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Thursday, December 31, 2020

Reflexiones de cierre de año en un ambiente de pandemia

 31 de diciembre de 2020. El año de la pandemia del coronavirus SARS Cov2 o COVID-19.

No voy a entrar en detalles pues toda la información sobre este virus y sus consecuencias está disponible en internet. Solo diré que, un año después de haber sido descubierto en Wuhan, China, este virus ha contagiado a más de 83 millones de personas en todo el mundo, de las cuales han muerto un poco menos de 2 millones (1.8), según las cifras oficiales.

En México, los números indican casi millón y medio de personas contagiadas, con casi 130 mil fallecidos. Si a estas cifras sumamos los miles de muertos por otras enfermedades, como cáncer o diabetes, los asesinados por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la delincuencia común o la violencia intrafamiliar, los que han muerto por hambre o frío, o aquellos que se han quitado la vida en medio de su desesperación, los números se vuelven escalofriantes.

Cientos de miles de familias se enfrentaron este fin de año a mesas con lugares vacíos, que nunca volverán a ocupar sus seres queridos... Y solo pensar en eso hace que uno se sienta afortunado de seguir vivo, seguir con salud y de tener cerca a familiares y amigos que siguen luchando la batalla del día a día.

A pesar de que miles de personalidades famosas, políticos, artistas y deportistas sucumbieron ante el Covid-19, no ha sido suficiente para que cientos de miles de personas entiendan la gravedad y la letalidad de esta enfermedad. Tristemente, en México y el mundo miles de personas siguen reuniéndose a festejar o están de vacaciones en playas y centros turísticos, aumentando su exposición al virus y ayudando a su diseminación.


Hace 9 meses, cuando empezó el aislamiento en México (el aislamiento voluntario, porque el Gobierno no declaró cuarentena sino hasta abril), la mayoría de la gente no creía que fuera a tomar tanto tiempo superarlo; después de todo, ya habíamos sobrevivido otras epidemias en el mundo.

Pero no. El Covid-19 llegó para quedarse.

Los investigadores médicos no han logrado descifrar cómo contener la propagación de este virus. Las vacunas se están autorizando, produciendo y distribuyendo a una velocidad inusitada, pero estamos un año tarde. Y todo indica que las cosas no mejorarán realmente antes de 2022, pues en muchos países el proceso de vacunación de la población será lento y gradual.

Mientras tanto, el virus ha mutado un par de veces. Y las nuevas cepas parecen ser más fuertes, o resistentes, que la cepa original. Como dije: vamos tarde. Mientras que los forenses realizan minuciosas autopsias para entender mejor el comportamiento del virus, éste cambia de forma acelerada, transmitiéndose de un cuerpo a otro en cuestión de minutos, reforzándose y mutando. El mundo no estaba preparado para esto.

Y eso me lleva a una serie de reflexiones sobre todo aquello para lo que el mundo no estaba preparado y que la pandemia sacó a la luz bruscamente:

1. Los avances médicos y científicos no pudieron frenar la propagación del virus

Sí, está bien, yo no soy médico y tal vez estoy hablando a la ligera, pero mi opinión se basa en la observación de algunos hechos:

   * No hubo un sistema predictivo, como los sistemas de monitoreo y predicción de fenómenos meteorológicos, que permitiera advertir sobre una posible amenaza inminente de manera que los gobiernos prepararan a sus sistemas de salud.

   * La mayoría de los países afectados por la pandemia no cuentan con equipo médico suficiente para atender a los pacientes de esta enfermedad, o cualquier otra similar que pudiera haberse presentado.

   * La estrategia de contención del virus se basa en protocolos como el distanciamiento social, el aislamiento, el uso de cubrebocas y el lavado constante de manos. Pocos medicamentos o suplementos existentes ayudan a paliar los síntomas de la enfermedad y en gran medida depende del estado de salud de cada individuo el salir adelante o sucumbir.  

2. La tecnología ayuda, pero hay que implementarla

Tan pronto se diseminó la epidemia, varios fabricantes de productos de analítica de datos e inteligencia de negocios ofrecieron sus soluciones para ayudar a monitorear la propagación del virus, así como la evolución de los pacientes, rastrear con quiénes tuvieron contacto y predecir la curva de contagios.

Estas soluciones no se crearon de la noche a la mañana. Han estado disponibles por años, pero son pocos los hospitales o centros de salud que han implementado este tipo de tecnologías. Lamentablemente, las instituciones de salud pública con bajo presupuesto seguirán sin poder implementar tecnologías de análisis de información, pero probablemente muchas instituciones de salud privada, o algunos organismos públicos con presupuesto disponible, sí harán uso de estas soluciones de ahora en adelante.

Otras tecnologías que encontraron oportunidad de negocio fueron las cámaras de videovigilancia con sensores térmicos, los dispositivos para pagos sin contacto, los chatbots, la automatización de procesos y hasta los drones.

3. La brecha tecnológica se hizo más notoria que nunca

Si algo quedó en evidencia, fue la profundidad y anchura de la brecha tecnológica en muchos países.

Hablando de México, la falta de cobertura de acceso a internet, así como el costo de los servicios de conexión, fue un problema que, si bien no es nuevo, salió a relucir cuando más gente necesitaba mantenerse conectado para comunicarse con sus familiares y amigos, para trabajar remotamente, estudiar en línea o simplemente para entretenerse mientras se guarda la cuarentena.

Aunque una parte de la población urbana cuenta con teléfonos celulares de gama media o alta, computadoras portátiles, tabletas y hasta televisores inteligentes en casa, una gran parte de la población, sobre todo en zonas rurales o gente de bajos recursos económicos, a duras penas puede tener un celular de gama media con datos prepagados. Este sector de la población no tiene acceso a servicios como banca en línea para hacer sus pagos, mucho menos para pedir compras a domicilio y pagar por internet o a través de su teléfono.

Estas personas son quienes tienen necesidad de salir de sus casas para trabajar, para comprar lo que necesitan, para pagar sus servicios... y son quienes más expuestos quedaron a los contagios, no por imprudencia, sino por necesidad.

4. El sistema educativo no está listo para la educación a distancia

La pandemia tomó por sorpresa a todo el mundo. Las escuelas se vieron forzadas a cerrar sus puertas y ofrecer alternativas para clases en línea. Francamente, fue un reto insalvable para algunos colegios. Si las escuelas privadas tuvieron problemas, las públicas simplemente se las vieron negras.

Me tocó presenciar cómo el colegio de mi hija tuvo que implementar soluciones tecnológicas para habilitar videoconferencias para todas las clases y así continuar con la dinámica de las clases. Con todo, fue un final de ciclo 2019-2020 muy accidentado y complicado, tanto para estudiantes como para maestros.

Durante el descanso de verano, el colegio capacitó a los maestros y mejoró la infraestructura tecnológica. El primer semestre del ciclo 2020-2021 se sintió más fluido. Aún así, muchos alumnos tenían problemas para conectarse, otros se enfrentaban a situaciones como fallos en sus computadoras, cortes de luz o interrupciones familiares. Todo ello derivó en distracciones que no eran comunes para los alumnos. Mi hija terminó el semestre como Dios le dio a entender (y con mucha ayuda de sus compañeros de clase).

