A un año del sismo de 2017 mi corazón no se ha repuesto del todo.
El susto que me llevé ese martes no se ha ido. Cada vez que escucho una alarma mi corazón brinca. Y me refiero a cualquier alarma: la de un auto, la de una casa, la sirena de una patrulla que se enciende de repente, o incluso las bocinas de los camiones. Por un segundo, el vello de la piel se me eriza y todos mis sentidos están alertas para reconocer si se trata de la alerta sísmica o no. Tan pronto mi cerebro registra que no se trata de la alerta sísmica, mi corazón recupera el paso, mi respiración brevemente interrumpida retoma el ritmo y mis sentidos vuelven a concentrarse en lo que estaba haciendo.
Y es que el 19 de septiembre de 2017 no solamente removió el suelo en el que vivo, sino que zarandeó lo más profundo de mi ser...
Hasta ese día, mi forma de ver y enfrentar los temblores era muy simple. Yo era tan chica en 1985 que realmente no experimenté el miedo en ese entonces. El primer sismo, de hecho, no supe qué estaba pasando: mi mamá me sacó del baño, donde me estaba peinando para ir a la escuela, y me llevó junto a ella, debajo de una columna de la casa. Ahí fue cuando entendí que ese movimiento del edificio no era bueno.
Pero más allá de eso, no entendí más. La zona donde yo vivía no fue afectada y para mí la vida seguía normal, salvo por la falta de clases durante varios días. Veía en las noticias que se habían caído muchos edificios y que mucha gente quedó atrapada en ellos, pero no eran mi gente, no los conocía. Sí, estaba impactada, pero no era algo que permeara mi piel.
Mi mamá todos los días llevaba café y sándwiches para los rescatistas. Mis hermanos y yo le ayudábamos a preparar los sándwiches y yo admiraba lo que hacía, pero no lo entendía. En ese entonces solo tenía 9 años y la única forma de saber lo que pasaba era viendo la televisión, pero yo vivía en un condominio donde los niños salíamos a jugar al patio, así que las referencias negativas del terremoto las tuve hasta que regresamos a clases y supe que algunos compañeros perdieron a familiares o amigos. Fue entonces cuando supe que el suceso había sido más cercano de lo que yo lo percibía...
Los simulacros empezaron poco después de eso. De alguna forma, el comprender lo que un sismo era capaz de hacer generaba un flujo de adrenalina cada vez que sonaba la campana, la chicharra o el silbato de los simulacros.
Años después se instauró oficialmente la alerta sísmica. Para ese entonces ya me había tocado vivir algunos otros sismos, no tan fuertes como el del 85, pero ya sabía de lo que era capaz la naturaleza. Sin embargo, con el tiempo se fue diluyendo el temor. Con las redes sociales se popularizaron los "memes" y después de cada sismo -que hasta ese entonces no había causado daños en la ciudad- se compartían imágenes de bolillos o chistes para aligerar el susto.
Eso hicimos después del sismo de 8.2 la noche del 7 de septiembre de 2017, con epicentro en Oaxaca. En ese estado se cayeron muchas casas, hubo gente muerta y muchas personas perdieron su patrimonio, pero en el DF no pasó nada, así que seguimos adelante, enviamos ayuda y ya. Nadie sabía lo que pasaría un par de semanas después...
Apenas dos horas después del mega simulacro de todos los años para recordar los sismos de 1985, sin aviso, el suelo se movió de una forma aterradora.
Un crujir de la ventana, mi perra se levantó rápidamente del sillón donde estaba, ladró a la ventana, e inmediatamente después el edificio empezó a zarandearse con fuerza. Descalza como solía estar, apenas pude dejar la computadora de lado para correr por la correa de mi perra, ponérsela rápidamente mientras veía cómo una lámpara se caía al piso, y salir corriendo por las escaleras. Mientras aún bajaba los escalones, pidiéndole a Dios que nos protegiera, escuché el sonido de cristales quebrándose y en cosa de segundos pasó por mi mente la posibilidad de que fueran las ventanas rompiéndose porque el edificio se iba a caer... Nunca había tenido tanto miedo como en esos segundos en los que pensé que el edificio se me vendría encima. Si algo no he podido superar, es esa sensación que me invadió en esos pocos segundos, hasta que conseguí salir del edificio y ponerme a salvo con mi perra, donde me arrodillé y le pedí a Dios que cuidara a mi hija, a mi hermana y su familia. Por sobre el ruido de los gritos y la alerta sísmica, escuchaba claramente el rugido de la tierra... un sonido que tuve en mis oídos durante meses, claro y vívido.
Cuando el piso dejó de moverse encargué mi perra con un vecino y subí corriendo por mis gatos y mi teléfono celular. Solo encontré dos gatos y no quería arriesgarme buscando a los otros. Tomé el pet taxi, mi celular y bajé corriendo otra vez, descalza.
Así, descalza, estuve en el patio mientras revisábamos que los edificios no hubieran sufrido daño y nos cerciorábamos de que era seguro volver a entrar a los departamentos. Fue hasta que volví a entrar que me di cuenta que el sonido de cristales rompiéndose se debió a un florero que se cayó de la parte superior de mi vitrina. Tal vez si lo hubiera sabido no hubiera estado con el alma en un hilo, pero no lo supe y el susto que me llevé ya nada lo puede cambiar.
Dejé a mi perra y los gatos, me calcé unos tenis y salí corriendo por mi hija. Ya la ciudad era un caos. Ya sabíamos que algunos edificios se habían caído, pero yo confiaba todavía en que se tratara de edificios viejos. Buena sorpresa nos llevamos los ciudadanos cuando nos enteramos de que varios de los edificios caídos eran recientes. No deberían haberse caído. En una ciudad con alta actividad sísmica, donde existen lineamientos estrictos de construcción en este sentido, no se justifica que las nuevas construcciones se caigan en un sismo.
Mi hija era un mar de llanto cuando llegué por ella. Se asustó por la experiencia pero estaba más preocupada por mí. Nos abrazamos y lloramos. Y regresamos caminando a la casa, escuchando a voces cortadas más malas noticias. Encendimos la tele y empezamos a ver las imágenes de los edificios caídos. Dado que el condominio está en la misma cuadra del Hospital Adolfo López Mateos, el sonido de sirenas de patrullas, ambulancias y helicópteros sobre volando la zona fue constante desde ese momento y durante los días siguientes.
