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Monday, April 08, 2019

Flores hasta el cielo

Hoy cumplirías 65 años mami.

Pero te fuiste hace casi un año, tu cuerpo sufriendo dolores indescriptibles e inhumanos.

Hoy eres libre, y estoy segura que duermes en paz al cobijo de nuestro Dios, ese Dios que buscaste toda tu vida y que nos enseñaste a amar. Él te tiene en sus brazos de amor y ahora, con un cuerpo nuevo, percibes más allá de lo que nuestros ojos y nuestros limitados sentidos humanos alcanzan a percibir. Te imagino extasiada ante las maravillas del universo, llena del Espíritu de Dios, con tanto que ver y que aprender que las cosas terrenales finalmente han dejado de ser una carga para ti.

Hace un año, todavía, estaba contigo...

Sabía que ese sería tu último cumpleaños. Lo que no sabía es que te irías tan solo unas semanas después.

Traté de ayudarte, de consentirte, de llevarte a los sitios que querías. Traté de que hicieras lo que querías hacer. Pero tu enfermedad maldita ya tenía control total de tu cuerpo y el sufrimiento que te encadenaba no te dejó disfrutar ni los tacos de carnitas, ni la playa, ni tu sopa del Vips, ni el pastel de Sanborn's que te llevé, ni la torta que te mandó Pao, ni las gorditas, ni los eclairs de El Globo que tanto te gustaban. Fue emocionalmente muy doloroso verte en esa situación; tanto así, que le pedí a Dios que te liberara de ese sufrimiento.

Y lo hizo. Muy rápido para mí, pero tal vez para ti esas últimas semanas fueron un infierno en ese cuerpo destruido. Sólo Dios sabe lo que aguantaste.

Hoy recibo este día con mi casa en orden, como me enseñaste, para que entre la bendición. Ayer finalmente vacié la última caja que tenía sin guardar, con cosas tuyas. Una vez más, tuve que decidir qué hacer con fotos, recuerdos y papeles que eran tuyos, tus esquemas del hotel que querías tener, tus recetas... Tuve que desechar algunas cosas, pero todo lo que conservé ya está archivado y en orden. Y con mi casa lista espero la bendición de Dios que acompaña el orden. Y recuerdo también esa última bendición especial que me diste, hace un año. Si hoy me va bien en la vida, es gracias a tus poderosas oraciones y tus bendiciones. Y te agradezco tanto por ello.

Y te extraño. Te extraño mucho mami. Con todo mi corazón.

Te mando un abrazo fuerte hasta el cielo, con flores y mariposas de todos colores, para que solo por hoy te acuerdes de los que dejaste aquí. Si Dios lo permite, mándame tu abrazo en el viento este día. Y si llueve, saldré a disfrutar de tus besos, recordando cómo nos dejabas salir a jugar bajo la lluvia, cómo nos enseñaste que estaba bien brincar en los charcos de vez en cuando y mojarnos hasta los huesos.

De verdad te extraño mucho mamá. Gracias por todo lo que nos enseñaste. Y gracias infinitas a Dios por permitirme ser tu hija y por conservarte entre nosotros tantos años, a costa de tu propia salud.

Te amo mami. Feliz no cumpleaños hasta el cielo...

Sunday, August 26, 2018

Te extraño mami

A casi cuatro meses de tu partida de pronto me encuentro fantaseando con la idea de verte entrar por la puerta de mi cuarto, presta a atenderme, en los días que me siento cansada.

Pero luego caigo en la cuenta de que aún si vivieras, lejos quedaron los días en los que podías atenderme. Y entonces abro los ojos a la realidad: lo que tengo son recuerdos de cuando me cuidabas después de que tuve a Valeria, o cuando estuve enferma. Y las fantasías se desvanecen al comprender -de nuevo- que ya no estarás aquí nunca más.

Te extraño mami. Te extraño mucho. No sólo porque me atendías (algo que siempre supiste hacer con ese instinto servicial que tenías) sino porque eras mi mamá. Y ya no estás.

Muchas cosas han pasado en poco tiempo, levantándome del luto rápidamente, pero es tan poco el tiempo que ha pasado desde tu partida que la herida aún está fresca, aún duele. Y creo que tal vez no cerrará del todo, pues siempre extrañaré algo de ti. Siempre me harás falta.

Te amo mamá. Ojalá estuvieras aquí...

Tuesday, August 14, 2018

Entre el vacío de tu ausencia y la paz de tu libertad

Hace poco más de tres meses que te fuiste. Después de tantos años de sufrimiento y dolor, finalmente te liberaste de ese cuerpo enfermo que te encadenaba y te oprimía cruelmente. Y aunque sé que esa no era vida para ti y que cargabas con la sentencia de muerte desde el día en que naciste, impresa en tus genes, no deja de dolerme que hoy ya no estés aquí, mami.

Tres meses y medio es poco tiempo, pero en ese lapso han pasado muchas cosas: el primer día de las madres sin tí, el primer cumpleaños de uno de tus hijos sin tí, la graduación de secundaria de una de tus nietas, mi mudanza para hacer vida en pareja...

Muchas cosas han pasado y muchísimas más seguirán pasando en tu ausencia: cambios en el departamento, los cumpleaños de Paola y Paco, el cumpleaños de Jonathan, un nuevo Presidente de México, mi boda, Navidades, días de Reyes, más cumpleaños, más días de las madres, graduaciones...

Duele pensar que no estarás aquí para bendecirme cuando me case. Tanto, que ya ni siquiera tengo ganas de hacer fiesta. Cada vez más la idea de algo sencillo me contenta, sólo quiero estar en paz con Dios y hacer las cosas bien. No quiero una fiesta en la que no te veré, bailando como tanto te gustaba. Aunque al final ya ni podías bailar, lo sé, y eso te hacía sufrir tanto o más que el dolor físico. Esa enfermedad te robó tanto...

Cuando nos decías que tenías lupus, hace tantos años, no entendía lo terrible que era esa enfermedad. No sabía que cuando te diagnosticaron lupus eso significaba una sentencia de muerte temprana y dolorosa. No tenía idea de que muchas de tus depresiones a los 30, 40 y 50 años se debían a tu conocimiento de que tu vida sería más corta. No lo supe entonces y no pude comprender por lo que estabas pasando. No entendía, mami, que cuando decías que ibas a morir lo decías en serio. Tal vez no morirías en seguida, pero sabías que ese era el final de esa despiadada enfermedad que te acosaba desde tu infancia; esa cruel enfermedad que no te dejaba disfrutar de todo lo que te gustaba: bailar, nadar, ir a la playa, pasar horas en la alberca, jugar con tus nietos e incluso cocinar.

No entendía, mamá, que la intensidad de los dolores que sufrías, así como el sufrimiento por el dolor de saber que nos dejarías pronto, te hacían reaccionar agresivamente. En medio de tu padecimiento no supiste expresar tu dolor, tu necesidad de afecto y tu tristeza de partir y separarte de nosotros. Y yo no supe entender más allá de tus gritos. No, hasta que fue muy tarde.

Fueron pocos los años que pude ayudarte y tratar de compensarte por todo lo que hiciste por nosotros. Fue poco el tiempo que pude comprender la causa de tus gritos y que pude aceptarlos con amor, mi pequeña puerco espín. Eras como uno de esos animalitos: suave y vulnerable, tierna, pero peligrosa. Cuando pude entenderlo, cambié mi forma de verte y comprendí que tus agresiones, como las púas de los puerco espines, no eran intencionales, sino una forma de defenderte cuando te sentías frágil.

Quisiera haberlo entendido antes. No haberte hecho llorar. No haberte gritado ni tratado mal. Debí hablarte más seguido, debí hacerlo diario, pero mi falta de comprensión de tu enfermedad me hizo llevar una vida despreocupada. Siempre dí por sentado de que ahí estabas. Y cuando Valeria creció y ya no te necesitó tanto, yo me dejé llevar por la rutina, los compromisos, el trabajo y otras cosas, y poco tiempo tenía para dedicártelo.

Me faltó invitarte más a cenar. Llevarte más al teatro. Sentarme a platicar más contigo.

Los últimos años quise estar más pendiente, pero ya estábamos lejos. Y tampoco pude hacer mucho. Lo lamento tanto mami.