Para las escuelas públicas, donde la mayoría de los alumnos tiene más restricciones para conectarse a internet, las clases en línea simplemente no se lograron concretar. El gobierno lanzó un programa de Televisión Educativa no interactivo que, en mi opinión, deja mucho qué desear.

Ante este escenario, muchas escuelas cerraron. Otras se enfrentaron a una reducción de los alumnos inscritos porque los papás no querían pagar clases que los alumnos no aprovecharían, o no podían pagar más las colegiaturas porque se quedaron sin empleo. Muchos padres sacaron a sus hijos de la escuela hasta que se reanuden las clases presenciales.

5. Muchas empresas no tuvieron la agilidad para montarse a la ola digital

Así como las escuelas, las empresas tuvieron que renovarse y digitalizarse rápidamente. Sin embargo, no todas las organizaciones lograron innovar y evolucionar tan rápido y, cuando la crisis las alcanzó, no lograron sobrevivir.

Miles de restaurantes y comercios, forzados a bajar sus cortinas de forma intermitente durante los meses de la pandemia, terminaron cerrando definitivamente. Todas las empresas del sector turístico, aerolíneas y hoteles sufrieron graves afectaciones a su negocio. Interjet está a un paso de la quiebra y los trabajadores amagan con ir a huelga (como los de Mexicana de Aviación) si no se les paga.

La cadena Best Buy quebró el negocio en México. Y para mí es un ejemplo de negocio que no logró aprovechar la oportunidad de las ventas en línea porque sus precios no eran competitivos con los de vendedores en marketplaces como MercadoLibre o Amazon, o tiendas de conveniencia como Sams o Walmart. Vamos, que hasta en Liverpool.com podía uno encontrar mejores ofertas que en Best Buy.

6. Los negocios que se reinventaron lograron sobrevivir

Contrario a lo anterior, muchas empresas, desde grandes corporativos hasta MiPyMEs, encontraron la forma de salir adelante y mantener sus operaciones. Algunas, solo se mantuvieron a flote. Otras mejoraron incluso sus ingresos.

Como ejemplo, algunas productoras de cervezas y licores adaptaron su negocio para fabricar gel antibacterial. Un taller que fabricaba alebrijes comenzó a vender cubrebocas y caretas artesanales. Varios vecinos le hicieron frente a la crisis vendiendo tapetes sanitizantes, guantes, cubrebocas o comida a domicilio.

Supe de una fonda que empezó a vender comida a domicilio, cambió su menú y empezó a mandar mensajes por redes sociales. Meses después, la dueña de la fondita dijo que estaba vendiendo más que cuando atendía a la gente en el local.

Otros restaurantes se montaron a plataformas como Uber Eats o Rappi, desde donde recibieron pedidos que les ayudaron a mantener el negocio.

Y hablando de Uber y Rappi, estos servicios, junto con Didi y los servicios de mensajería y paquetería, experimentaron un incremento impresionante en sus operaciones. Algunas de estas empresas tuvieron problemas para cumplir con las entregas, pero otras crecieron ante el reto. Incluso MercadoLibre habilitó su propio servicio de entregas así como repartidores independientes, lo cual le permitió mantener sus entregas incluso antes de la fecha programada.

Algunas cadenas de cines empezaron a ofrecer funciones en formato de auto-cinema. Y también, en el Reino Unido, algunos conciertos se ofrecieron bajo este esquema... hasta que, claro, no faltó quien se bajara de su coche y se codeara con otros asistentes, como si nada.

Cabe mencionar que las ferreterías, tlapalerías y tiendas de artículos para el hogar vieron una ventana de oportunidad: encerrados en casa por cuarentena, mucha gente aprovechó para hacer ajustes y remodelaciones.

Los servicios de cursos en línea también vieron un auge, sobre todo los relacionados con cocina, jardinería, pintura o idiomas.

Y, a falta de gimnasios, el aumento en las vistas de video para ejercitarse en casa se acompañó de compras de ropa para ejercicio, accesorios, tapetes de yoga y otros equipos de acondicionamiento físico. El negocio de las bicicletas también reportó ganancias.

7. Los gobiernos no han podido proteger a quienes tienen necesidad de salir

Digo "los gobiernos" de forma generalizada aunque reconozco que algunos países sí han procurado todas las medidas necesarias para salvaguardar a sus ciudadanos.

Principalmente los países asiáticos, como Corea del Sur, China, Japón o Singapur, han mantenido controlada la pandemia debido a que, tradicionalmente, son sociedades disciplinadas. También influye que mantener la distancia social no es un inconveniente para ellos, y a que están más acostumbrados a obedecer órdenes y seguir protocolos, como usar el cubrebocas constantemente, no tocarse y lavarse las manos con frecuencia.

Pero, además de ello, el gobierno de esos países ha implementado tecnologías y programas para desinfectar espacios y garantizar la sana distancia, incluyendo el uso de drones.

Otros gobiernos han implementado toques de queda, para forzar a la gente a quedarse en casa. Pero han liberado recursos a través de programas de apoyo para empresas y desempleados por causa de la crisis económica derivada del Covid.

Sin embargo, no ha sido suficiente para evitar que la gente salga a trabajar. Y es en la calle, en las aglomeraciones, donde el virus ha encontrado un caldo de cultivo para seguir diseminándose.

Si a esto le sumamos que hay países, como México, donde no solo no se procura una desinfección satisfactoria de los lugares públicos, sino que además no se apoya a las empresas y el personal se ve forzado a salir de sus casas para trabajar presencialmente, el riesgo de contagios se eleva exponencialmente. No por nada México ocupa el sitio 13 de contagios y el 4 en muertes por Covid a nivel mundial.

8. No estamos listos, ni dispuestos, a mantener la distancia social prolongada

Una de las cosas más difíciles para el ser humano, gregario por naturaleza, ha probado ser el aislamiento. No todos estamos listos, ni dispuestos, para vivir separados de la gente como ermitaños. La mayoría gozamos de pasar tiempo con familiares y amigos, salir al cine, comer en restaurantes o ir a reuniones.

Personalmente, una de las cosas que más trabajo me ha costado es ver a mi hermana sin poder abrazarla o besarla. Antes de las fiestas me tocó hacer algunas entregas de regalos navideños... regresé triste a casa, con el corazón roto por no poder abrazar a nadie y sentirme tan lejos y tan cerca de ellos.

Esa necesidad de reunirnos y de abrazarnos ha llevado a mucha gente a romper la cuarentena, contagiándose y contagiando a otros en ese afán de compartir un tiempo juntos. Tal fue el caso del compositor Armando Manzanero, quien estuvo en un evento público en Mérida, donde se contagió y quince días después, falleció por complicaciones relacionadas con el Covid.