Aunque la tarde del 19 y el 20 preparamos tortas y sándwiches para llevar al hospital, la noche del 20 nos dijeron que la emergencia era mayor en otros hospitales y que ya no necesitaban ayuda ahí, así que el 21, después de pasar dos noches de poco sueño, interrumpido constantemente por las alarmas y sirenas, decidimos empacar y venir a Satélite unos días.
Aún recuerdo el llanto que solté cuando pensé que tenía que regresar a la Ciudad de México, porque mi hija debía volver a clases. Entonces me dí cuenta de que no estaba lista para volver al departamento.
Finalmente tuvimos que volver y seguir nuestra vida. Yo se que el edificio no se dañó. Se que el condominio resistió los movimientos telúricos de 1985 y ese sismo de 2017, sabía que el edificio no se caería, pero el susto que viví no lo podía superar...
Aún hoy, un año después, mi perspectiva de los temblores es muy distinta a la que tenía antes del 19S 2017. Yo solía decir que si temblaba en la noche, no me levantaba de la cama por un sismo menor de 6.5 grados. Hoy salgo corriendo cada vez que escucho la alerta sísmica sin esperar a ver qué tan fuerte viene el sismo; ya entendí que si viene fuerte, no habrá tiempo suficiente para abandonar el edificio.
En los meses posteriores no pude conciliar bien el sueño. Cualquier crujido de ventana me recordaba inmediatamente el sonido que escuché justo antes de que empezara el terremoto y me quitaba el sueño. Y de día estaba siempre alerta. El sonido del rugido de la tierra no se iba de mi mente...
Uno de los tantos motivos que tuve para mudarme fue dejar atrás el temor a los sismos. Y aún estando acá en Satélite he pasado sustos al escuchar las bocinas de los camiones lejanos que me recuerdan la alerta sísmica o por las alarmas de los autos y camionetas que se estacionan cerca de la casa.
El 19 de septiembre de 2017 fue una buena zarandeada. Cambió mi vida. Y nunca podré reaccionar de la misma forma a una alarma. Y así como yo, miles de ciudadanos que hace un año entendimos que las fuerzas de la naturaleza son devastadoras, llegan sin previo aviso y te dejan completamente indefenso y vulnerable.
La revoltura de ideas, emociones y sentimientos de alguien que vive, eternamente, con los pies en la tierra pero la cabeza en las nubes...
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Saturday, September 29, 2018
Friday, July 27, 2018
Empacando mi historia
Más de la mitad de mi casa ya está empacada.
Muchos de los paquetes no irán conmigo a mi nueva casa. Algunos tienen cosas que no eran mías y ahora toca en turno que mi tía se haga cargo de las cosas de mi abuelita. Las cosas de mis hermanos se irán con mi papá. Mi hermana se ha llevado varias cosas de mi mamá y yo muchas otras. Pero al final hay un montón de cajas llenas de cosas mías que no he usado en años y seguramente no usaré, y que irán a parar con la señora que me ayuda con la limpieza.
Obviamente hay muchos papeles y cosas que ya son viejas o inútiles y han quedado en la basura. Las mudanzas siempre son una buena oportunidad para valorar lo que realmente tiene un valor, ya sea económico, sentimental o utilitario, y dejar ir todo lo que no aporta algo. Y en el proceso de empacado he tenido que soltar mucho.
Y de pronto, lo más duro, es cuando empiezo a ver el departamento vacío y me doy cuenta de que es la primera vez en toda mi vida que lo veo vaciarse...
Sí, a lo largo de mi vida me tocó ver familia entrar y salir; un montón de maletas, muebles y cajas llegaron y otros tantos se fueron, conforme los miembros familiares nos movíamos de lugar. Algunos regresamos y otros ya no. Y, tristemente, hace unos días me cayó el 20 de que tal vez esta sea la última vez que alguien de la familia ocupe este departamento, que fue nido y refugio de mi familia durante más de 50 años.
Algunas personas me preguntan si estoy nerviosa o con temor del futuro, pero no. Tengo bien claras las razones por las que dejo el departamento. Pero la tarea de ser yo quien vacíe el lugar, en preparación a una posible venta, no me tiene brincando de emoción.
Me gustaría tener la oportunidad de comprarlo, una vez que logre reunir la cantidad suficiente para dar el enganche y comprometerme con la hipoteca con el banco. A final de cuentas, ahorrar dinero para comprar algo propio es una de las razones por las que me voy, porque ya es hora de dejar de pagar renta y juntar para invertir en algo mío.
Sin embargo, el futuro es incierto y una vez que salga de aquí no sé qué pueda suceder. No sé cuánto tiempo me tome reunir la cantidad necesaria y no sé si alguien se presente antes con la posibilidad de comprar el depa de un jalón. Ni siquiera sé si terminaré comprando otra propiedad junto con mi futuro marido. Lo que suceda con el departamento ya no depende de mí --bueno, nunca tuve injerencia, pero ahora que mi mamá ya no está las decisiones corresponden totalmente a mis tías. Y si ellas deciden vender tan pronto arreglen el papeleo legal, yo no puedo hacer nada.
Tal vez esta salida sea la definitiva. Y eso me tiene triste...
Tantos recuerdos. Tantos años. Tanta vida. Y hoy está todo empacado en cajas y maletas. Y yo no me voy a llevar todas a mi nueva casa.
A veces siento que el dolor de dejar tanto atrás es más fuerte que las esperanzas y las ganas de comenzar algo nuevo. Y tal vez por eso es que hay quienes me preguntan si no estoy temerosa de dar este paso, si no es que quiero quedarme y no mudarme... Pero no, no es eso. Sí quiero hacer esto. Ansío mudarme y comenzar una nueva etapa, y conseguir los objetivos que nos hemos trazado. Sí lo quiero. Pero la despedida está resultando más grande, más fuerte y más difícil de lo que pensé...
No me queda más que apelar al espíritu fuerte y luchón de las mujeres de mi familia: mi abuelita y mi mamá, a quienes extraño hoy más que nunca con todo mi corazón.
Perdónenme por dejar atrás tantas cosas suyas que no puedo llevarme. Pero las llevo a ustedes siempre, a donde vaya, en mis recuerdos, en mi carne, en mis lágrimas, en mi cocina, en mis sueños, en mi cabeza y en mi alma.
Me voy del depa, pero parte de mi corazón se queda aquí. Para siempre.