Hoy ya solo me quedan los recuerdos, buenos y malos, divertidos y tristes. Las memorias de tus gritos, que ahora comprendo, pero también de tu gran amor que no siempre supiste expresar.

Preparando la mudanza y depurando papeles y cajas de recuerdos, encontré cartas y tarjetas tuyas, escritos llenos de amor y bendiciones. Algunos de ellos ya había olvidado que los tenía, pero hoy están guardados en una carpeta especial donde ya no los olvidaré y los tendré siempre a mano.

Gracias mami por todo tu amor, por tus oraciones constantes, por interceder por tus hijos ante Dios. Gracias por esa bendición especial que me diste poco antes de partir, cuando fui a verte por tu último cumpleaños. Quisiera haber hecho más por ti...

Ojalá estuvieras aquí mami. Quiero contarte cómo me está yendo en esta nueva etapa. Quisiera haber tenido tu bendición el día de mi boda. Quisiera abrazarte otra vez y verte comiendo tus ricaletas y tutsi-pops. Quería ver tu cara al conocer a mis mascotas. Quisiera que vieras las fotos del jardín de la casa donde vivo ahora, sé que te gustaría porque está lleno de plantas, árboles y flores. Hay tanto que quisiera compartir contigo pero ya no estás aquí; solo me queda el consuelo de saberte libre de esa prisión carnal que te atormentaba noche y día.


Ahora estás con Dios y con mi abuelita. Dos mujeres fuertes, dos guerreras intercesoras. Gracias a Dios por sus vidas y por todas las lecciones que nos dejaron. Mi vida no sería lo que es hoy si no fuera por su fe y su ejemplo.

Las extraño. Las extraño mucho, con todo mi corazón.

Te amo mamita. Siempre te amaré.

Friday, July 27, 2018

Empacando mi historia

Más de la mitad de mi casa ya está empacada. 

Muchos de los paquetes no irán conmigo a mi nueva casa. Algunos tienen cosas que no eran mías y ahora toca en turno que mi tía se haga cargo de las cosas de mi abuelita. Las cosas de mis hermanos se irán con mi papá. Mi hermana se ha llevado varias cosas de mi mamá y yo muchas otras. Pero al final hay un montón de cajas llenas de cosas mías que no he usado en años y seguramente no usaré, y que irán a parar con la señora que me ayuda con la limpieza.

Obviamente hay muchos papeles y cosas que ya son viejas o inútiles y han quedado en la basura. Las mudanzas siempre son una buena oportunidad para valorar lo que realmente tiene un valor, ya sea económico, sentimental o utilitario, y dejar ir todo lo que no aporta algo. Y en el proceso de empacado he tenido que soltar mucho.

Y de pronto, lo más duro, es cuando empiezo a ver el departamento vacío y me doy cuenta de que es la primera vez en toda mi vida que lo veo vaciarse...

Sí, a lo largo de mi vida me tocó ver familia entrar y salir; un montón de maletas, muebles y cajas llegaron y otros tantos se fueron, conforme los miembros familiares nos movíamos de lugar. Algunos regresamos y otros ya no. Y, tristemente, hace unos días me cayó el 20 de que tal vez esta sea la última vez que alguien de la familia ocupe este departamento, que fue nido y refugio de mi familia durante más de 50 años.

Algunas personas me preguntan si estoy nerviosa o con temor del futuro, pero no. Tengo bien claras las razones por las que dejo el departamento. Pero la tarea de ser yo quien vacíe el lugar, en preparación a una posible venta, no me tiene brincando de emoción.

Me gustaría tener la oportunidad de comprarlo, una vez que logre reunir la cantidad suficiente para dar el enganche y comprometerme con la hipoteca con el banco. A final de cuentas, ahorrar dinero para comprar algo propio es una de las razones por las que me voy, porque ya es hora de dejar de pagar renta y juntar para invertir en algo mío.

Sin embargo, el futuro es incierto y una vez que salga de aquí no sé qué pueda suceder. No sé cuánto tiempo me tome reunir la cantidad necesaria y no sé si alguien se presente antes con la posibilidad de comprar el depa de un jalón. Ni siquiera sé si terminaré comprando otra propiedad junto con mi futuro marido. Lo que suceda con el departamento ya no depende de mí --bueno, nunca tuve injerencia, pero ahora que mi mamá ya no está las decisiones corresponden totalmente a mis tías. Y si ellas deciden vender tan pronto arreglen el papeleo legal, yo no puedo hacer nada.

Tal vez esta salida sea la definitiva. Y eso me tiene triste...

Tantos recuerdos. Tantos años. Tanta vida. Y hoy está todo empacado en cajas y maletas. Y yo no me voy a llevar todas a mi nueva casa. 

A veces siento que el dolor de dejar tanto atrás es más fuerte que las esperanzas y las ganas de comenzar algo nuevo. Y tal vez por eso es que hay quienes me preguntan si no estoy temerosa de dar este paso, si no es que quiero quedarme y no mudarme... Pero no, no es eso. Sí quiero hacer esto. Ansío mudarme y comenzar una nueva etapa, y conseguir los objetivos que nos hemos trazado. Sí lo quiero. Pero la despedida está resultando más grande, más fuerte y más difícil de lo que pensé...

No me queda más que apelar al espíritu fuerte y luchón de las mujeres de mi familia: mi abuelita y mi mamá, a quienes extraño hoy más que nunca con todo mi corazón.

Perdónenme por dejar atrás tantas cosas suyas que no puedo llevarme. Pero las llevo a ustedes siempre, a donde vaya, en mis recuerdos, en mi carne, en mis lágrimas, en mi cocina, en mis sueños, en mi cabeza y en mi alma.

Me voy del depa, pero parte de mi corazón se queda aquí. Para siempre.

Thursday, June 21, 2018

Paren el mundo...

Aquí estoy, finalmente, después de 9 meses de mi última publicación. Intento soltar la musa aletargada que huye de mi creatividad desde hace meses...

Estaba tan contenta de que había logrado un ritmo constante en mis publicaciones en el 2016, y aunque el 2017 fue un año difícil esperaba retomar las cosas justo en septiembre, con aquél post sobre los consejos alimenticios para mis connacionales. Pero no esperaba la serie de eventos que se me vinieron encima, empezando por el que cimbró no solo mis bases, sino la tierra de los habitantes de la Ciudad de México y estados aledaños.

El sismo del 19 de septiembre fue una macro zarandeada. Nos tomó de sorpresa. Nos hizo recordar que ante la fuerza de la naturaleza es poco lo que podemos hacer, tal vez nada... Todos esos memes que solían hacernos reír después de cada temblor en otros lugares, que realmente no causaban daños en la Ciudad de México, ahora ya no eran graciosos.

Aún hoy, nueve meses después, se me encoge el corazón cuando paso al lado de algún edificio dañado que, milagrosamente, sigue en pie, pero está completamente deshabitado, cuarteado, quebrado... como un recordatorio viviente para las generaciones más jóvenes y aquéllos que ya habíamos olvidado cómo se sintió el sismo de 1985.

En ese entonces yo era muy chica, tenía 9 años y no sabía lo que pasaba. No tuve conciencia de la magnitud del movimiento telúrico hasta que vi las noticias. Pero, por lo mismo, después de 30 años ya no recordaba la intensidad del movimiento de los terremotos del 85 ni les temía tanto a los temblores. Incluso solía decir que por un sismo de menos de 6.5 grados no me levantaba de la cama.

El sismo del 2017 nos enseñó que los temblores no siempre vienen precedidos por una alerta sísmica, y que de la nada puede venir un temblor muy fuerte, tanto que no habrá ni 60 segundos para salir de casa y ponerse a salvo. Lo cierto es que desde septiembre cada vez que escucho la alerta el corazón me da un brinco y la adrenalina me hace salir corriendo de mi casa. Ya no me importa si el temblor viene leve o no, mejor me entero estando a salvo.

Fue tal el susto de la experiencia que mi hija y yo nos fuimos casi una semana, con todo y gatos y perra, a casa de mi novio. Con los meses hemos vuelto a la normalidad, pero nomás suena la alerta (o la alarma de un coche, o el claxon de un camión) nos brinca el corazón y hasta mi perra se pone a temblar de los nervios.