9. El hartazgo y la indiferencia pueden tumbar toda una estrategia de sanidad

Más allá de la necesidad de reunirnos, la cual es dolorosa pero puede manejarse con paciencia y tolerancia, son la frustración, la desesperación y el hartazgo lo que han dado al traste con las estrategias de aislamiento en muchas partes del mundo.

Imágenes de gente aglomerada en las playas en Brasil, México, California, el Reino Unido y otros países de Europa han dado la vuelta al mundo, entre expresiones de indignación. Quienes están en esas playas, o en centros comerciales o sitios turísticos, no están ahí por necesidad (salvo los trabajadores) sino por el mero afán de pasear, de salir de sus casas, de "descansar".

Yo entiendo y soy solidaria con quienes tienen que salir a trabajar para ganarse el sustento. También entiendo a quienes tienen que salir a comprar cosas, pagar servicios o realizar diligencias, alguien lo tiene que hacer. Pero andar de paseo en un ambiente de pandemia no es justificable. No en mi opinión.

10. No podemos entender lo que no podemos ver

Finalmente, si algo me queda claro es que seguimos sin ser capaces de entender lo que no podemos ver. Creer en los virus que transmiten enfermedades es como la fe religiosa, es algo invisible a simple vista.

A pesar de la globalización y de toda la información disponible en internet, aun hay gente que no cree, o al menos no le da importancia, a lo que sucede en otros países, porque al no verlo con sus propios ojos, no es algo "que sea real". Muchas veces creo que ver los noticieros es casi como ver películas o series: llenos de imágenes surreales, ficticias, lejanas...

Así ha sido el Covid para mucha gente, algo etéreo, falso, una "teoría conspiracionista" o, en el mejor de los casos, "una estrategia de los gobiernos para reducir la población". 

Tristemente, mucha gente negó la letalidad del virus hasta que alguien cercano se contagió y falleció. Algunos vlogguers e influencers retaron los esquemas de salud y se contagiaron. Porque, como dijo Tomás, el discípulo incrédulo: "si no veo y toco las llagas de Cristo, no creeré que ha resucitado". Hasta no ver, no creer, dice el dicho ahora. Y así, mucha gente sigue caminando diariamente, arriesgando su vida por no darle la importancia debida a un microscópico bicho que está poniendo al mundo de cabeza, un bicho microscópico para el cual todavía no hay cura segura, un virus invisible que está mutando, multiplicándose y ganando las batallas en todos los países que infecta. Ahí está, afuera, en todas partes, y ahí seguirá por mucho tiempo... aunque no lo podamos ver.

Thursday, January 31, 2019

Otro paso adelante

Termina el primer mes del año y tengo la cabeza llena de ideas, pensamientos, recuerdos, arrepentimientos, anhelos y oraciones no expresadas verbalmente. Sé que la Biblia dice que Dios conoce los deseos de nuestro corazón, pero sé también que como parte de la fé, la oración y la entrega cada uno tiene que poner sus necesidades, problemas y deseos ante Dios, y yo simplemente no lo he hecho este año.

Empecé el 2019 enferma. Luego siguió mi hija, y luego mi marido. Como parte de mi recuperación no pude iniciar el año con ayuno como lo he hecho los años pasados, pero tampoco me di el tiempo para hacer oración por lo menos... La verdad es que he estado desganada y tengo tanto que revolotea por mi cabeza que muchas veces, cuando trato de orar, simplemente no sé por dónde empezar ni por dónde continuar.

Cumplí 43 años ya. Mi primer cumpleaños sin mi mamá, aunque ya el año pasado lo pasé mal y deprimida pues sabía que ella estaba próxima a morir. Traté de pasarlo bien con mi familia cercana, pero en un momento dado no pude evitar llorar al recordar a mi mamá en el abrazo de una tía... Ni hablar, un año más y un paso más que dar en el camino de la vida.

Aún no se cumple el año de aniversario luctuoso de mi mamá, pero ya es hora de descargarme el luto de los hombros. Sé que la seguiré extrañando mucho tiempo, toda la vida, pero miro atrás y veo lo complicado que fue 2018 para mí y necesito que este año sea diferente, mejor, más optimista, más productivo. No puedo darme el lujo de perder más tiempo en medio de las telarañas mentales de mi cabeza. Tengo que sacudírmelas y dar otro paso adelante.

Tengo una empresa en stand-by que requiere atención. Tengo un buen trabajo que debo cuidar (mientras respondía la evaluación de fin de año me sentía mal por todos los objetivos no logrados, que ni siquiera las metas cumplidas me hicieron sentir mejor). Tengo que seguir avanzando profesionalmente. Ya es hora de terminar la pausa.

Y tengo (tenemos) proyectos personales y familiares. Este año marcará cambios positivos, lo sé. Es solo cuestión de seguir avanzando, un pie tras otro, reactivar la maquinaria de los sueños que me han permitido llegar a donde estoy y que deben llevarme a donde quiero llegar.

Necesitaba unas vacaciones para recargarme antes de todo esto, pero con la influenza no se pudo. Ni hablar, la vida una vez más enseña que más importante que los planes es la resiliencia y la voluntad de seguir andando y no quedarse quieto; no importa si se avanza de frente, si se dan pasos de lado o si se tiene que desandar parte del camino para encontrar otra ruta y avanzar por ahí, lo importante es no dejar de caminar.

2018 fue una pausa. Fue preciso detenerme para llorar, para respirar, para cerrar los ojos y soltar. 2019 es el año de seguir dando más pasos rumbo a las metas planeadas. Y espero que Dios esté conmigo, o mejor dicho, espero caminar junto a Dios en cada fase del camino.

Es hora. Otro paso más...

Tuesday, July 24, 2018

A volar

Así como para los pájaros es necesario migrar, abrir sus alas y volar, dejando atrás el nido que construyeron con esfuerzo, ha llegado la hora para que mi hija y yo dejemos la que ha sido nuestra casa en los últimos 9 años, más o menos.

Mis planes para vivir en pareja finalmente se concretan y estamos ya empacando todo, depurando cosas, tirando lo que no sirve, regalando lo que sí sirve pero ya no vamos a llevar con nosotras... vamos más ligeras en este viaje, para poder volar alto y alcanzar nuestras metas.


Y verdaderamente que las mudanzas sirven mucho para dejar atrás el lastre, para revisar lo que sirve y lo que ya no. Yo no quiero andar con toda la carga a cuestas, como caracol. Quiero llevar solo los recuerdos más preciados, las cosas más útiles, lo más importante...

Llevo a mi hija, mi perra, mis cuatro gatos, mis plantas y mis libros. Llevo los utensilios que utilizo para cocinar. Mis películas favoritas. Mi ropa y zapatos. Ya con eso soy afortunada porque llevo mucho más de lo que mucha gente alcanza a llevarse cuando se ve forzada a dejar su casa.

Con todo lo demás he tenido que ser muy crítica. Estoy regalando tanto que espero que sea de bendición para quienes sí lo van a usar. 