Muchos de los paquetes no irán conmigo a mi nueva casa. Algunos tienen cosas que no eran mías y ahora toca en turno que mi tía se haga cargo de las cosas de mi abuelita. Las cosas de mis hermanos se irán con mi papá. Mi hermana se ha llevado varias cosas de mi mamá y yo muchas otras. Pero al final hay un montón de cajas llenas de cosas mías que no he usado en años y seguramente no usaré, y que irán a parar con la señora que me ayuda con la limpieza.
Obviamente hay muchos papeles y cosas que ya son viejas o inútiles y han quedado en la basura. Las mudanzas siempre son una buena oportunidad para valorar lo que realmente tiene un valor, ya sea económico, sentimental o utilitario, y dejar ir todo lo que no aporta algo. Y en el proceso de empacado he tenido que soltar mucho.
Y de pronto, lo más duro, es cuando empiezo a ver el departamento vacío y me doy cuenta de que es la primera vez en toda mi vida que lo veo vaciarse...
Sí, a lo largo de mi vida me tocó ver familia entrar y salir; un montón de maletas, muebles y cajas llegaron y otros tantos se fueron, conforme los miembros familiares nos movíamos de lugar. Algunos regresamos y otros ya no. Y, tristemente, hace unos días me cayó el 20 de que tal vez esta sea la última vez que alguien de la familia ocupe este departamento, que fue nido y refugio de mi familia durante más de 50 años.
Algunas personas me preguntan si estoy nerviosa o con temor del futuro, pero no. Tengo bien claras las razones por las que dejo el departamento. Pero la tarea de ser yo quien vacíe el lugar, en preparación a una posible venta, no me tiene brincando de emoción.
Me gustaría tener la oportunidad de comprarlo, una vez que logre reunir la cantidad suficiente para dar el enganche y comprometerme con la hipoteca con el banco. A final de cuentas, ahorrar dinero para comprar algo propio es una de las razones por las que me voy, porque ya es hora de dejar de pagar renta y juntar para invertir en algo mío.
Sin embargo, el futuro es incierto y una vez que salga de aquí no sé qué pueda suceder. No sé cuánto tiempo me tome reunir la cantidad necesaria y no sé si alguien se presente antes con la posibilidad de comprar el depa de un jalón. Ni siquiera sé si terminaré comprando otra propiedad junto con mi futuro marido. Lo que suceda con el departamento ya no depende de mí --bueno, nunca tuve injerencia, pero ahora que mi mamá ya no está las decisiones corresponden totalmente a mis tías. Y si ellas deciden vender tan pronto arreglen el papeleo legal, yo no puedo hacer nada.
Tal vez esta salida sea la definitiva. Y eso me tiene triste...
Tantos recuerdos. Tantos años. Tanta vida. Y hoy está todo empacado en cajas y maletas. Y yo no me voy a llevar todas a mi nueva casa.
A veces siento que el dolor de dejar tanto atrás es más fuerte que las esperanzas y las ganas de comenzar algo nuevo. Y tal vez por eso es que hay quienes me preguntan si no estoy temerosa de dar este paso, si no es que quiero quedarme y no mudarme... Pero no, no es eso. Sí quiero hacer esto. Ansío mudarme y comenzar una nueva etapa, y conseguir los objetivos que nos hemos trazado. Sí lo quiero. Pero la despedida está resultando más grande, más fuerte y más difícil de lo que pensé...
No me queda más que apelar al espíritu fuerte y luchón de las mujeres de mi familia: mi abuelita y mi mamá, a quienes extraño hoy más que nunca con todo mi corazón.
Perdónenme por dejar atrás tantas cosas suyas que no puedo llevarme. Pero las llevo a ustedes siempre, a donde vaya, en mis recuerdos, en mi carne, en mis lágrimas, en mi cocina, en mis sueños, en mi cabeza y en mi alma.
Me voy del depa, pero parte de mi corazón se queda aquí. Para siempre.
Tuesday, July 24, 2018
A volar
Así como para los pájaros es necesario migrar, abrir sus alas y volar, dejando atrás el nido que construyeron con esfuerzo, ha llegado la hora para que mi hija y yo dejemos la que ha sido nuestra casa en los últimos 9 años, más o menos.
Mis planes para vivir en pareja finalmente se concretan y estamos ya empacando todo, depurando cosas, tirando lo que no sirve, regalando lo que sí sirve pero ya no vamos a llevar con nosotras... vamos más ligeras en este viaje, para poder volar alto y alcanzar nuestras metas.
Y verdaderamente que las mudanzas sirven mucho para dejar atrás el lastre, para revisar lo que sirve y lo que ya no. Yo no quiero andar con toda la carga a cuestas, como caracol. Quiero llevar solo los recuerdos más preciados, las cosas más útiles, lo más importante...
Llevo a mi hija, mi perra, mis cuatro gatos, mis plantas y mis libros. Llevo los utensilios que utilizo para cocinar. Mis películas favoritas. Mi ropa y zapatos. Ya con eso soy afortunada porque llevo mucho más de lo que mucha gente alcanza a llevarse cuando se ve forzada a dejar su casa.
Con todo lo demás he tenido que ser muy crítica. Estoy regalando tanto que espero que sea de bendición para quienes sí lo van a usar.
Y aunque desprenderse es una tarea dura, sobre todo considerando que muchas cosas que tengo que dejar no eran mías, sino de mi mamá y mi abuelita, hay también emociones positivas: esperanza, amor y la ilusión de ahorrar dinero para comprar algo propio.
Sé que tenemos la bendición de Dios porque he sentido su mano protegiéndonos y proveyendo a lo largo de este recorrido. Y de Su mano espero seguir, cada uno de mis pasos, para que todo lo que suceda siga siendo bendecido por Él.
Mis planes para vivir en pareja finalmente se concretan y estamos ya empacando todo, depurando cosas, tirando lo que no sirve, regalando lo que sí sirve pero ya no vamos a llevar con nosotras... vamos más ligeras en este viaje, para poder volar alto y alcanzar nuestras metas.
Y verdaderamente que las mudanzas sirven mucho para dejar atrás el lastre, para revisar lo que sirve y lo que ya no. Yo no quiero andar con toda la carga a cuestas, como caracol. Quiero llevar solo los recuerdos más preciados, las cosas más útiles, lo más importante...