Pero después de esa zarandeada, el mundo siguió girando. Demasiado rápido para mi gusto :(

En el lado familiar, la salud de mi mamá iba de mal en peor. Cada vez más rápido, mi mamá pasaba de pensamientos positivos a sumirse en dolores cada vez más fuertes e insoportables. Y los medicamentos para el dolor poco le ayudaban. Ya había llegado al punto de consumir mariguana machacada para paliar el dolor...

Los gastos también se fueron incrementando, lógicamente. 

En noviembre, mi mamá tuvo que ser internada de emergencia. Se salvó de milagro. Después de ver lo que sufrió todavía los últimos meses de su vida, hoy me pregunto si no hubiera sido mejor para ella morir ahí... pero Dios aún tenía planes para su vida. Mamá salió del hospital sin haber fumado 10 días. Y no volvió a hacerlo. Ella quería morir libre del cigarro, y así fue al final.

Cinco meses más vivió mi mamá. Cinco meses de gastos en aumento para mí, porque en ese momento las circunstancias familiares así se prestaron. Cinco meses de dolores en aumento para mi mamá. Cinco meses de esperanzas que se encendían y se apagaban, vacilantes entre las ganas de vivir de mi mamá y sus episodios de dolor que la hacían desear que todo terminara ya. Pasó de consumir la marihuana a fumarla; aunque era más rápido y efectivo, poco le duraba el gusto. Los dolores ya eran insoportables.

Ella partió la noche del 30 de abril de este año. Y aunque todos sabíamos que ella moriría, que esa enfermedad la estaba consumiendo por dentro y por fuera, que el lupus es una condena de muerte y que tarde o temprano se la llevaría, aún así el dolor de su partida nos quebró. Ella aún era joven. Recién había cumplido 64 años (yo todavía tuve la oportunidad de visitarla a principios de abril, con mi hija, para su cumpleaños) y sabiendo que mi abuelita vivió casi 92 años, es inevitable sentir que la vida de mi mamá terminó pronto.

Mayo pasó como un tornado. 


Entre el luto y la necesidad de viajar a La Paz para ayudar a mi tía con las cosas de mi mamá, el trabajo se me acumuló. Los dos trabajos, de hecho. Los gastos de mi mamá terminaron pero ha habido otros, y vienen más.

Ha habido noticias buenas, pero ayudar a mi tía a que viaje a Estados Unidos para el trámite de su pensión de viudez implica un desembolso fuerte. 

César y yo seguimos con los planes de vivir juntos y ya está todo enfocado a hacer la mudanza en julio. Mi hija ya está inscrita en una prepa en Satélite. Pero hay que hacer ajustes al espacio donde vamos a vivir; para tener cierta privacidad y separación en la casa de mi suegra, necesitamos habilitar la planta alta como un loft separado, con una pequeña cocineta y escaleras de acceso independientes. Y ello implica un gasto.

La empresa ha tenido sus altibajos y aún no deja utilidades. Y con las elecciones encima, todas las compañías han parado sus proyectos, sobre todo los que tienen que ver con comunicación y relaciones públicas.

Todo apunta a que las cosas mejorarán el segundo semestre de este año. Pero estos seis meses han sido muy duros para mí. Estoy bajo mucha presión: tengo que entregar la contabilidad del condominio a fin de mes; tengo que empacar lo que me voy a llevar, empacar y donar lo que no me voy a llevar; terminar de revisar las cosas de mi mamá que quedan en el departamento; pintar el depa y arreglar el hoyo en el piso de la recámara principal; conseguir quién se va a quedar rentando el depa cuando yo me vaya; ayudar a mi tía con su viaje a EE.UU. y definir qué pasará con la señora que me ayuda con la limpieza (ella vive en Tláhuac y yo me iré a Satélite, si no podemos ofrecerle algo de planta, será muy difícil para todos el que ella se mantenga de entrada por salida) :S

Me siento agobiada. Bloqueda. Ansiosa. Frágil y vulnerable como hace mucho tiempo no me sentía.

Pero justo hoy, como una bendición, una amiga me mandó esta imagen por whatsapp:



Y aquí estoy. Tratando de superar este "embotamiento" creativo al soltar finalmente todo lo que me embarga por dentro.

Quisiera, a ratos, que se detuviera todo: el mundo, el sol, las estrellas, el vuelo de las abejas. Todo. Todo menos yo. Y usar ese tiempo para descansar largo y tendido. Para llorar, y hasta para avanzar con todo lo que tengo pendiente. Y entonces sí, que vuelva a girar.

Friday, July 22, 2016

Dejándome llevar

Hace unos días platicaba con una amiga que padece un trastorno psicológico obsesivo-compulsivo (TOC) que le ha generado problemas, ella siempre ha querido tener control de las cosas y le resulta muy difícil aceptar que la batalla contra el TOC no debe pelearse, sino asumirse.

Yo le conté de cuando me diagnosticaron la distimia, que se siente como si te diagnosticaran una enfermedad crónica de por vida, casi incurable, y es que en cierta forma así es. Pero al mismo tiempo para mí fue liberador, porque pude entender que muchas de mis depresiones no tenían una verdadera raíz, sino que al aquejarme la distimia las emociones se enraizaban de sentimientos subyacentes, encontraban un motivo y se afianzaban de él para deprimirme. Cuando entendí que eso no era mío, pude enfrentarlo mejor.

Y es que el secreto para afrontarlo no fue pelear contra mi enfermedad, sino aceptarla. Reconocí mi padecimiento y ello me ayudó a separar mis emociones de los sentimientos trastornados por la distimia. Sí, ocasionalmente me entristezco o me llego a deprimir, pero ya no me engancho en ello. Ahora dejo que las emociones sigan su camino, que fluyan y se vayan. Antes, al buscar la razón de mi depresión siempre encontraba "motivos de fondo", situaciones que servían de caldo de cultivo para incrementar los sentimientos nocivos. Y me dejaba ir. Y me deprimía sin motivo real, pero al mismo tiempo no podía controlarlo.

Traté durante años de combatir estos sentimientos, que además se exacerbaban cuando mis relaciones amorosas no iban bien, creando verdaderos cócteles emocionales que llegaron a volverme loca por ratos, literal.

Así, terminé por reprimir mis emociones, pues me daba miedo darles vuelo, darles poder sobre mí. 

Pero cuando la psicóloga me diagnosticó la distimia y me trató durante la terapia, pude aceptar esa parte, minimizarla y concentrarme en las emociones reales. Fue liberador.

Bueno, liberador en cierta forma, porque retuve bajo control muchos sentimientos. Descubrí que podía vivir mejor, más tranquila y más serena. Y cuando pruebas esa calma, ya no la quieres perder. 

Hasta ahí todo bien. El problema fue que no lograba soltar mis sentimientos con mi novio. Él, quien se tomó el tiempo para conocerme de verdad, que no salió corriendo al descubrir mis locuras y mis trastornos, que se quedó conmigo a pesar de todo... con quien tengo planes de hacer una vida en conjunto... y aún así no podía dejar fluir todo lo que siento por él. 

La verdad es que tenía miedo de soltar mis emociones otra vez. Miedo de que se liberaran como caballos salvajes, miedo de que las emociones se volvieran demasiado poderosas y me agobiaran, y me enloquecieran... y no quiero volver a ese oscuro sitio otra vez... nunca más.

Pero entendí que no era justo para él, y que en algún momento yo debía soltar mis emociones y mostrarle mis sentimientos, todos... abrirme por completo. Y bueno, no fue fácil, tuvimos un par de discusiones por este tema hasta que finalmente yo le espeté mis temores... y él los entendió, y me abrazó.

Y me abrí otra vez. No puedo decir que todo fluye como si una presa se hubiera roto, pero sí estoy dejando salir mis sentimientos sin temor. Y se siente bien. Se siente bien estar enamorado y bien correspondido. Se siente bien dejarse llevar. Se siente bien soltarse y disfrutar. Sí, se siente bien... :)

Monday, April 04, 2016

Experimento en casa de mi novio. Conclusión :)

Finalmente, el sábado por la noche regresamos a mi casa. Aunque tenía ganas de volver a mis cosas y ver a mis gatos, la verdad es que estuvimos muy a gusto en casa de mi novio. Nos lo pasamos muy bien.