Y aunque desprenderse es una tarea dura, sobre todo considerando que muchas cosas que tengo que dejar no eran mías, sino de mi mamá y mi abuelita, hay también emociones positivas: esperanza, amor y la ilusión de ahorrar dinero para comprar algo propio.

Sé que tenemos la bendición de Dios porque he sentido su mano protegiéndonos y proveyendo a lo largo de este recorrido. Y de Su mano espero seguir, cada uno de mis pasos, para que todo lo que suceda siga siendo bendecido por Él.

Thursday, June 21, 2018

Paren el mundo...

Aquí estoy, finalmente, después de 9 meses de mi última publicación. Intento soltar la musa aletargada que huye de mi creatividad desde hace meses...

Estaba tan contenta de que había logrado un ritmo constante en mis publicaciones en el 2016, y aunque el 2017 fue un año difícil esperaba retomar las cosas justo en septiembre, con aquél post sobre los consejos alimenticios para mis connacionales. Pero no esperaba la serie de eventos que se me vinieron encima, empezando por el que cimbró no solo mis bases, sino la tierra de los habitantes de la Ciudad de México y estados aledaños.

El sismo del 19 de septiembre fue una macro zarandeada. Nos tomó de sorpresa. Nos hizo recordar que ante la fuerza de la naturaleza es poco lo que podemos hacer, tal vez nada... Todos esos memes que solían hacernos reír después de cada temblor en otros lugares, que realmente no causaban daños en la Ciudad de México, ahora ya no eran graciosos.

Aún hoy, nueve meses después, se me encoge el corazón cuando paso al lado de algún edificio dañado que, milagrosamente, sigue en pie, pero está completamente deshabitado, cuarteado, quebrado... como un recordatorio viviente para las generaciones más jóvenes y aquéllos que ya habíamos olvidado cómo se sintió el sismo de 1985.

En ese entonces yo era muy chica, tenía 9 años y no sabía lo que pasaba. No tuve conciencia de la magnitud del movimiento telúrico hasta que vi las noticias. Pero, por lo mismo, después de 30 años ya no recordaba la intensidad del movimiento de los terremotos del 85 ni les temía tanto a los temblores. Incluso solía decir que por un sismo de menos de 6.5 grados no me levantaba de la cama.

El sismo del 2017 nos enseñó que los temblores no siempre vienen precedidos por una alerta sísmica, y que de la nada puede venir un temblor muy fuerte, tanto que no habrá ni 60 segundos para salir de casa y ponerse a salvo. Lo cierto es que desde septiembre cada vez que escucho la alerta el corazón me da un brinco y la adrenalina me hace salir corriendo de mi casa. Ya no me importa si el temblor viene leve o no, mejor me entero estando a salvo.

Fue tal el susto de la experiencia que mi hija y yo nos fuimos casi una semana, con todo y gatos y perra, a casa de mi novio. Con los meses hemos vuelto a la normalidad, pero nomás suena la alerta (o la alarma de un coche, o el claxon de un camión) nos brinca el corazón y hasta mi perra se pone a temblar de los nervios.

Pero después de esa zarandeada, el mundo siguió girando. Demasiado rápido para mi gusto :(

En el lado familiar, la salud de mi mamá iba de mal en peor. Cada vez más rápido, mi mamá pasaba de pensamientos positivos a sumirse en dolores cada vez más fuertes e insoportables. Y los medicamentos para el dolor poco le ayudaban. Ya había llegado al punto de consumir mariguana machacada para paliar el dolor...

Los gastos también se fueron incrementando, lógicamente. 

En noviembre, mi mamá tuvo que ser internada de emergencia. Se salvó de milagro. Después de ver lo que sufrió todavía los últimos meses de su vida, hoy me pregunto si no hubiera sido mejor para ella morir ahí... pero Dios aún tenía planes para su vida. Mamá salió del hospital sin haber fumado 10 días. Y no volvió a hacerlo. Ella quería morir libre del cigarro, y así fue al final.

Cinco meses más vivió mi mamá. Cinco meses de gastos en aumento para mí, porque en ese momento las circunstancias familiares así se prestaron. Cinco meses de dolores en aumento para mi mamá. Cinco meses de esperanzas que se encendían y se apagaban, vacilantes entre las ganas de vivir de mi mamá y sus episodios de dolor que la hacían desear que todo terminara ya. Pasó de consumir la marihuana a fumarla; aunque era más rápido y efectivo, poco le duraba el gusto. Los dolores ya eran insoportables.

Ella partió la noche del 30 de abril de este año. Y aunque todos sabíamos que ella moriría, que esa enfermedad la estaba consumiendo por dentro y por fuera, que el lupus es una condena de muerte y que tarde o temprano se la llevaría, aún así el dolor de su partida nos quebró. Ella aún era joven. Recién había cumplido 64 años (yo todavía tuve la oportunidad de visitarla a principios de abril, con mi hija, para su cumpleaños) y sabiendo que mi abuelita vivió casi 92 años, es inevitable sentir que la vida de mi mamá terminó pronto.

Mayo pasó como un tornado. 


Entre el luto y la necesidad de viajar a La Paz para ayudar a mi tía con las cosas de mi mamá, el trabajo se me acumuló. Los dos trabajos, de hecho. Los gastos de mi mamá terminaron pero ha habido otros, y vienen más.

Ha habido noticias buenas, pero ayudar a mi tía a que viaje a Estados Unidos para el trámite de su pensión de viudez implica un desembolso fuerte. 

César y yo seguimos con los planes de vivir juntos y ya está todo enfocado a hacer la mudanza en julio. Mi hija ya está inscrita en una prepa en Satélite. Pero hay que hacer ajustes al espacio donde vamos a vivir; para tener cierta privacidad y separación en la casa de mi suegra, necesitamos habilitar la planta alta como un loft separado, con una pequeña cocineta y escaleras de acceso independientes. Y ello implica un gasto.

La empresa ha tenido sus altibajos y aún no deja utilidades. Y con las elecciones encima, todas las compañías han parado sus proyectos, sobre todo los que tienen que ver con comunicación y relaciones públicas.

Todo apunta a que las cosas mejorarán el segundo semestre de este año. Pero estos seis meses han sido muy duros para mí. Estoy bajo mucha presión: tengo que entregar la contabilidad del condominio a fin de mes; tengo que empacar lo que me voy a llevar, empacar y donar lo que no me voy a llevar; terminar de revisar las cosas de mi mamá que quedan en el departamento; pintar el depa y arreglar el hoyo en el piso de la recámara principal; conseguir quién se va a quedar rentando el depa cuando yo me vaya; ayudar a mi tía con su viaje a EE.UU. y definir qué pasará con la señora que me ayuda con la limpieza (ella vive en Tláhuac y yo me iré a Satélite, si no podemos ofrecerle algo de planta, será muy difícil para todos el que ella se mantenga de entrada por salida) :S

Me siento agobiada. Bloqueda. Ansiosa. Frágil y vulnerable como hace mucho tiempo no me sentía.