Llevo a mi hija, mi perra, mis cuatro gatos, mis plantas y mis libros. Llevo los utensilios que utilizo para cocinar. Mis películas favoritas. Mi ropa y zapatos. Ya con eso soy afortunada porque llevo mucho más de lo que mucha gente alcanza a llevarse cuando se ve forzada a dejar su casa.
Con todo lo demás he tenido que ser muy crítica. Estoy regalando tanto que espero que sea de bendición para quienes sí lo van a usar.
Y aunque desprenderse es una tarea dura, sobre todo considerando que muchas cosas que tengo que dejar no eran mías, sino de mi mamá y mi abuelita, hay también emociones positivas: esperanza, amor y la ilusión de ahorrar dinero para comprar algo propio.
Sé que tenemos la bendición de Dios porque he sentido su mano protegiéndonos y proveyendo a lo largo de este recorrido. Y de Su mano espero seguir, cada uno de mis pasos, para que todo lo que suceda siga siendo bendecido por Él.
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Thursday, June 21, 2018
Paren el mundo...
Aquí estoy, finalmente, después de 9 meses de mi última publicación. Intento soltar la musa aletargada que huye de mi creatividad desde hace meses...
Estaba tan contenta de que había logrado un ritmo constante en mis publicaciones en el 2016, y aunque el 2017 fue un año difícil esperaba retomar las cosas justo en septiembre, con aquél post sobre los consejos alimenticios para mis connacionales. Pero no esperaba la serie de eventos que se me vinieron encima, empezando por el que cimbró no solo mis bases, sino la tierra de los habitantes de la Ciudad de México y estados aledaños.
El sismo del 19 de septiembre fue una macro zarandeada. Nos tomó de sorpresa. Nos hizo recordar que ante la fuerza de la naturaleza es poco lo que podemos hacer, tal vez nada... Todos esos memes que solían hacernos reír después de cada temblor en otros lugares, que realmente no causaban daños en la Ciudad de México, ahora ya no eran graciosos.
Aún hoy, nueve meses después, se me encoge el corazón cuando paso al lado de algún edificio dañado que, milagrosamente, sigue en pie, pero está completamente deshabitado, cuarteado, quebrado... como un recordatorio viviente para las generaciones más jóvenes y aquéllos que ya habíamos olvidado cómo se sintió el sismo de 1985.
En ese entonces yo era muy chica, tenía 9 años y no sabía lo que pasaba. No tuve conciencia de la magnitud del movimiento telúrico hasta que vi las noticias. Pero, por lo mismo, después de 30 años ya no recordaba la intensidad del movimiento de los terremotos del 85 ni les temía tanto a los temblores. Incluso solía decir que por un sismo de menos de 6.5 grados no me levantaba de la cama.
El sismo del 2017 nos enseñó que los temblores no siempre vienen precedidos por una alerta sísmica, y que de la nada puede venir un temblor muy fuerte, tanto que no habrá ni 60 segundos para salir de casa y ponerse a salvo. Lo cierto es que desde septiembre cada vez que escucho la alerta el corazón me da un brinco y la adrenalina me hace salir corriendo de mi casa. Ya no me importa si el temblor viene leve o no, mejor me entero estando a salvo.
Fue tal el susto de la experiencia que mi hija y yo nos fuimos casi una semana, con todo y gatos y perra, a casa de mi novio. Con los meses hemos vuelto a la normalidad, pero nomás suena la alerta (o la alarma de un coche, o el claxon de un camión) nos brinca el corazón y hasta mi perra se pone a temblar de los nervios.
Pero después de esa zarandeada, el mundo siguió girando. Demasiado rápido para mi gusto :(
En el lado familiar, la salud de mi mamá iba de mal en peor. Cada vez más rápido, mi mamá pasaba de pensamientos positivos a sumirse en dolores cada vez más fuertes e insoportables. Y los medicamentos para el dolor poco le ayudaban. Ya había llegado al punto de consumir mariguana machacada para paliar el dolor...
Los gastos también se fueron incrementando, lógicamente.
En noviembre, mi mamá tuvo que ser internada de emergencia. Se salvó de milagro. Después de ver lo que sufrió todavía los últimos meses de su vida, hoy me pregunto si no hubiera sido mejor para ella morir ahí... pero Dios aún tenía planes para su vida. Mamá salió del hospital sin haber fumado 10 días. Y no volvió a hacerlo. Ella quería morir libre del cigarro, y así fue al final.
Cinco meses más vivió mi mamá. Cinco meses de gastos en aumento para mí, porque en ese momento las circunstancias familiares así se prestaron. Cinco meses de dolores en aumento para mi mamá. Cinco meses de esperanzas que se encendían y se apagaban, vacilantes entre las ganas de vivir de mi mamá y sus episodios de dolor que la hacían desear que todo terminara ya. Pasó de consumir la marihuana a fumarla; aunque era más rápido y efectivo, poco le duraba el gusto. Los dolores ya eran insoportables.
Ella partió la noche del 30 de abril de este año. Y aunque todos sabíamos que ella moriría, que esa enfermedad la estaba consumiendo por dentro y por fuera, que el lupus es una condena de muerte y que tarde o temprano se la llevaría, aún así el dolor de su partida nos quebró. Ella aún era joven. Recién había cumplido 64 años (yo todavía tuve la oportunidad de visitarla a principios de abril, con mi hija, para su cumpleaños) y sabiendo que mi abuelita vivió casi 92 años, es inevitable sentir que la vida de mi mamá terminó pronto.
Mayo pasó como un tornado.
Ha habido noticias buenas, pero ayudar a mi tía a que viaje a Estados Unidos para el trámite de su pensión de viudez implica un desembolso fuerte.
César y yo seguimos con los planes de vivir juntos y ya está todo enfocado a hacer la mudanza en julio. Mi hija ya está inscrita en una prepa en Satélite. Pero hay que hacer ajustes al espacio donde vamos a vivir; para tener cierta privacidad y separación en la casa de mi suegra, necesitamos habilitar la planta alta como un loft separado, con una pequeña cocineta y escaleras de acceso independientes. Y ello implica un gasto.
La empresa ha tenido sus altibajos y aún no deja utilidades. Y con las elecciones encima, todas las compañías han parado sus proyectos, sobre todo los que tienen que ver con comunicación y relaciones públicas.