Mi perrita regresó con la costumbre de hacer sólo en el jardín y hoy no ha hecho pipí en casa, se ha esperado a que la saquemos al jardín y ahí es donde ha hecho. 

El sábado yo estuve leyendo un poco en el jardín. El clima estaba rico y me sentí como si estuviera de vacaciones. No pude evitar pensar que sí podría acostumbrarme a vivir y trabajar en ese lugar, lejos del estrés citadino... y ahora hasta me parece que tendremos que esperar mucho antes de las próximas vacaciones.

Ni hablar. Lo bueno es como el chocolate, hay que comerlo de a poquito para disfrutarlo más.

Thursday, March 31, 2016

Experimento en casa de mi novio: Día 1

Llegó el día D. Después de mucho planearlo, y de mover fechas, finalmente concretamos el plan: Vale y yo venimos a pasar unos días a casa de mi novio... con todo y mi perrita.

La idea es ver qué tanto podemos enamorarnos de este lugar, tan lejano a todo lo que conocemos y lo que estamos acostumbradas, y ver si César y mi suegra se acostumbran a la idea de lidiar con mis animalitos -aunque ahora solo traje a mi perrita, en futuras ocasiones la idea es venir más días y traer hasta a mis gatos. En resumen: es una primera prueba de cómo sería la dinámica de vivir ya todos juntos. 

Hasta ahora, todo bien.

Llegamos anoche y mi pobre perra estuvo muy inquieta, muy intranquila por no reconocer el lugar, tardó en quedarse dormida porque quería estar conmigo y estuvo muy chillona, pero parece que ya se tranquilizó.

Esta mañana me pareció escuchar el canto de un gallo a lo lejos, tal vez es idea mía, pero la verdad es que todo es tan tranquilo aquí que hasta me siento en provincia. Y bueno, en sentido estricto sí es provincia; hablar del Estado de México ya es decir que salimos de la Ciudad de México, así que literalmente estamos en otro Estado, aunque estemos a 30 minutos de Reforma.

Sería prematuro decir que ya me gustó, pero la verdad es que se respira tranquilidad. Tengo vista a dos jardines, y trabajar así es una bendición... sí me veo trabajando con vista a un jardín, definitivamente sí, je :P

Ya veremos el sábado, después de un par de días aquí, qué tanto se reafirma o cambia este sentir, pero por lo pronto, creo que hasta Vale se lo está pasando bien :)

Sunday, January 03, 2016

Bitácora de mis vacaciones. Día 6: Felices fiestas... y un disparo.

¡Muy feliz año nuevo! Ya es 2016. El año pasado se me pasó volando, pero a pesar de lo complicado que fue, puedo reconocer que estuvo lleno de bendiciones. Espero de todo corazón que el año que inicia sea también bendecido para quienes me leen y sus familias, que la economía no sea tan gris como la pintan y que quienes están desempleados o mal pagados, encuentren mejores oportunidades laborales.

Debí haber escrito este post desde anoche, para actualizar lo que pasó entre el jueves 31 de diciembre y el sábado 2 de enero, pero ocurrió algo justo al llegar a mi casa que me desanimó por completo... pero ya llegaré a eso, así que no me adelantaré.

Jueves 31 de diciembre. Salimos temprano hacia Mixquiahuala, Hidalgo. Sé que Vale no iba muy emocionada pero estaba bien, más que resignada iba tranquila. Llegamos a casa de mi suegra, nos acomodamos y me puse a preparar una ensalada de manzana y un postre que me enseñó mi mamá: carlota de moka. Delicioso :) Después nos reunimos a comer con la familia de César que ya había llegado, y luego ayudamos un poco en los preparativos del lugar. Finalmente nos fuimos a arreglar y hacia las 9 de la noche ya estábamos de vuelta en la casa donde sería el festejo.

Fue impresionante ver llegar y llegar a tanta familia; entre ancianos, adultos, adolescentes y niños calculo que éramos como 70 personas en el lugar. Tal vez 60, pero no menos. Una gran familia, y no sólo por la cantidad de gente, sino por la calidez de su trato, entre ellos y hacia quienes nos incorporamos para celebrar el año nuevo con ellos. Una gran cena, muy rica y variada; actividades divertidas... fue una buena fiesta. Incluso mi hija se divirtió, aún cuando al principio no quería socializar y le costó trabajo integrarse.

Viernes 1 de enero. Al día siguiente el recalentado, y apenas unas horas después, mientras terminábamos de empacar para el regreso, nos avisaron que ya estaba lista la carne para el asado. Hubo menos gente en la comida, pero igual se prolongó hasta tarde, así que decidimos quedarnos una noche más para que no nos cayera la noche en carretera. Luego nos invitaron a cenar unas enchiladas tradicionales del lugar, muy buenas. Así que el día terminó casi a las 11 de la noche. A esa hora, Valeria ya se había integrado bien con otros chavitos y algunos adultos, así que el día terminó bien, a pesar del incidente al medio día.

Sí, así es. Al medio día Vale hizo un gran berrinche. Resulta que la casa de mi suegra en Mixquiahuala está bastante descuidada, pues la usan solamente cuando van de visita al pueblo, generalmente para las reuniones familiares, que pueden ser unas cuatro a seis veces al año. Así que cuando llegamos no había gas, César tuvo que acomodar una bomba para subir agua a la cisterna para sacar agua y calentarla en cubetas con una resistencia o, para más rápido, bañarnos con el agua fría que salía de la regadera. Regadera que, por cierto, tenía óxido y sarro y se veía sucia y vieja. Pues bien, entre las hormonas de la adolescencia y el ciclo menstrual de mi hija, cuando vio la regadera se puso a llorar como si bañarse en una regadera vieja con agua fría fuera lo peor que le había pasado en la vida. Finalmente saqué agua del lavabo y le dejé un par de cubetas calentando con la resistencia. Afortunadamente, después de que se desahogó y se bañó, nos alcanzó para comer y estuvo de muy buen humor, platicando y jugando con otros chavos.

Sábado 2 de enero. Nos levantamos, guardamos todo y así, sin bañarnos, pasamos a despedirnos de la familia. Nos invitaron unos chilaquiles y buñuelos caseros para desayunar, y finalmente a las 11 salimos de regreso hacia México.

Nos fue bien en la carretera, casi sin tráfico, A la 1 pm estábamos llegando a Satélite, donde nos bañamos y nos preparamos para ir a Tlalnepantla a la comida de mis amigos. Todo estuvo muy bien. Comimos unas hamburguesas al carbón y César se integró bien con mis amigos. Cerca de las 7:30 pm empezamos a despedirnos. Yo ya quería llegar a mi casa y sentí que él estaba cansado por el viaje. O eso pensé yo...

El trayecto a casa fue silencioso, lo que me hizo pensar que en verdad estaba cansado. Pero había algo extraño en su actitud que me hizo pensar que más que cansado, estaba molesto por algo. No tenía idea de qué podría ser, después de haber pasado tres días juntos, con su familia y mis amigos, y todo parecía ir bien...

Pues sí. Estaba molesto, y yo nunca hubiera adivinado la razón.

Cuando llegamos a mi casa, después de subir las maletas, salí con él y le pregunté qué tenía. No me esperaba su respuesta. En verdad que me tomó por sorpresa y no supe cómo reaccionar en ese momento.

Según él, yo estuve intercambiando "miradas alegres" con otro de los invitados (que por más que lo pienso, no logro identificar a quién se refería... o_O) Mi primera reacción fue defenderme, pero luego me cayó el veinte de algo peor: el hecho de que él crea que yo sería capaz no solamente de coquetear con alguien más, sino que lo haría en sus narices, me deja en una posición muy desagradable.


Ese argumento, esa duda de su parte fue como un disparo directo al corazón, una cubetada de agua helada con todo y hielos, como un hoyo negro en mi interior. 

No fueron sus celos lo que más me molestaron, sino el hecho de que pensara que yo podría ser capaz de coquetear con alguien más frente a él, estando él sentado a mi lado, como si no me importara él, como si fuese yo de tales cascos ligeros que el hecho de tener a mi pareja al lado no fuese freno suficiente, como si lo que tenemos no fuera suficientemente serio y profundo como para que yo dé pauta o abra puertas para que alguien más me coquetee. Eso me hirió, de verdad me dolió.