Pero justo hoy, como una bendición, una amiga me mandó esta imagen por whatsapp:



Y aquí estoy. Tratando de superar este "embotamiento" creativo al soltar finalmente todo lo que me embarga por dentro.

Quisiera, a ratos, que se detuviera todo: el mundo, el sol, las estrellas, el vuelo de las abejas. Todo. Todo menos yo. Y usar ese tiempo para descansar largo y tendido. Para llorar, y hasta para avanzar con todo lo que tengo pendiente. Y entonces sí, que vuelva a girar.

Wednesday, May 31, 2017

Resumen de medio año

El año pasado estaba encarrerada con las publicaciones en el blog, tal vez no con tanta frecuencia como quisiera, pero llevaba un ritmo. Mi meta era terminar el año con al menos 50 posts en el blog, lo cual superaría el número de posts que publiqué en casi todos estos años, excepto 2006 y 2007, cuando más fructífera fui.

Pero hacia finales de agosto, mi vida se complicó y se llenó de compromisos personales, laborales y profesionales que me alejaron de mi blog... hasta ahora.

A manera de resumen, voy a detallar en incisos algunos de los temas que más tiempo me absorbieron en estos meses:

* A finales de agosto cometí el error de aceptar un rol en el comité de administración del condominio en el que vivo. Fue un error porque eso me generó una carga de trabajo adicional más fuerte de lo que yo preví, en una labor voluntaria y gratuita, que además implica escuchar constantemente quejas de otros condóminos -muchos de los cuales ni siquiera están al corriente en el pago de sus mantenimientos. En verdad cuento los días para que llegue septiembre y desligarme de este cargo, pues ya no puedo más con ello...

* Por las mismas fechas, me embarqué en un nuevo proyecto con mi novio y dos amigos. Nos lanzamos a emprender un negocio, y desde mediados de septiembre empezamos con las reuniones de planificación, estructura, generación del sitio web y la presentación... se nos vino encima el fin de año y terminamos constituyendo oficialmente la empresa a principios de febrero de este año. A partir de ese momento ellos se han dado a la tarea de salir a buscar clientes, pero ha sido un proceso más lento y menos fructífero de lo que esperábamos. Como sea, he tenido que dedicar varias horas a este proyecto en horarios que antes utilizaba para descansar, leer o incluso escribir mi blog.

* También por esas fechas me metí a tomar clases de portugués en una escuela de idiomas cerca de mi casa. Unos meses antes había iniciado con un esquema en línea, pero la verdad es que no tenía la disciplina para sentarme frente a la computadora y tomar religiosamente mi clase. No me arrepiento del tiempo que le he dedicado a las clases porque he avanzado muchísimo, ya redacto bastante decente (luego compartiré algunos escritos que he hecho en portugués, para la clase), pero tomar la clase cuatro días a la semana, en la tarde, significa que solo me quedan las mañanas para sacar mi chamba. Y no me es suficiente el tiempo :S

* En lo familiar pasé por varias circunstancias estresantes, que no voy a detallar aquí, pero que sumaron a la carga de trabajo y de presión que ya traía.

* Todo lo anterior ha resultado en episodios de enfermedad, generados por mi mal manejo del estrés y por el exceso de presión

* Los fines de semana no adelanto mucha chamba porque, además de que son los días que dedico a mi hija y a mi novio, en verdad requiero ese tiempo para descansar. Pero a veces también hay compromisos y ni descansa uno, ni avanza en lo pendiente.

* Con todo, intenté no dejar de lado la lectura; de hecho, leer fue una forma de distraerme y desconectarme de la compu. Sí, después de todo lo anterior (más lo que se sumaba cada día) lo único que quería al final del día era cerrar la computadora, y todas mis ideas para el blog se quedaban en eso: ideas en mi mente.

Escribo estas líneas justo en un momento en el que estoy saliendo de algunos cambios, una fuerte gripe que me duró tres semanas y otras circunstancias extenuantes. Escribo, como siempre, con la voluntad y el deseo de retomar mi ritmo y volver a publicar con cierta frecuencia. No puedo dejar de escribir, es mi principal forma de expresión. No soy muy buena para hablar, quienes me conocen bien lo saben...

Escribir es mi desahogo, mi fuente de inspiración, mi voz. ¡Dios! En verdad necesitaba darme tiempo para escribir unas líneas en este espacio. Procuraré seguir así lo más que pueda :)

Friday, July 22, 2016

Dejándome llevar

Hace unos días platicaba con una amiga que padece un trastorno psicológico obsesivo-compulsivo (TOC) que le ha generado problemas, ella siempre ha querido tener control de las cosas y le resulta muy difícil aceptar que la batalla contra el TOC no debe pelearse, sino asumirse.

Yo le conté de cuando me diagnosticaron la distimia, que se siente como si te diagnosticaran una enfermedad crónica de por vida, casi incurable, y es que en cierta forma así es. Pero al mismo tiempo para mí fue liberador, porque pude entender que muchas de mis depresiones no tenían una verdadera raíz, sino que al aquejarme la distimia las emociones se enraizaban de sentimientos subyacentes, encontraban un motivo y se afianzaban de él para deprimirme. Cuando entendí que eso no era mío, pude enfrentarlo mejor.

Y es que el secreto para afrontarlo no fue pelear contra mi enfermedad, sino aceptarla. Reconocí mi padecimiento y ello me ayudó a separar mis emociones de los sentimientos trastornados por la distimia. Sí, ocasionalmente me entristezco o me llego a deprimir, pero ya no me engancho en ello. Ahora dejo que las emociones sigan su camino, que fluyan y se vayan. Antes, al buscar la razón de mi depresión siempre encontraba "motivos de fondo", situaciones que servían de caldo de cultivo para incrementar los sentimientos nocivos. Y me dejaba ir. Y me deprimía sin motivo real, pero al mismo tiempo no podía controlarlo.

Traté durante años de combatir estos sentimientos, que además se exacerbaban cuando mis relaciones amorosas no iban bien, creando verdaderos cócteles emocionales que llegaron a volverme loca por ratos, literal.

Así, terminé por reprimir mis emociones, pues me daba miedo darles vuelo, darles poder sobre mí. 

Pero cuando la psicóloga me diagnosticó la distimia y me trató durante la terapia, pude aceptar esa parte, minimizarla y concentrarme en las emociones reales. Fue liberador.

Bueno, liberador en cierta forma, porque retuve bajo control muchos sentimientos. Descubrí que podía vivir mejor, más tranquila y más serena. Y cuando pruebas esa calma, ya no la quieres perder. 

Hasta ahí todo bien. El problema fue que no lograba soltar mis sentimientos con mi novio. Él, quien se tomó el tiempo para conocerme de verdad, que no salió corriendo al descubrir mis locuras y mis trastornos, que se quedó conmigo a pesar de todo... con quien tengo planes de hacer una vida en conjunto... y aún así no podía dejar fluir todo lo que siento por él. 