Todo apunta a que las cosas mejorarán el segundo semestre de este año. Pero estos seis meses han sido muy duros para mí. Estoy bajo mucha presión: tengo que entregar la contabilidad del condominio a fin de mes; tengo que empacar lo que me voy a llevar, empacar y donar lo que no me voy a llevar; terminar de revisar las cosas de mi mamá que quedan en el departamento; pintar el depa y arreglar el hoyo en el piso de la recámara principal; conseguir quién se va a quedar rentando el depa cuando yo me vaya; ayudar a mi tía con su viaje a EE.UU. y definir qué pasará con la señora que me ayuda con la limpieza (ella vive en Tláhuac y yo me iré a Satélite, si no podemos ofrecerle algo de planta, será muy difícil para todos el que ella se mantenga de entrada por salida) :S
Me siento agobiada. Bloqueda. Ansiosa. Frágil y vulnerable como hace mucho tiempo no me sentía.
Pero justo hoy, como una bendición, una amiga me mandó esta imagen por whatsapp:
Y aquí estoy. Tratando de superar este "embotamiento" creativo al soltar finalmente todo lo que me embarga por dentro.
Quisiera, a ratos, que se detuviera todo: el mundo, el sol, las estrellas, el vuelo de las abejas. Todo. Todo menos yo. Y usar ese tiempo para descansar largo y tendido. Para llorar, y hasta para avanzar con todo lo que tengo pendiente. Y entonces sí, que vuelva a girar.
Estaba tan contenta de que había logrado un ritmo constante en mis publicaciones en el 2016, y aunque el 2017 fue un año difícil esperaba retomar las cosas justo en septiembre, con aquél post sobre los consejos alimenticios para mis connacionales. Pero no esperaba la serie de eventos que se me vinieron encima, empezando por el que cimbró no solo mis bases, sino la tierra de los habitantes de la Ciudad de México y estados aledaños.
El sismo del 19 de septiembre fue una macro zarandeada. Nos tomó de sorpresa. Nos hizo recordar que ante la fuerza de la naturaleza es poco lo que podemos hacer, tal vez nada... Todos esos memes que solían hacernos reír después de cada temblor en otros lugares, que realmente no causaban daños en la Ciudad de México, ahora ya no eran graciosos.
Aún hoy, nueve meses después, se me encoge el corazón cuando paso al lado de algún edificio dañado que, milagrosamente, sigue en pie, pero está completamente deshabitado, cuarteado, quebrado... como un recordatorio viviente para las generaciones más jóvenes y aquéllos que ya habíamos olvidado cómo se sintió el sismo de 1985.
En ese entonces yo era muy chica, tenía 9 años y no sabía lo que pasaba. No tuve conciencia de la magnitud del movimiento telúrico hasta que vi las noticias. Pero, por lo mismo, después de 30 años ya no recordaba la intensidad del movimiento de los terremotos del 85 ni les temía tanto a los temblores. Incluso solía decir que por un sismo de menos de 6.5 grados no me levantaba de la cama.
El sismo del 2017 nos enseñó que los temblores no siempre vienen precedidos por una alerta sísmica, y que de la nada puede venir un temblor muy fuerte, tanto que no habrá ni 60 segundos para salir de casa y ponerse a salvo. Lo cierto es que desde septiembre cada vez que escucho la alerta el corazón me da un brinco y la adrenalina me hace salir corriendo de mi casa. Ya no me importa si el temblor viene leve o no, mejor me entero estando a salvo.
Fue tal el susto de la experiencia que mi hija y yo nos fuimos casi una semana, con todo y gatos y perra, a casa de mi novio. Con los meses hemos vuelto a la normalidad, pero nomás suena la alerta (o la alarma de un coche, o el claxon de un camión) nos brinca el corazón y hasta mi perra se pone a temblar de los nervios.
Pero después de esa zarandeada, el mundo siguió girando. Demasiado rápido para mi gusto :(
En el lado familiar, la salud de mi mamá iba de mal en peor. Cada vez más rápido, mi mamá pasaba de pensamientos positivos a sumirse en dolores cada vez más fuertes e insoportables. Y los medicamentos para el dolor poco le ayudaban. Ya había llegado al punto de consumir mariguana machacada para paliar el dolor...
Los gastos también se fueron incrementando, lógicamente.
En noviembre, mi mamá tuvo que ser internada de emergencia. Se salvó de milagro. Después de ver lo que sufrió todavía los últimos meses de su vida, hoy me pregunto si no hubiera sido mejor para ella morir ahí... pero Dios aún tenía planes para su vida. Mamá salió del hospital sin haber fumado 10 días. Y no volvió a hacerlo. Ella quería morir libre del cigarro, y así fue al final.
Cinco meses más vivió mi mamá. Cinco meses de gastos en aumento para mí, porque en ese momento las circunstancias familiares así se prestaron. Cinco meses de dolores en aumento para mi mamá. Cinco meses de esperanzas que se encendían y se apagaban, vacilantes entre las ganas de vivir de mi mamá y sus episodios de dolor que la hacían desear que todo terminara ya. Pasó de consumir la marihuana a fumarla; aunque era más rápido y efectivo, poco le duraba el gusto. Los dolores ya eran insoportables.
Ella partió la noche del 30 de abril de este año. Y aunque todos sabíamos que ella moriría, que esa enfermedad la estaba consumiendo por dentro y por fuera, que el lupus es una condena de muerte y que tarde o temprano se la llevaría, aún así el dolor de su partida nos quebró. Ella aún era joven. Recién había cumplido 64 años (yo todavía tuve la oportunidad de visitarla a principios de abril, con mi hija, para su cumpleaños) y sabiendo que mi abuelita vivió casi 92 años, es inevitable sentir que la vida de mi mamá terminó pronto.
Mayo pasó como un tornado.
Entre el luto y la necesidad de viajar a La Paz para ayudar a mi tía con las cosas de mi mamá, el trabajo se me acumuló. Los dos trabajos, de hecho. Los gastos de mi mamá terminaron pero ha habido otros, y vienen más.
Ha habido noticias buenas, pero ayudar a mi tía a que viaje a Estados Unidos para el trámite de su pensión de viudez implica un desembolso fuerte.
César y yo seguimos con los planes de vivir juntos y ya está todo enfocado a hacer la mudanza en julio. Mi hija ya está inscrita en una prepa en Satélite. Pero hay que hacer ajustes al espacio donde vamos a vivir; para tener cierta privacidad y separación en la casa de mi suegra, necesitamos habilitar la planta alta como un loft separado, con una pequeña cocineta y escaleras de acceso independientes. Y ello implica un gasto.