Y me dolió en primera porque no es cierto, porque ni siquiera sé a quién se refiere cuando dice que estuve intercambiando miradas y sonrisas con alguien más, porque yo no coqueteé con nadie y no percibí que alguien presente estuviera coqueteando conmigo. O estuve yo muy ciega o él vio fantasmas donde no los hay...

Pero me dolió también porque si él cree que soy capaz de coquetear frente a él, ¿qué podrá pensar de mí cuando no estamos juntos? Si cree que soy capaz de hacer eso, entonces no está seguro de mí, ni me conoce como dice, y esa percepción suya me pone al nivel de una mujer que yo no soy.

Y me dolió porque me hace pensar que en reuniones o fiestas posteriores tendré que cuidar mucho mis actitudes; si volteo a ver a alguien más, aunque sea por simple curiosidad de algo que hizo o dijo ese hombre; si alguien dice o hace algo cómico y yo me río; si me ofrecen una papa o me piden permiso para pasar por donde yo estoy... siento como si de aquí en adelante tendré que cuidarme mucho de no hacer contacto visual y no sonreír, y eso me desagrada porque yo no soy así, y me lastima porque implica que mi novio no me tiene confianza y que piensa que una sonrisa cualquiera es un coqueteo franco y abierto, en su cara. 

Estoy dolida. Y se que él también se siente dolido, en medio de sus celos. Pero ¿cómo puedo hablar con él para que deje de estar molesto cuando yo misma estoy molesta por sus suposiciones y herida por lo que cree que hice?

No puedo creer que tres días tan buenos hayan terminado de esta forma...

Hoy es el séptimo día de mis vacaciones. Mañana volvemos al trabajo, la rutina y los pendientes. Al final, no cosí la ropa que tenía para coser, no leí y se me fue casi todo el tiempo en viajes. Pero creo que valió la pena. Descansé como era justo hacerlo. Y de no ser por cómo me siento ahorita, puedo decir que han sido unas muy buenas vacaciones.

Al final la vida es así, llena de altibajos. Ya veremos qué sucede mañana...

Sunday, October 18, 2015

¿Señales? ¿O no?

Lo soñé. 

Ayer poco antes de despertarme, recuerdo con claridad que lo soñé: un episodio breve en el que estaba en casa de mi novio, con mi hija, y entonces él recibía esa llamada... En mi sueño me sorprendió su reacción y me molesté; pero al despertar, momentos después, pensé que sólo era una proyección de mi nerviosismo por pasar esa tarde en su casa, con mi hija. Era la primera vez que la llevaría y no estaba segura de cómo se comportaría.

No le di más importancia. Ayer había varias cosas que hacer. 

Llevé a Vale al teatro para ver una adaptación de "El fantasma de Canterville", de Oscar Wilde. Regresamos a casa y nos alistamos para ir con César.

A regañadientes, Vale accedió a ir, con la condición de llevar su computadora para trabajar por la tarde, después de comer.

Después del malhumor inicial, que se disipó durante la comida, pasamos una tarde deliciosa. Al terminar de ver Volver al futuro en la televisión, mi hija subió a entretenerse con su computadora. César y yo nos quedamos viendo tele y platicando, y todo fluyó sin mayores problemas.

De pronto... mi sueño se hizo realidad, y en apenas unos segundos comprendí que tal vez había recibido un aviso de ese momento...

Le entró una llamada y su reacción fue casi la que visualicé en mi sueño. Al principio, por lo menos. Pero en instantes recapacitó e hizo lo correcto. 

Mientras él colgaba, yo me quedé digiriendo la idea de que ya había vivido ese momento, justo esa mañana, en mis sueños. Aunque en la vida real, las cosas habían resultado un tanto distintas y, de hecho, mejor.

Sin embargo, no logro quitarme de la cabeza la idea de si este aviso, o premonición, tendrá algún significado espiritual... Y de ser así, ¿cuál sería ese significado? ¿Qué es lo que debería ver?

Hasta donde lo puedo entender, el sueño me permitió pasar por el momento real con mucha más tranquilidad y claridad de lo que hubiera tenido de no haberlo "vivido" con anterioridad. 

La conversación post-llamada entre mi novio y yo fue directa y estructurada. No sé si hubiera logrado esa claridad al momento, pues yo no reacciono al instante. Generalmente tardo en procesar las cosas y en reaccionar de manera apropiada. Así que, por lo que a mí respecta, esa premonición fue beneficiosa, y más aún al ver que en la vida real el resultado fue distinto.

Sé que Dios a veces le habla en sueños a la gente, pero de ser así, sigo sin ver claramente señales que me indiquen que él no es el hombre para mi. No hay tal certeza.

Al contrario. Después de la charla de anoche, nos vinculamos más. Incluso mi hija pasó un buen rato en su casa. Y esto, para mí, es señal de que las cosas siguen fluyendo en la dirección que anhela mi corazón.

Así que seguiremos avanzando en ese sentido...

Friday, July 10, 2015

Fénix... otra vez

Lo último que escribí, hace casi un año, me parece muy lejano hoy que retomo la escritura de mi blog...

Muchas cosas han cambiado en los últimos dos años. En general, para bien. 

Cada vez me siento más centrada y menos fuera de lugar. Tal vez por eso me costó retomar la escritura en este espacio. No sé si sea la madurez que viene con la cercanía de los 40, o si finalmente la paz de Dios me ayudó a sentirme bien conmigo misma, con lo que hago y lo que tengo.


He pasado estos dos años en arreglos de la casa; me tomó más tiempo del que creí pues había muchas cosas que limpiar, décadas de recuerdos que revisar y depurar, desde los de mi abuelita y mi mamá, hasta los míos y los de mis hermanos. Tuve que contratar ayuda para terminar con la depuración y empaque de tantos años de vida en este departamento. Se hicieron arreglos de plomería y se cambió todo el cableado eléctrico. Ya sólo me falta pintar... toda la casa :P

Mientras ponía orden en la casa, empecé a poner orden en mi vida también. He dedicado tiempo los fines de semana a coser ropa que tenía sin usar por un dobladillo deshilado o por un hoyito en alguna parte. He tenido que cocinar más pues mi sistema digestivo ya no tolera bien grasas ni almidones, y la única forma de asegurarme de comer adecuadamente es cocinando yo y evitando la comida en la calle.

Tengo un trabajo que es una bendición y me permite ayudar a mis papás, cubrir todos los gastos de reparaciones y mis gastos del mes, incluyendo algunos lujitos en la despensa -como mi requerida leche de soya- y una señora que me ayuda con la limpieza dos veces a la semana. Pero también es un trabajo absorbente que muchas veces me hace terminar fastidiada de la compu en las noches, así que lo último que quiero es pasar más tiempo en el teclado, ni siquiera para escribir en mi blog...

Pero ya me cansé de no escribir lo mío. Me hace falta, lo necesito. Ver a mi hija escribiendo sus propias historias en Wattpad me ha hecho extrañar mi espacio creativo, la posibilidad de escribir mis propias anécdotas y generar mis propios cuentos.

He leído mucho, eso sí. Y tengo muchas ideas. Aunque ya no tengo el corazón loco, creo que tengo aún mucho para compartir.

No, ya no siento mis emociones como caballos salvajes que corren sin dirección, persiguiendo quimeras. No. Ahora me siento en calma, como si finalmente mi barco hubiese llegado a un puerto seguro donde echó ancla y se siente bien; atrás quedó el mar indómito y bravo. Ya no siento que debo salir a la aventura; me siento en casa con él.


Tal vez por eso se convirtió en la persona que finalmente le presenté a mi hija y con quien la idea de envejecer juntos parece más real. César. Mi novio. Los primeros meses que salimos pensé que sólo sería pasar el tiempo, cenar, ir al cine... Cuando nos enamoramos, aún tenía incertidumbre. Pero ahora las cosas con él van muy bien. Todo cuadra.

Bueno, casi todo. Reconocer ante mis pastores que tengo un novio no cristiano (y que, evidentemente, a mis 39 y sus 46 no es un noviazgo de manita sudada) resultó en que fui dada de baja del servicio en la iglesia. Fue duro porque estaba muy comprometida con ello: el ministerio de los niños, finanzas y el grupo en casa, además de las clases y el grupo de oración. Sí, también había dedicado mucho tiempo al servicio en la iglesia, y por eso no lamentaba no tener tiempo para mi blog.