La verdad es que tenía miedo de soltar mis emociones otra vez. Miedo de que se liberaran como caballos salvajes, miedo de que las emociones se volvieran demasiado poderosas y me agobiaran, y me enloquecieran... y no quiero volver a ese oscuro sitio otra vez... nunca más.

Pero entendí que no era justo para él, y que en algún momento yo debía soltar mis emociones y mostrarle mis sentimientos, todos... abrirme por completo. Y bueno, no fue fácil, tuvimos un par de discusiones por este tema hasta que finalmente yo le espeté mis temores... y él los entendió, y me abrazó.

Y me abrí otra vez. No puedo decir que todo fluye como si una presa se hubiera roto, pero sí estoy dejando salir mis sentimientos sin temor. Y se siente bien. Se siente bien estar enamorado y bien correspondido. Se siente bien dejarse llevar. Se siente bien soltarse y disfrutar. Sí, se siente bien... :)

Tuesday, June 21, 2016

Vomitando pensamientos

Es difícil adoptar una postura radical o tener opiniones sólidas en circunstancias como las que vive México hoy en día...

Me duele ver a mi país dividido entre el manejo de la información por parte de los medios, por un lado, y las redes sociales, por el otro. Si bien en cierta forma las redes sociales han permitido ver la otra cara de la moneda y conocer situaciones que antes eran francamente censuradas por el Gobierno, también es cierto que hay quienes han aprendido a manipular la información, publicando fotos y textos falseados, que son fácilmente difundidos por miles de personas que no verifican los datos.

Es difícil tomar postura, pues, ante circunstancias así.

En un México donde la izquierda busca a toda costa llegar al poder, sin importar si ello significa que se alíen con el partido ultraconservador de extrema derecha; incongruencias a la orden del día.

Un México en el que la nota del día, de la semana, la hace un equipo mediocre de fútbol que jugó terriblemente el partido contra un rival que sí buscaba la clasificación, pero en el cual medio pueblo tenía puesta la esperanza de ver un "mejor México".

Un país en donde los criminales son defendidos por la Comisión de Derechos Humanos, donde los sindicatos de maestros provocan marchas y manifestaciones en la capital y otros estados, pero cuando la policía entra en acción y se genera un enfrentamiento, se habla de represión.

Un país del cual Salvador Dalí se expresó como "más surrealista que él mismo"; donde la religión lleva las riendas del comportamiento general pero Dios es la figura menos importante de toda la estructura religiosa cultural; donde se exige que el Presidente de la Nación renuncie pero se toleran los funcionarios, los alcaldes y gobernadores corruptos e ineficientes; donde se pone en tela de juicio toda la información que se transmite por los medios de comunicación tradicionales, aunque demuestren que están llevando a cabo una investigación veraz, mientras que se acepta como cierta la información difundida en redes sociales, la cual muchas veces no es verídica.

Un país en donde una situación que atenta contra los derechos humanos de las personas polariza las opiniones de la gente, pues divididos entre opiniones, ideologías, corrientes políticas e intereses económicos para algunos es difícil entender la causa de fondo de algunos conflictos que llevan a la gente a manifestarse, aún cuando ello implique afectar a muchos otros y no al Gobierno.

Un país donde es difícil reconocer hasta qué punto se llevó a cabo una sanguinaria represión hacia un grupo de civiles, y hasta qué punto se trató de un enfrentamiento abierto entre grupos armados y elementos de la policía federal, con sus consecuentes bajas.

No se puede mantener una postura en contra de los intereses politizados de los pseudo maestros de la CNTE sin sentir una congoja sincera por todos aquellos que perdieron la vida, desaparecieron o quedaron heridos. 

No se puede estar 100% a favor del Estado cuando ves muestras de corrupción y abuso de la fuerza en diversos estados del país.

Pero tampoco se puede apoyar a grupos del pueblo que pretenden conservar una postura política populista y paternalista, donde con solo estirar la mano "papá Gobierno" atiende sus necesidades. 

México ya no puede tolerar más injusticias. De ninguna clase.

No podemos tolerar más muertes, desapariciones, torturas, corrupción e impunidades. No podemos tolerar más promesas políticas huecas. No podemos tolerar que se destinen cantidades millonarias de fondos a un deporte mediocre mientras que miles de atletas de alto desempeño se esfuerzan para destacar por su cuenta. No podemos tolerar más juegos políticos donde los funcionarios sólo cambian de un partido a otro para seguir comiendo del erario, sin aportar nada a la sociedad. No podemos tolerar una izquierda que promete demasiado a la gente pobre y esperanzada, ansiosa de que le resuelvan sus problemas en un tris. No podemos tolerar divisiones entre el pueblo. No podemos tolerar seguir mailnformados, o recibir información tergiversada por cualquiera que sea la fuente de nuestra preferencia. No podemos tampoco cerrar los ojos a lo que está pasando, y cegarnos indolentemente mientras la gente muere y lucha por mejores condiciones. No podemos negar que ambas partes tienen razón, y que también están equivocadas en cierta forma. No podemos tomar partido y mantener esa postura de manera inflexible, sin considerar el resto de los elementos en todo el escenario... y no podemos ir de un lado a otro sin hacernos una opinión.

A mí no me gusta ver ni leer malas noticias. El mundo en general está podrido. Niños mueren de hambre en todos lados. Gente tortura y mata animales solo porque sí. Los asesinatos están a la orden del día, cada vez más violentos... No se puede vivir tranquila con tantas malas noticias en la cabeza.

Pero no se puede hacer oídos sordos al caos y la crisis que apremia a la sociedad mexicana, que clama por una reforma política profunda y busca esperanzada la solución en una izquierda falsa de discurso populista. No puedo fingir que no creo que el conflicto de Oaxaca sea de proporciones mayores de las que reporta el Gobierno. Y no puedo negar que el hartazgo generalizado está destapando cientos de cloacas políticas y que la porquería se sale y alcanza a quienes están cerca. 

México está en crisis. Importantes entidades del país viven en caos. Y el Gobierno actual no ha podido tapar todos los huecos ni apagar todos los fuegos; el país se le está saliendo de control y la política es como un "Juego de Tronos" en donde unos defienden el poder con garras y dientes, mientras que otros intentan por todos los medios derrocar a quienes se sientan en la silla presidencial. Juegan a quitar a un partido del poder mientras desatienden las peticiones de un pueblo hambriento, enfermo, pobre y desesperado.

Y este panorama hace creer a muchos que finalmente está llegando el momento en que la sociedad gane poder y cambie el escenario político actual, derrocando al Gobierno opresor y garantizando beneficios y derechos en un futuro brillante para el pueblo.

Yo, tristemente, no lo veo así. Creo que simplemente cambiará el orden de las piezas, como en un juego de ajedrez, donde los peones son sacrificables y los reinados se turnan e intercambian, dependiendo de la agudeza mental de los estrategas en turno. 