La empresa ha tenido sus altibajos y aún no deja utilidades. Y con las elecciones encima, todas las compañías han parado sus proyectos, sobre todo los que tienen que ver con comunicación y relaciones públicas.
Todo apunta a que las cosas mejorarán el segundo semestre de este año. Pero estos seis meses han sido muy duros para mí. Estoy bajo mucha presión: tengo que entregar la contabilidad del condominio a fin de mes; tengo que empacar lo que me voy a llevar, empacar y donar lo que no me voy a llevar; terminar de revisar las cosas de mi mamá que quedan en el departamento; pintar el depa y arreglar el hoyo en el piso de la recámara principal; conseguir quién se va a quedar rentando el depa cuando yo me vaya; ayudar a mi tía con su viaje a EE.UU. y definir qué pasará con la señora que me ayuda con la limpieza (ella vive en Tláhuac y yo me iré a Satélite, si no podemos ofrecerle algo de planta, será muy difícil para todos el que ella se mantenga de entrada por salida) :S
Me siento agobiada. Bloqueda. Ansiosa. Frágil y vulnerable como hace mucho tiempo no me sentía.
Pero justo hoy, como una bendición, una amiga me mandó esta imagen por whatsapp:
Y aquí estoy. Tratando de superar este "embotamiento" creativo al soltar finalmente todo lo que me embarga por dentro.
Quisiera, a ratos, que se detuviera todo: el mundo, el sol, las estrellas, el vuelo de las abejas. Todo. Todo menos yo. Y usar ese tiempo para descansar largo y tendido. Para llorar, y hasta para avanzar con todo lo que tengo pendiente. Y entonces sí, que vuelva a girar.
Saturday, July 18, 2015
Dos películas infantiles que no son para niños
Al menos, no para los niños pequeños. Recientemente vi estas dos películas con mi hija, y en ambas había niños pequeños que se aburrieron, lloraron, no entendieron y se asustaron. Definitivamente hay que pensar muy bien qué tipo de cosas queremos que vean nuestros hijos si no queremos pasar un mal rato en el cine... además de hacerle pasar el mal rato a nuestros hijos, y a las demás personas presentes en la sala.
Jurassic World... o crónica de una pesadilla anunciada
La cuarta entrega de esta saga tiene muchas cosas que destacar. Los efectos visuales se ven muy bien, incluso en 3D no se percibe un desfase entre planos gráficos, lo que le da un sentido de profundidad y realismo muy bueno.
Mi hija y yo vimos las tres primeras películas unos días antes de ir al cine a ver Jurassic World y teníamos fresca la historia, los personajes y otros detalles que le dieron continuidad a la historia, como la aparición de Bradley Darryl Wong en el papel de Henry Wu, el investigador genético que dirige el desarrollo y la creación de dinosaurios en el laboratorio en la primera cinta, y en esta entrega también.
Entre otros detalles que se tuvieron en cuenta al crear la historia de este último filme, puedo enumerar los siguientes:
* Breves menciones del Dr. John Hammond e Ingen, explicando qué ha pasado con la organización en los últimos años.
* Una explicación de por qué siguen creando especies de dinosaurios nuevas en vez de quedarse con las ya conocidas e investigadas por paleontólogos durante siglos. Si bien el argumento no es sólido -estamos hablando de un parque donde los dinosaurios volvieron a la vida, ¿en serio pasaría de moda en sólo diez años?- creo que aprovechan para hacer una crítica social de cómo hemos perdido la capacidad de asombro, de cómo necesitamos cada vez cosas más grandes y más sangrientas para sentirnos aterrados, y de cómo la tecnología nos aleja de la realidad al mismo tiempo que nos absorbe en un entorno digital completamente nuevo y creativo.
* El diseño del parque en la isla Nublar es el mismo que plantean en la maqueta de la película dos, cuando el sobrino de John Hammond busca accionistas para el parque de dinosaurios en San Diego. Así que finalmente no llevan los dinos al continente, pero conservan la ingeniería del diseño para reconstruir el parque en la isla costarricense.
* Mantienen referencias visuales y musicales de Jurassic Park, lo que para los seguidores de la saga resulta emotivo.
* Continúan con los argumentos de la inteligencia de los velocirraptores y la teoría del caos, donde un solo factor provoca que todo un sistema de seguridad colapse frente a decenas de especies renacidas que encuentran en los visitantes del parque un gran buffet a su disposición :P
* La esperada dominancia de la especie más fuerte... como dice mi hija, "¿y después de tres películas no aprendieron que no debían mezclarse con los dinosaurios? Si desde la primera peli te dicen que la naturaleza siempre encuentra su propio cauce..."
Y sin embargo, con todos los puntos buenos de la película, tiene sus peros. Evidentemente se trata de una historia de ciencia ficción, una fantasía plagada de argumentos imposibles que los espectadores nos tragamos para poder disfrutar del filme, empezando por la re-creación del ADN de decenas de especies de dinosaurios y de la creación genética de nuevas especies desconocidas.
El personaje de Chris Pratt como un domador de velocirraptores es otro de esos detalles inverosímiles, así como la "domesticación" de algunas de las especies de hervíboros para usarlos como animales de renta para pasear a los niños.
Las características de "personalidad" que imprimen al Indominus Rex también resultan inverosímiles en muchas ocasiones, aunque cumplen con el propósito de hacerlo más fiero y despiadado. Sin embargo, no es creíble que un animal de ese tamaño no consiga alcanzar a los humanos que corren delante de él pero derribe sin problemas a pterodáctilos y helicópteros.
Con todo, lo más irreal de la película -y creo que todas las mujeres que han visto la película coinciden conmigo- es el hecho de que la protagonista Claire (Bryce Dallas Howard) se la pase corriendo durante horas en tacones, sin cansarse, sin torcerse un tobillo, sin que los tacones se entierren en la arena de la selva, sin tropezarse, sin que se rompa uno de los tacones... vamos, sin quejarse ni una sola vez de lo mucho que le duelen los pies. Más aún, con esos tacones corre a velocidades mayores que el Tiranosaurio Rex y el Indominus Rex.