Ahora que vuelvo a escribir, con las palabras fluye el desahogo de manera natural. Sé que mis pastores han tomado la decisión correcta conforme a la Biblia y la responsabilidad que ellos tienen delante de Dios. Pero no puedo negar que me duele mucho ya no participar en el servicio, tanto que durante estas semanas se apagó mi deseo de orar... justo cuando más lo necesitaba.

Me pregunto cómo puedo saber si no es voluntad de Dios que esté con César cuando todo cobra sentido con él. Y, además, tengo muy claro que no quiero repetir los errores de mi abuelita y mi mamá. Yo cometeré los míos. Y mi decisión fue seguir con él. Aunque eso implique que no pueda servir por no ser testimonio. Tal vez más adelante vuelva a tener la oportunidad...

Por lo pronto, si miro atrás, apenas hace unos años, me parece como si hubiera pasado por un proceso de reconstrucción interna también yo. Es como si fuera un fénix resurgido, nuevamente. 



Estoy muy agradecida con Dios por todas las bendiciones y la paz en mi vida, por este largo tiempo de serenidad y por haberme mantenido alejada de la distimia, propensa a la melancolía y la depresión... No fue sino hasta estas últimas semanas que me vi alejada del servicio en la iglesia que me sentí deprimida otra vez, pero fueron sólo unos días.

Aún hay muchos temas que ir resolviendo. Me queda claro que sigo estando fuera de lugar para muchas cosas, aunque en otras finalmente haya encontrado mi lugar. Estoy donde debo estar, trabajando para ser mejor y para conseguir lo que quiero y lo que necesito.

Y estoy de vuelta en mi blog :) 

Thursday, October 09, 2014

Memorias como brisas y huracanes

Para J.

Anoche soñé otra vez contigo. Te veías diferente, pero eras tú, eso es seguro. Aunque a veces, un poco, me parecía que eras él, con quien salgo hace unos años. A veces eras más tú y unas pocas veces era un poco más él, pero en general, la mezcla daba como resultado ser tú.


Tal vez él estaba presente porque así lo ha estado estos años, o tal vez es que en algunas cosas se parece a tí... o tú a él. No lo sé, pero desde que lo conocí siempre he creído que hay rasgos en común entre ustedes, y tal vez por eso es que me gusta.


Al final, eras tú en mi sueño, de eso no me queda duda alguna.


Sé que soñé contigo porque ayer te pensé mucho y de alguna forma mi subconsciente proyectó ese anhelo a mis sueños, donde tomas forma y vuelvo a charlar contigo y a sentir tu abrazo fuerte...


Pero al despertar me volvieron los recuerdos y un poco de nostalgia. Y conforme avanzaron los minutos tus recuerdos me invadieron, pasando de ser la brisa suave que ocasionalmente me envuelve a ser como una corriente de aire que me golpeó con fuerza, tratando de empujarme de vuelta a ese sitio emocionalmente oscuro en el que me sumí hace mucho tiempo y del que me costó trabajo salir.


Y ya no quiero volver a ese lugar...


Pensando en ti volví a sentir cómo se aceleraba la circulación de mi sangre, y cuando recordé tu risa casi pude volver a escuchar el sonido de campanas en mi oído interno. Los sentimientos volvieron a mí como un huracán que toca tierra; fue entonces cuando me di cuenta que debía reprenderlos y volver a encerrarlos, porque como un caballo desbocado la sangre en mi cuerpo latía cada vez más fuerte y retumbaba en mi cabeza. Y me doy cuenta de que a pesar de tanto tiempo, eso que sentí por ti sigue siendo intenso aún.


Con él tengo paz, contigo ímpetu. Son como dos caras de la misma moneda. Y no se pueden tener los dos lados de la moneda al mismo tiempo. Y aún si tuviera que elegir, apostaría por la calma.


Esta breve experiencia me deja claro que no puedo permitirme pensar en ti más allá de las memorias ocasionales, que pasan como brisa y se van. Con cada recuerdo, elevo una oración para ti y te envío mis mejores deseos. Pero no puedo abrazarte a mi pensamiento porque, inevitablemente, te veré en sueños, y al día siguiente te añoraré aún más. No.


Me queda, si acaso, la opción de sonreír al recordarte, con tu sonrisa, tu aroma y el tono de tu voz. Esas notas no se irán de mi memoria aunque todo lo demás se pierda. Pero un breve pensamiento ocasional, acompañado de mi deseo de que seas feliz es suficiente.


Me alegro de haberte conocido y de contar en mi haber con la historia de un amor que marcó un antes y un después en mi vida sentimental. Y tal vez, sólo por eso, siempre serás inolvidable para mí.


Con todo esto, caí en la cuenta de que el 27 de este mes hará 10 años que nos conocimos en Mérida. Pero, en mi corazón, hay cosas que aún permanecen...

Friday, August 19, 2011

Una esperanza pequeñita

¿Cómo lo explico?

Quiero escribir muchas cosas pero ya todo me parece redundante... todo sobra, no hay nada que no haya dicho ya.

Dejémoslo simplemente en que hoy entiendo cómo hacía Penélope para esperar por años y años al amado sin cansarse... y por qué Will Turner dijo en Piratas del Caribe 3 que bien valen la pena 10 años de espera a cambio de un día con el ser amado.

Unas cuantas palabras... su voz, su risa... y de pronto la distancia se hace nada y el silencio de algunos meses ha valido la pena. Es como una bocanada de aire que me llena los pulmones y me deja el corazón con la certeza de que bien podría esperar cinco años más con tal de tener la oportunidad de volver a verlo un día...

Tal vez en algún evento de seguridad... tal vez alguna oportunidad, un giro del destino y vuelva a sentir su abrazo fuerte y escuchar su voz en mi oído. Sólo eso...

Y mientras, el potrillo indomable de mi corazón tiene cuerda para saltar y andar por la pradera por un buen rato más.

Y estoy consciente de que quizá no volveré a verlo nunca más... pero en el fondo, una vocecita queda no deja de decirme: "tal vez un día... tal vez..."

Friday, August 12, 2011

Entendiendo otro cliché más...

Muchas veces escuché a la gente decir: "le dí los mejores años de mi vida" y aunque esta frase es comprensible en personas que pasan de los 50, me llamaba mucho la atención escucharla en hombres o mujeres -principalmente mujeres- aún jóvenes. Digo... cómo es posible pensar que a una persona de veintitantos o treinta y tantos se le hayan ido los mejores años de su vida cuando apenas empieza a vivir, ¿no?

Yo no lo entendía, hasta hoy. Hoy que veo cómo se me pasa el tiempo sin poderme subir al tren de muchas oportunidades porque tengo un equipaje considerable que me lleva a pensar las cosas dos y hasta tres veces cada vez...

Entiendo que los hombres solteros de mi edad buscan mujeres con quienes salir de viaje de fin de semana, compartir aventuras, irse de juerga y otras cosas. Y aunque quisiera hacerlo (porque la verdad sí me dan ganas de hacer eso y más) no puedo, porque no quiero... porque pienso mucho en el impacto que mis acciones pueden tener en la educación de mi hija.

Y así, debo declinar invitaciones a sabiendas de que eso me saca de la lista de opciones de quienes en algún momento me consideraron. Y no lo lamento... sí lo siento y me pesa un poco porque la verdad me gustaría tener una pareja, pero no lamento ser congruente con mis decisiones y darle prioridad a mi hija, que cada vez está más cerca de tomar sus decisiones. No quisiera que a los 16 años me diga que se va de viaje con el novio y me eche en cara que si yo lo hago ella también puede hacerlo.

Y entonces pienso en que afortunadamente yo ya hice muchas de las cosas que hoy anhelo: salir de viaje, ir al cine, a cenar, fiestas, escapadas románticas, encerrones de fin de semana... sí, lo hice. La gran mayoría de estas cosas de hecho las viví con el papá de mi hija. De ahí que de pronto me vino la claridad de a qué se refiere la frase de "los mejores años de mi vida".