Sí, ya sé, esto es patético. Y habla de una total falta de fe de mi parte. Pero mi fe no está puesta en los humanos. Somos un asco. Y no, en verdad no creo que un cambio de Gobierno por un partido político distinto cambie de raíz la problemática del país. Sólo la manejarán de otra forma, la maquillarán, esconderán o acallarán las voces con tarjetas de despensa...

Pero, como en muchas otras ocasiones lo he dicho, espero estar equivocada. De verdad.

Wednesday, February 03, 2016

Regreso al balance

Si bien estos días me di ciertos permisos con los carbohidratos, mi cuerpo volvió a pedirme verduras y vegetales. Ya es algo necesario, mientras que los antojos de carbohidratos se sacian más rápido que antes, me lleno pronto y si como mucho carbohidrato y pocas frutas y verduras, me duele la panza y me siento inflamada. Es como si mi metabolismo me pidiera volver al balance.

Lo mismo me pasa con mi vida espiritual. Aunque no lo cumplí al 100%, estos días de ayuno me ayudaron a reencontrar lo que sentí perdido el año pasado. A principios de enero me sentía agobiada con las cosas que se me vendrían encima y las que ya traía, pero el tiempo de oración y ayuno, así como las charlas oportunas con personas clave, me ayudó a reenfocar mis energías y a sentir nuevamente la presencia de Dios.

Incluso todo lo que sucede alrededor de mi relación con César se ha ido asentando, fincando un camino claro ante mis pies. Me siento tranquila y en paz, con metas claras para este año en mi vida de pareja, mi vida laboral y otros aspectos de mi vida personal y familiar.

Empiezo febrero sintiéndome en balance; quiera Dios que termine el 2016 de la misma forma. 

Sunday, October 18, 2015

¿Señales? ¿O no?

Lo soñé. 

Ayer poco antes de despertarme, recuerdo con claridad que lo soñé: un episodio breve en el que estaba en casa de mi novio, con mi hija, y entonces él recibía esa llamada... En mi sueño me sorprendió su reacción y me molesté; pero al despertar, momentos después, pensé que sólo era una proyección de mi nerviosismo por pasar esa tarde en su casa, con mi hija. Era la primera vez que la llevaría y no estaba segura de cómo se comportaría.

No le di más importancia. Ayer había varias cosas que hacer. 

Llevé a Vale al teatro para ver una adaptación de "El fantasma de Canterville", de Oscar Wilde. Regresamos a casa y nos alistamos para ir con César.

A regañadientes, Vale accedió a ir, con la condición de llevar su computadora para trabajar por la tarde, después de comer.

Después del malhumor inicial, que se disipó durante la comida, pasamos una tarde deliciosa. Al terminar de ver Volver al futuro en la televisión, mi hija subió a entretenerse con su computadora. César y yo nos quedamos viendo tele y platicando, y todo fluyó sin mayores problemas.

De pronto... mi sueño se hizo realidad, y en apenas unos segundos comprendí que tal vez había recibido un aviso de ese momento...

Le entró una llamada y su reacción fue casi la que visualicé en mi sueño. Al principio, por lo menos. Pero en instantes recapacitó e hizo lo correcto. 

Mientras él colgaba, yo me quedé digiriendo la idea de que ya había vivido ese momento, justo esa mañana, en mis sueños. Aunque en la vida real, las cosas habían resultado un tanto distintas y, de hecho, mejor.

Sin embargo, no logro quitarme de la cabeza la idea de si este aviso, o premonición, tendrá algún significado espiritual... Y de ser así, ¿cuál sería ese significado? ¿Qué es lo que debería ver?

Hasta donde lo puedo entender, el sueño me permitió pasar por el momento real con mucha más tranquilidad y claridad de lo que hubiera tenido de no haberlo "vivido" con anterioridad. 

La conversación post-llamada entre mi novio y yo fue directa y estructurada. No sé si hubiera logrado esa claridad al momento, pues yo no reacciono al instante. Generalmente tardo en procesar las cosas y en reaccionar de manera apropiada. Así que, por lo que a mí respecta, esa premonición fue beneficiosa, y más aún al ver que en la vida real el resultado fue distinto.

Sé que Dios a veces le habla en sueños a la gente, pero de ser así, sigo sin ver claramente señales que me indiquen que él no es el hombre para mi. No hay tal certeza.

Al contrario. Después de la charla de anoche, nos vinculamos más. Incluso mi hija pasó un buen rato en su casa. Y esto, para mí, es señal de que las cosas siguen fluyendo en la dirección que anhela mi corazón.

Así que seguiremos avanzando en ese sentido...

Wednesday, September 16, 2015

Respira hondo y flota

Siento como si hubiera estado a punto de ahogarme... al menos emocional y espiritualmente. Las cosas cambian de un momento a otro en la vida. Siempre es así. Para variar, mi ausencia del blog estuvo ligada a una crisis emocional y, en esta ocasión, de fe también.

Tomamos decisiones en la vida que conllevan consecuencias, y esta vez tuve que tomar una decisión que puede ser de vida. Quedarme con mi pareja, aunque no profesa mi misma fe, me llevó al punto de quiebre en la iglesia, y por lo mismo, a cuestionar mi propia fe.

Todos los años de clases dominicales se me vinieron encima, y los argumentos que yo misma dí me abofetearon en voz de mi hija, cuando me reclamó el haber dejado a Dios por un hombre. No estoy dejando a Dios; nunca será así. Y sé que Dios no me dejará a mí. Tuve que dejar el servicio en la iglesia que no es lo mismo. Y no lo estoy dejando precisamente por un hombre; no fue mi elección. Mi elección fue no terminar con mi pareja, y esa decisión conllevó el que los pastores me retiraran del servicio. 

El golpe espiritual y personal fue muy duro y cuestioné muchas cosas: la iglesia, mi fe, mi noviazgo, la Biblia... me deprimí como hace un tiempo no lo hacía. Es decir, yo siempre supe que nunca sería capaz de sacrificar a mi hija como Abraham estuvo a punto de hacerlo con Isaac, pero pensé que era capaz de ser más obediente a Dios. De pronto me pregunto si en verdad hasta aquí llega mi fe... ¿en realidad es este mi cisma teológico?


Después de varias semanas de cuestionamientos, de oración, de dolor, de un tanto de rebeldía y otro tanto de voluntad de reconciliación con Dios, finalmente siento que asomo la cabeza del agua.

Hay cosas que no tengo del todo claras, pero se que mi fe sigue ahí, un poco apaleada pero aún sólida. No sé qué haré sobre el tema de la iglesia, pues de pronto no tengo ganas de ir, pero sé que mi fe y mi concepto de Dios no cambian: sigo siendo su hija y Él sigue conmigo.

No sé qué pasará a futuro con César y conmigo pero creo que esta es una relación de vida. Por eso no lo dejé. No estoy jugando. No dejé el servicio solo para quedarme fornicando de lo lindo, como me dieron a entender los pastores. Si supieran que yo sé bien qué es eso de fornicar sin más... pero hace años que pasé esa etapa, gracias a Dios. Y cuando miro atrás es algo que definitivamente no quiero repetir; agradezco tanto que ya sea parte de mi pasado. Si supieran que lo que tengo con César es completamente distinto...