Sí, estoy segura de que la adrenalina en situaciones de riesgo hacen que cualquiera corra a velocidades que tal vez envidiaría el mismísimo Usain Bolt... pero, ¿en tacones? Sí, esos que ven en la foto... tal vez no son muy altos pero tampoco me parece que sean los más cómodos o mejor diseñados para correr por horas y horas, en tierra, en pasto, en concreto y por donde sea. Ese "detalle" es simplemente lo más irreal de la película. Todo lo demás queda reducido a argumentos minúsculos ante el personaje de Claire que se presenta como una súper mujer: inteligente, bella y con un estilo que no pierde ni en las peores circunstancias. No sé si es solamente la explotación de un cliché o si buscaban un toque cómico en la película, pero la verdad es que no conozco una mujer que no deje de pensar en esos zapatos... ¿dónde consigo un par, cuánto cuestan? ¡Quiero unos! :D
Finalmente, es una buena película. Se disfruta mucho... excepto por los pequeños que pueden salir algo traumatizados después de ver tantos dientes en pantalla grande, destazando humanos como si fueran alitas de pollo. En la función a la que yo fui, había pequeños llorando que terminaron debajo del asiento jugando con el teléfono de sus papás, y cuando mi hermana y su esposo llevaron al cine a sus hijos, mi cuñado tuvo que salirse de la sala porque mi sobrina la menor se asustó tanto que no lo dejó ver más de media hora de la función. Frustrante, ¿no?
Yo recomiendo ampliamente la película como un filme familiar... siempre y cuando los niños sean mayores de 8 o 10 años y no se asusten fácilmente con enormes dinosaurios carnívoros de grandes dientes que salpican sangre en cada mordida :P
Intensamente, ¿o la historia de esos monitos en la cabeza?
Aunque la película resulta atractiva para toda la familia, lo cierto es que ya en el cine puede resultar tediosa y aburrida para los niños más pequeños.
La trama es sobre los problemas de una adolescente que enfrenta cambios en su vida y se siente desubicada, fuera de control, desconcertada, sola, incomprendida, vulnerable y llena de emociones contradictorias y temores. Tal vez algunos pequeños puedan identificarse con alguna o algunas de las reacciones de Riley, pero la historia en sí puede resultarles un tanto incomprensible, pues muchos de ellos aún están apegados a sus padres y no han llegado a ese momento en que odiamos a nuestros progenitores y queremos cambiar nuestra vida.
Sin embargo, lo más incomprensible puede ser ese mundo emocional-mental que Disney creó para tratar precisamente de explicar los sentimientos. Esos momentos en los que se habla del pensamiento abstracto resultan pesados y aburridos para los peques; la fábrica de sueños -aunque a mí me encantó porque creo que así se crean muchos de mis sueños- también puede ser un concepto un tanto difícil de digerir, y la parte de las pesadillas o el momento en que las memorias de largo plazo empiezan a ser olvidadas, puede ser un poco confuso.
Como platicábamos mi hermana y yo al final, resumieron toda una gama de emociones y sentimientos en solo cinco, dejando muchos huecos de personalidad, aunque entiendo que crear cada emoción es crear todo un personaje, lo cual haría más compleja toda la producción.
Tampoco estoy de acuerdo en que el centro de las emociones sea el cerebro, porque al parecer todas nuestras acciones están guiadas por los sentimientos y no por un hilo de pensamiento o raciocinio, siendo que uno de los grandes argumentos psicológicos y conductuales es la contraposición de las emociones y la mente; el querer contra el hacer. Creo que faltó una especie de líder en ese tablero que fungiera como una especie de mediador con argumentos razonables. Sí se habla del "tren del pensamiento" y de otros conceptos, pero en realidad todo se reduce a cinco emociones básicas controlando todas y cada una de nuestras acciones.
Tal vez a los niños pequeños les ayude a expresar sus emociones al ubicarlas con estos personajes, pero ciertamente quedaron muchos elementos por construir en la personalidad de adolescentes y adultos. Y si tomamos en cuenta que la trama es más sobre los problemas de una adolescente, entonces las emociones quedan cortas para los problemas emocionales de los pubertos.
No es mala película, pero creo que es un proyecto muy ambicioso y se quedó un tanto corto; a medias en la historia para los adolescentes, y a medias con la explicación para los niños más pequeños. Papás, lleven a sus peques pero consideren que habrá momentos lentos, confusos o tediosos en la película que tal vez tengan que explicarles después...
Jurassic World... o crónica de una pesadilla anunciada
La cuarta entrega de esta saga tiene muchas cosas que destacar. Los efectos visuales se ven muy bien, incluso en 3D no se percibe un desfase entre planos gráficos, lo que le da un sentido de profundidad y realismo muy bueno.
Mi hija y yo vimos las tres primeras películas unos días antes de ir al cine a ver Jurassic World y teníamos fresca la historia, los personajes y otros detalles que le dieron continuidad a la historia, como la aparición de Bradley Darryl Wong en el papel de Henry Wu, el investigador genético que dirige el desarrollo y la creación de dinosaurios en el laboratorio en la primera cinta, y en esta entrega también.
Entre otros detalles que se tuvieron en cuenta al crear la historia de este último filme, puedo enumerar los siguientes:
* Breves menciones del Dr. John Hammond e Ingen, explicando qué ha pasado con la organización en los últimos años.
* Una explicación de por qué siguen creando especies de dinosaurios nuevas en vez de quedarse con las ya conocidas e investigadas por paleontólogos durante siglos. Si bien el argumento no es sólido -estamos hablando de un parque donde los dinosaurios volvieron a la vida, ¿en serio pasaría de moda en sólo diez años?- creo que aprovechan para hacer una crítica social de cómo hemos perdido la capacidad de asombro, de cómo necesitamos cada vez cosas más grandes y más sangrientas para sentirnos aterrados, y de cómo la tecnología nos aleja de la realidad al mismo tiempo que nos absorbe en un entorno digital completamente nuevo y creativo.
* El diseño del parque en la isla Nublar es el mismo que plantean en la maqueta de la película dos, cuando el sobrino de John Hammond busca accionistas para el parque de dinosaurios en San Diego. Así que finalmente no llevan los dinos al continente, pero conservan la ingeniería del diseño para reconstruir el parque en la isla costarricense.
* Mantienen referencias visuales y musicales de Jurassic Park, lo que para los seguidores de la saga resulta emotivo.