Esos años en los que podía salir sin preocupaciones, sin responsabilidades, sin presiones financieras, sin tener que ajustar mi calendario al de la SEP, que podía no llegar a dormir a mi casa si se me daba la gana... esos años fueron los que viví con Rafael. Hoy sigo siendo joven y muero de ganas por hacer muchas de las cosas que menciono, pero ya no lo hago, al menos no sin una planeación previa y pues eso le quita toda la aventura y la mayor parte del interés y la curiosidad al asunto.

Lo entiendo. Y entiendo también que aunque sigo siendo joven y con mucho por vivir, hay cosas que no puedo hacer como antes. Tal vez por eso en el fondo envidio al papá de mi niña, porque su vida sigue como si nada. La hija me la quedé yo, así que él tiene libertad de acción para lo que quiera.

Y no, aunque suene a reclamo no es así. No lamento ser yo quien tenga a Valeria, pues es mi mayor tesoro, pero también una gran responsabilidad. Sólo que hoy, por primera vez, pienso en esa frase y de pronto cobra un significado diferente para mí.

No creo que se hayan ido los mejores años de mi vida. Creo que aún vienen cosas buenas por vivir. Pero hoy entiendo por qué muchas personas de pronto se llenan de esta sensación de que se les van las oportunidades (buenas o malas) sin poder tomarlas, sin poder intentarlas siquiera, y por ende, terminan pensando que los mejores años de su vida -esos en los que gozaban de libertad de acción- se han ido.

Sí... tal vez para mí también se han ido. Pero mi vida es consecuencia de mis acciones y mis decisiones. Y si bien cambiaría muchas cosas de poder regresar el tiempo, una cosa no cambiaría en mi presente y es el tiempo con mi hija.

Quiero creer que los mejores años de mi vida aún están por venir... y confío en que así será. Ya no serán escapadas de fin de semana en pareja, pero seguro que habrá otro tipo de viajes y aventuras por vivir :)

Wednesday, June 22, 2011

Y la vida va...

Y cuando menos uno se da cuenta ya han pasado días y semanas, que se han convertido en meses y en años... y a pesar del tiempo y la distancia hay personas que siguen presentes a pesar de la ausencia.

De hecho, tal vez sea su misma ausencia lo que las vuelve más presentes. Y es ahora, cuando miro a través del tiempo y la distancia, que alcanzo a percibir la fuerza de este sentimiento que sé que me acompañará toda la vida.

Hoy veo que un año no es nada; tres años apenas se sienten... incluso -como dice Will Turner en Piratas del Caribe 3- diez años lejos de la persona amada valen la pena a cambio de un día con esa persona.

Y así, el tiempo sigue pasando y los años siguen contando... pero lo que siento no se va a ninguna parte. Permanece. Y en vez de morir, crece.

Ojalá hace años hubiera tenido la certeza de esto que hoy sé.

Thursday, February 17, 2011

Aires del Sur

Hace semanas que no sé de él. En septiembre platicamos, por su cumpleaños, y luego a principios de enero nos deseamos buen año. Desde entonces lo bloqueé. O al menos eso creía yo. La mente es traicionera y como no he hecho caso de los pretextos que me motivan a recordarlo, finalmente se me apareció en sueños.

Fue un buen sueño... estuvimos juntos y me quería, otra vez, hasta que, claro, me desperté con la prisa de llevar a mi hija a la escuela sólo para darme cuenta de que en algún momento apagué el despertador y se me hizo tardísimo. Con todo y lo que lamenté que mi hija no fuera a la escuela, no pude evitar sentir que de no haberme quedado dormida, probablemente me habría perdido de verlo en mi sueño...

Aunque yo he soltado ya toda idea de él, de alguna forma, siempre está presente. Tal vez una parada que hice en el aeropuerto la semana pasada detonó que esa parte oculta de mi corazón se rebelara y me mostrara que más allá de los recuerdos, hay algo de él que siempre estará en mí.

De pronto no puedo evitar decirme que en verdad no me quiso, que sólo fueron ideas mías, pero entonces me vienen los recuerdos de cuando me escribía, de las veces que chateábamos, de que fue él el primero en referirse a nosotros como pareja, de esas conversaciones con su familia en las que me decían cuánto me pensaba él... y luego me da por buscar las evidencias de que eso que tuvimos sí existió, que no fueron inventos míos solamente.

Y entonces recuerdo que la gran mayoría de esas evidencias se perdió. Casi todos sus correos me los escribía al mail de cuando estaba en la editorial, y aunque según yo hice respaldo de esos correos cuando me cambbié de trabajo, el archivo se dañó y se perdió y no me quedaron más que algunos correos que me escribió a hotmail o yahoo.

Tenía también decenas de mensajes que me envió al celular... pero los delincuentes hicieron de las suyas y perdí todos esos sms. Ya no me queda gran cosa de él, más que los recuerdos que insisten en no morir.

Y a veces me preocupa que en mi intención por dejarlo atrás me empeño yo misma en negar que hubo cosas que sí pasaron, y tal vez, cuando el tiempo pase, no seré capaz de distinguir lo que sí fue real y entonces termine por olvidar todo aquéllo por lo que alguna vez estuve dispuesta a dejar mi país y mi gente, coger a mi niña e irme al sur... a ese lugar que aún está en mi corazón.

Pero cuando me vienen esos pensamientos y me digo que envejeceré creyendo lo que todos me han dicho, pensando que estuve loca solamente, me vienen las memorias de lo que sí pasó y me vuelve la cordura y la paz al alma... un poco como esa historia de Jim Carrey y Kate Winslet en "Extraño resplandor de una mente sin recuerdos": al final, aunque la memoria se empeñe en olvidar, hay cosas que quedan grabadas en el corazón y no se van nunca.

Thursday, October 21, 2010

Ya, pues...

Venga... aún en contra de mi voluntad se me acabó el veinte y no puedo seguir odiando. Ya sabía yo que no odiaría por mucho tiempo... no soy así, simplemente no soy yo y además mi fe me lo recriminaba.

Así que mientras duró lo disfruté. ¡Oh sí! Bastante. Pero ya no me queda más y finalmente solté lo que me hacía daño y me libero.

¿Perdón? Aún no. Pero ya llegará, pronto. Y cuando perdonde será por mí, porque no puedo cargar con sentimientos que me hacen daño, que impiden que me lleguen las bendiciones y encima me provocan a hablar y escribir cosas de las que voy a tener que dar cuentas.

Allá él y sus propias cuentas. Espero que la vida se lo cobre con creces (sí, claro que sí). Mientras tanto, mí me toca soltar y liberarme.

Sale pues... a un lado el odio y a llenarnos de cosas buenas. No quería dejar ir tan pronto este sentimiento pero va más allá de mí y de mis decisiones.

Eso sí: espero no volver a verlo nunca más. Por mí, hoy se cierra este libro y se archiva en el olvido.

Thursday, October 14, 2010

10 cosas que odio de ti... de mí... y de todo esto

1. Odio no poder soltar todo, dejarlo y listo. Odio ser así, siempre machacando las ideas, revolcándome con ellas, sin ser capaz del todo de liberarme de pensamientos y de ideas que nomás me desconcentran de lo que es verdaderamente importante.

2. Odio seguir escribiendo sobre lo mismo, porque al final si no escribo sólo me quedo yo todo lo que siento y menos me libero... Tengo que soltarlo y de pronto me doy cuenta que para ello tengo que escribir, escribir y escribir hasta que me sangren los dedos, a ver si por ahí se escapa finalmente todo esto que siento.

3. Odio no saber más de ti, aunque yo misma te haya bloqueado del facebook por mi propia salud mental y emocional.

4. Odio cómo se dio todo... odio todo lo que pasó, lo que permití que pasara a sabiendas de quién eras y de cuál sería el final.

5. Odio que el final haya sido más doloroso de lo que pensaba, pues de hecho no me lo esperaba así...

6. Odio que no podré volver a confiar en tí nunca más, aún cuando me dijeras toda la verdad. Me mentiste tanto que ya no hay modo de ponerle un parche a la desconfianza que habrá de aquí en adelante. Ya nunca podremos ser amigos... en realidad nunca lo fuimos, pero no hay nada que rescatar ahora y odio tener que dar vuelta a la pagina con el deseo de no volver a verte nunca más, y la intención de fingir que nunca pasó nada entre nosotros, si acaso un día nos volvemos a encontrar...

