no muere y donde tal vez, sólo tal vez, no haya un John Connor...
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Monday, August 08, 2011
Facebook en riesgo de hackeo masivo
Varios medios han dado a conocer un enlace de Youtube que al parecer fue originado por el grupo internacional de hackers Anonymous. En dicho video se difunde una amenaza-advertencia de este grupo de hackers en contra de Facebook.
Según el video, en cuestión de tres meses (el 5 de noviembre) Anonymous lanzará un ataque masivo a Facebook con la intención de derrumbarlo. Esto, dicen, debido a las constantes violaciones de seguridad de los usuarios y la insensibilidad de la empresa, que no ha modificado mucho sus políticas de privacidad aún después de que la página de su fundador fue hackeada.
Aunque millones de usuarios resultarán afectados al perder acceso a esta red social, el grupo aclaró que no es su intención molestar a los usuarios, sino terminar con un esquema que pone en peligro la información y seguridad de los mismos.
Los invito a leer el post completo y mis recomendaciones para quienes utilizamos esta red social en: http://voxpopuli-cibersecurity.blogspot.com
De ser cierta esta advertencia -y todo apunta a que lo es- debe tomarse muy en serio. El grupo no bromea con sus comunicados y ya han llevado a cabo ataques exitosos.
El video con la advertencia de Anonymous puede ser visto en Youtube desde la siguiente liga: http://www.youtube.com/watch?v=NBKyPoewSv0
Según el video, en cuestión de tres meses (el 5 de noviembre) Anonymous lanzará un ataque masivo a Facebook con la intención de derrumbarlo. Esto, dicen, debido a las constantes violaciones de seguridad de los usuarios y la insensibilidad de la empresa, que no ha modificado mucho sus políticas de privacidad aún después de que la página de su fundador fue hackeada.
Aunque millones de usuarios resultarán afectados al perder acceso a esta red social, el grupo aclaró que no es su intención molestar a los usuarios, sino terminar con un esquema que pone en peligro la información y seguridad de los mismos.
Los invito a leer el post completo y mis recomendaciones para quienes utilizamos esta red social en: http://voxpopuli-cibersecurity.blogspot.com
De ser cierta esta advertencia -y todo apunta a que lo es- debe tomarse muy en serio. El grupo no bromea con sus comunicados y ya han llevado a cabo ataques exitosos.
El video con la advertencia de Anonymous puede ser visto en Youtube desde la siguiente liga: http://www.youtube.com/watch?v=NBKyPoewSv0
Thursday, March 10, 2011
También aquí escribo...
Lean también mis actualizaciones en:
Security for Business, http://business-security.blogspot.com
Ciberseguridad para mortales, http://voxpopuli-cibersecurity.blogspot.com
Revista CIO México, sección CSO, http://www.cio.com.mx
Enfoque Seguro, http://enfoqueseguro.com
INNOVATI Educación, http://traininginnovati.blogspot.com
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