* Continúan con los argumentos de la inteligencia de los velocirraptores y la teoría del caos, donde un solo factor provoca que todo un sistema de seguridad colapse frente a decenas de especies renacidas que encuentran en los visitantes del parque un gran buffet a su disposición :P
* La esperada dominancia de la especie más fuerte... como dice mi hija, "¿y después de tres películas no aprendieron que no debían mezclarse con los dinosaurios? Si desde la primera peli te dicen que la naturaleza siempre encuentra su propio cauce..."
Y sin embargo, con todos los puntos buenos de la película, tiene sus peros. Evidentemente se trata de una historia de ciencia ficción, una fantasía plagada de argumentos imposibles que los espectadores nos tragamos para poder disfrutar del filme, empezando por la re-creación del ADN de decenas de especies de dinosaurios y de la creación genética de nuevas especies desconocidas.
El personaje de Chris Pratt como un domador de velocirraptores es otro de esos detalles inverosímiles, así como la "domesticación" de algunas de las especies de hervíboros para usarlos como animales de renta para pasear a los niños.
Las características de "personalidad" que imprimen al Indominus Rex también resultan inverosímiles en muchas ocasiones, aunque cumplen con el propósito de hacerlo más fiero y despiadado. Sin embargo, no es creíble que un animal de ese tamaño no consiga alcanzar a los humanos que corren delante de él pero derribe sin problemas a pterodáctilos y helicópteros.
Con todo, lo más irreal de la película -y creo que todas las mujeres que han visto la película coinciden conmigo- es el hecho de que la protagonista Claire (Bryce Dallas Howard) se la pase corriendo durante horas en tacones, sin cansarse, sin torcerse un tobillo, sin que los tacones se entierren en la arena de la selva, sin tropezarse, sin que se rompa uno de los tacones... vamos, sin quejarse ni una sola vez de lo mucho que le duelen los pies. Más aún, con esos tacones corre a velocidades mayores que el Tiranosaurio Rex y el Indominus Rex.
Sí, estoy segura de que la adrenalina en situaciones de riesgo hacen que cualquiera corra a velocidades que tal vez envidiaría el mismísimo Usain Bolt... pero, ¿en tacones? Sí, esos que ven en la foto... tal vez no son muy altos pero tampoco me parece que sean los más cómodos o mejor diseñados para correr por horas y horas, en tierra, en pasto, en concreto y por donde sea. Ese "detalle" es simplemente lo más irreal de la película. Todo lo demás queda reducido a argumentos minúsculos ante el personaje de Claire que se presenta como una súper mujer: inteligente, bella y con un estilo que no pierde ni en las peores circunstancias. No sé si es solamente la explotación de un cliché o si buscaban un toque cómico en la película, pero la verdad es que no conozco una mujer que no deje de pensar en esos zapatos... ¿dónde consigo un par, cuánto cuestan? ¡Quiero unos! :D
Finalmente, es una buena película. Se disfruta mucho... excepto por los pequeños que pueden salir algo traumatizados después de ver tantos dientes en pantalla grande, destazando humanos como si fueran alitas de pollo. En la función a la que yo fui, había pequeños llorando que terminaron debajo del asiento jugando con el teléfono de sus papás, y cuando mi hermana y su esposo llevaron al cine a sus hijos, mi cuñado tuvo que salirse de la sala porque mi sobrina la menor se asustó tanto que no lo dejó ver más de media hora de la función. Frustrante, ¿no?
Yo recomiendo ampliamente la película como un filme familiar... siempre y cuando los niños sean mayores de 8 o 10 años y no se asusten fácilmente con enormes dinosaurios carnívoros de grandes dientes que salpican sangre en cada mordida :P
Intensamente, ¿o la historia de esos monitos en la cabeza?
Aunque la película resulta atractiva para toda la familia, lo cierto es que ya en el cine puede resultar tediosa y aburrida para los niños más pequeños.
La trama es sobre los problemas de una adolescente que enfrenta cambios en su vida y se siente desubicada, fuera de control, desconcertada, sola, incomprendida, vulnerable y llena de emociones contradictorias y temores. Tal vez algunos pequeños puedan identificarse con alguna o algunas de las reacciones de Riley, pero la historia en sí puede resultarles un tanto incomprensible, pues muchos de ellos aún están apegados a sus padres y no han llegado a ese momento en que odiamos a nuestros progenitores y queremos cambiar nuestra vida.
Sin embargo, lo más incomprensible puede ser ese mundo emocional-mental que Disney creó para tratar precisamente de explicar los sentimientos. Esos momentos en los que se habla del pensamiento abstracto resultan pesados y aburridos para los peques; la fábrica de sueños -aunque a mí me encantó porque creo que así se crean muchos de mis sueños- también puede ser un concepto un tanto difícil de digerir, y la parte de las pesadillas o el momento en que las memorias de largo plazo empiezan a ser olvidadas, puede ser un poco confuso.
Como platicábamos mi hermana y yo al final, resumieron toda una gama de emociones y sentimientos en solo cinco, dejando muchos huecos de personalidad, aunque entiendo que crear cada emoción es crear todo un personaje, lo cual haría más compleja toda la producción.
Tampoco estoy de acuerdo en que el centro de las emociones sea el cerebro, porque al parecer todas nuestras acciones están guiadas por los sentimientos y no por un hilo de pensamiento o raciocinio, siendo que uno de los grandes argumentos psicológicos y conductuales es la contraposición de las emociones y la mente; el querer contra el hacer. Creo que faltó una especie de líder en ese tablero que fungiera como una especie de mediador con argumentos razonables. Sí se habla del "tren del pensamiento" y de otros conceptos, pero en realidad todo se reduce a cinco emociones básicas controlando todas y cada una de nuestras acciones.
Tal vez a los niños pequeños les ayude a expresar sus emociones al ubicarlas con estos personajes, pero ciertamente quedaron muchos elementos por construir en la personalidad de adolescentes y adultos. Y si tomamos en cuenta que la trama es más sobre los problemas de una adolescente, entonces las emociones quedan cortas para los problemas emocionales de los pubertos.
No es mala película, pero creo que es un proyecto muy ambicioso y se quedó un tanto corto; a medias en la historia para los adolescentes, y a medias con la explicación para los niños más pequeños. Papás, lleven a sus peques pero consideren que habrá momentos lentos, confusos o tediosos en la película que tal vez tengan que explicarles después...
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