7. Odio desconfiar de todo y de todos, volverme dura a consecuencia de un mal paso. Odio haber tenido que aprender esta lección de esta forma y odio que tú fueras el maestro.

8. Odio odiarte... porque eso pasa ahora. Nunca había odiado a nadie y de pronto eso siento por tí, al grado de que me asquea pensar en lo que tuvimos. Y más te odio por hacerme odiarte, por provocar en mí un sentimiento que nunca antes había sentido y que me pesa, por más que quiero liberarme de él... cada recuerdo tuyo duele como puñal al corazón y me provoca el resurgir de este nocivo sentimiento.

9. Odio haberme quedado con tantas cosas por decir y tener ahora la necesidad de decírtelas y no poder hacerlo. Quisiera a veces gritar todo lo que siento y no puedo, y si lo hiciera aún así no me escucharías...

10. Odio ser tan lenta para procesar mis emociones que en realidad nunca actué o te dije lo que debía en el momento justo. No te menté la madre cuando pude hacerlo, cuando tú me pedías que nos viéramos para platicar. Hoy, meses después, ya no tiene caso, y yo me quedo ahora con tanto por decir y ya no puedo, porque es tarde...

Y sobre todo... odio que te sigo extrañando... te sigo queriendo más de lo que quiero reconocer. Todo este odio es simplemente una reacción directamente proporcional a la fuerza con la que te quiero. Y odio quererte, me odio por ello. Odio este idiota y terco corazón que se debate entre el odio y el cariño y que en medio de su batalla me implora que suelte todo lo nocivo y me quede con lo bueno.

Pero no quiero. No quiero dejar de odiarte aún, porque cuando se vaya el sentimiento negativo quedará sólo el sabor de los buenos recuerdos y no quiero... no te lo mereces. No quiero recordarte con cariño, no quiero pensar en ti con nostalgia, no quiero quererte más. Simplemente, no te lo mereces...

Monday, October 11, 2010

Dejando el equipaje atrás


Y en este sentir de dejar atras las cargas, me viene a la cabeza algo que me dijo un muy buen amigo hace unos días: "A veces, como en los aeropuertos, es mejor dejar el equipaje. Si en el camino lo podemos recuperar, qué bien, pero si no, hay razones para que se quede ahí".
Tiene razón.
Hay cosas que ya no hice, que ya no podré hacer y no hay caso de estarle machacando a las ideas. Hay cosas que sí puedo hacer y a ésas hay que enfocarse.


En esta reflexión entiendo que ciertas cosas que yo también esperaba tal vez nunca lleguen, tal vez nunca llegarán, como esa disculpa que mencioné hace un par de posts.

Ni modo, habrá que dejar el ego herido como equipaje perdido en ese aeropuerto que sirvió de conexión en este viaje... y a seguir adelante.

Si algo se recupera más adelante, bienvenido, y si no, será la oportunidad para empezar de cero, con equipaje nuevo y una valiosa lección aprendida...

Monday, October 04, 2010

Sigo siendo aprendiz...

Soy experta en que se me rompa el corazón, la verdad. Me lo rompo yo sola y luego, aprendida la lección, tomo los pedazos, los uno y luego los vuelvo a romper; al fin, ya sé cómo volver a pegarlos. Pero esta última lección la verdad me dolió mucho y no estaba muy segura de por qué... hasta que dí con la clave.

En realidad, siempre se me había roto el corazón por andar de enamoradiza, clavándome con hombres que no me convenían y metiéndome en historias que no eran más que "Crónicas de una muerte anunciada". Sin embargo, ésta última vez salió de mis esquemas...
Todas las anteriores era como cuando se rompe un juguete, o un jarrón, y lo pegas y al rato se vuelve a caer o se despega... pero siempre se rompe del mismo lado, o tal vez encuentras de pronto una nueva despostillada, pero a final de cuentas son siempre los mismos pedazos, el mismo motivo de fondo.
Quiero decir: siempre me he dejado llevar por el corazón pero a final de cuentas se trataba de relaciones en las que sí me correspondían. Tal vez sólo por unos instantes (semanas, meses o años) pero el objeto de mi amor también me quería... a su manera, pero me quería. Haciendo recuento de ello, así ha sido: mi novio de la universidad, el papá de mi hija y hasta el colombiano, en su momento su corazón estuvo conmigo y hallaron la forma de hacérmelo saber. Y cuando me quisieron me lo demostraron e hicieron cosas por mí, para hacerme sentir importante y querida.
Al final las cosas no funcionaron, pero siempre queda el consuelo de saber que en algún momento en la carrera de la vida fuímos juntos, de la mano. Alguno se tropezó, se adelantó o se rezagó y la unión se rompió... soltamos manos y nos separamos. Ni hablar, así es la vida. Pero creo que en realidad no me había tocado jugar con alguien que rompiera corazones sin motivo... hasta ahora.

Fue tan diferente para mí que en verdad no me lo esperaba. Es decir: siempre supe quién era él, pero acostumbrada como estoy a decir las cosas como van, y recibir lo mismo a cambio, no me esperaba que me mintiera con tanta maestría.

No sólo eso. La verdad es que me costó mucho trabajo entenderlo porque yo no puedo jugar con los sentimientos ajenos. Tal vez por lo mismo de que soy tan intensa y porque sé lo que duele, y reconozco el valor de un corazón y de un sentimiento sincero, creo que es una gran responsabilidad cuando te ponen un corazón en tus manos y lo menos que puedes hacer es decirle a la persona enamorada que no le correspondes.

Sí, se le va a romper el corazón de todos modos, como cuando le pasas una taza de cristal y se resbala y se cae al suelo. Pero no es lo mismo ese 'accidente' a tomar un objeto y jugar con él, llevarlo por ahí y lanzarlo al aire a ver qué pasa, hasta que finalmente se cae y se destroza... siempre insistiré en el tema: simplemente no se vale.
Yo no estaba acostumbrada. Pensé que por ser honesta me libraría de una situación en la que me quisieran vender una historia diferente... pero no fue así. De modo que, además del dolor del desamor me viene el desconcierto, el golpe de la traición, la fría sensación de una cubetada de agua helada al abrir los ojos a las mentiras... tal vez sea eso lo que más duele: la pérdida total de la confianza... y ésa es de fondo la razón por la que en verdad no quiero verlo.

Sí, duele el ego. Duele el amor... y el desamor. Pero duele más el golpe a la confianza... el abrir los ojos a una nueva lección. Ésta vez me topé con un corazón roto en pedazos que no conocía. Tuve que hallarlos todos, buscarles la forma para saber si ya lo tenía completo o no... y al final hallé la pieza que me faltaba: me siento, como nunca antes, traicionada.

Si bien es cierto que siempre supe cómo era, también es verdad que él me dijo lo que pensó que yo quería escuchar y me retuvo a su voluntad durante un tiempo. Nada de lo que dijo al final era cierto... y si algo hubiera de verdad en sus palabras, hoy ya no le creo nada. Por eso duele. Me siento como ese niño pequeño que lleva un globo en las manos, feliz de la vida, y alguien se lo pide... con recelo se lo presta, sólo para ver cómo esa persona saca un alfiler y lo revienta. Entre las lágrimas de tristeza, si uno contempla bien al chico podrá ver sus ojos abiertos en un desconcierto total.

Así me pasó. No entendía... no entiendo aún por qué alguien puede tomar un corazón y romperlo sin más, para después irse sin explicación ni disculpa. Y este último punto me lleva a mi conclusión: a pesar de que he dicho que ya lo perdoné, en realidad nunca he sentido su disculpa como algo sincero, y eso me lastima.

Vuelvo al punto de origen: en ocasiones anteriores jugué la ruleta rusa a sabiendas de todos los riesgos. Y cuando reventó la bala, mi contraparte fue lo suficientemente sensible para disculparse por lo que de su lado estuvo mal. Nos perdonamos y seguimos. No así esta última vez, y no me caía el veinte de ello hasta ahora. Por eso me cuesta cerrar este capítulo. Así que al final aquí estoy, tratando de cerrar heridas y de unir pedazos, esperando una disculpa que tal vez nunca llegará... una dura lección me tócó aprender...