No sé aún qué pasará con la iglesia. Por un lado estoy tentada a dejar de ir y congregarme en otro sitio, pero algo en mí me dice que no renuncie tan fácil, y que si en verdad estoy segura y tranquila con mi noviazgo, entonces las cosas se arreglarán. No tengo idea de qué hacer, salvo respirar profundo y dejarme llevar por la corriente; seguiré orando y confiando en que Dios está conmigo. Por ahora floto, aún no sé en qué dirección nadar pero ya no siento que me hundo.

Por ahora, estoy tranquila. Eso siempre es ganancia.

Wednesday, October 02, 2013

Yo no creo en las marchas

Este 2 de octubre sabe a antaño, con maestros en marchas y el PRI en el gobierno; estudiantes al pie de guerra, apoyando el movimiento magisterial, esgrimen nuevamente la consigna "2 de octubre no se olvida", cuando la verdad es que ninguno de ellos había nacido en 1968...  ni siquiera yo había nacido, vamos.

Mujeres en Francia enseñan los pechos so-pretexto de manifestarse contra el actual gobierno mexicano. Bien por ellas, pero ¿eso qué? Si de verdad enseñar los senos sirviera de algo para cambiar nuestro escenario, yo sería la primera en quitarme el sostén y motivar a las vecinas a hacer lo mismo. Pero no, nada cambia por exhibir públicamente los senos a todo el mundo.

Hashtags, quejas, consignas y llamados a rebelión inundan las redes sociales... pero tampoco sirve. Muchas de las personas que "se movilizan" en redes sociales en realidad no actúan en el mundo real. Y por más que se desgaste uno los dedos despepitando contra el gobierno, eso no cambia nada. Las reformas siguen y los honorables miembros del Congreso las aprueban sin leer, "asesorados" por sus novios o familiares para quienes han garantizado un sueldo al menos durante el tiempo que dure su legislatura...

Movilizaciones y marchas aturden la ciudad, muchas de ellas con intereses legítimos que son minimizados por los ciudadanos en cuanto los manifestantes pisotean los derechos de los habitantes y trabajadores de esta ciudad. ¿Cómo conceder la razón y sentir empatía por la causa de quienes provocan que la gente llegue tarde a sus trabajos, no llegue a sus citas o de plano hasta tengan que cerrar algunos negocios? ¿Cómo identificarse con la causa de aquéllos que impiden que miles de personas, boleto en mano, entren al aeropuerto y alcancen el vuelo por el cual ya pagaron y que tal vez es urgente que tomen por motivos de trabajo o hasta para visitar a un familiar enfermo?

No, tampoco las marchas surten el efecto deseado. Al contrario, cualquier movilización es, de entrada, vista con malos ojos por los capitalinos que amanecen cada mañana pensando en cuál será la marcha de ese día. Al final, cuando el movimiento es disuelto (con violencia, si es preciso) lo que se consigue es que el grueso de la ciudadanía afectada vea con buenos ojos esas acciones "represoras" del Gobierno... un gobierno deficiente que, si bien debe velar por las necesidades de los grupos marginados, también debe garantizar la seguridad y los derechos de los ciudadanos que viven y trabajan en esta Ciudad.

Y mientras tanto, el pueblo de México, mi pueblo, se divide en opiniones por la Reforma Energética, la Reforma Fiscal, la Reforma Educativa, los medios y el apoyo a los damnificados por los desastres...

Cada quien en lo suyo. Cada quien sus propios intereses. Los maestros, a lo suyo. Los empresarios, a lo suyo. Los políticos, también. 

Cada quien en su propia esfera sin que podamos ver la obra completa, cada quien emite juicios y opiniones y al final ya no importa, pues a falta de acuerdos el Estado decide por nosotros.

Algunos se inconforman, los demás se agachan y siguen como siempre...

Yo no creo en las marchas. No creo en las consignas de las redes sociales. No creo en manifestaciones públicas ni el exhibicionismo como medios de cambio de nuestra sociedad. 

Habrá quién me pregunte: ¿y entonces, cómo? 

Francamente, no lo sé. Pero sigo pensando en ello, buscando una alternativa que en verdad sea de utilidad para lograr, primero que nada, una reforma política de raíz, que es lo que necesitamos...

Monday, May 13, 2013

Si lo llego a saber a tiempo...

De cuando en cuando mi hija se enoja conmigo, principalmente por el hecho de que salgo con alguien. Cuando eso pasa, en medio de sus celos llega a decirme cosas hirientes como "Te odio", "quisiera morir", "ojalá no hubiera nacido", o incluso "Ojalá estuvieras muerta". Más allá de enojarme cuando escucho estas palabras -que sé en cuestión de horas vendrá con la cola entre las patas a pedirme perdón- lo que suelo pensar es ¿Y si sí?

¿Qué pasaría si un día salgo y no regreso, y lo último que ella me dijo fue algo así? Pido mucho que ese momento no llegue pronto, pero la verdad es que nadie tiene la vida comprada y, aunque quiero creer que Dios todavía no me necesita allá arriba, no sé a ciencia cierta cuál es la extensión de mis años...

Días como hoy me vienen esos pensamientos. No solamente porque mi hija me acaba de hacer un berrinche, sino porque hoy cumpliría 35 años mi amada prima María Elena, que falleció hace más de 7 años. Hay heridas cuya cicatriz no termina nunca de sanar, y la que me quedó con la ausencia de ella aún duele. Duele, en primera, porque la extraño mucho, porque era una gran mujer, llena de amor, talentos y capacidades, pero víctima de una enfermedad que al final le cobró la vida. Pero duele también porque sentí que me quedé con tantas cosas que no le dije... cosas buenas, como lo mucho que la amaba y lo agradecida que estaba por su apoyo incondicional.

De vez en cuando pienso en la muerte, sí. Y pienso en todo aquéllo que me gustaría hacer o decir antes de irme, pero también en todo lo que no quiero hacer ni decir, esperando que lo último que haga y diga no sea algo negativo. Luego pienso en mi hija. Siempre pienso en ella, mucho. Y entonces pienso que no quiero faltarle aún, no hasta dentro de muchos, muchos años. No quiero irme sin que ella esté segura de cuánto la amo y no deseo por ningún motivo que cuando llegue mi hora sea ella quien se quede sin cosas que decir, o peor aún, con el remordimiento y la culpa por decirme algo en la furia del momento.

Ojalá cuando llegue mi hora pueda retirarme en paz y con una vida plena, como mi abuelita, que tuvo la oportunidad de despedirse bien y hasta de arrepentirse de todo lo que hizo o dejó de hacer... Nos dejó muchas lecciones de vida y la extraño mucho. Esa es otra de las ausencias que me hacen falta, aunque ésta no duele, porque sé que vivió su vida y se fue bien despedida.

Hace un tiempo leí sobre Bronnie Ware, una enfermera que atendía a pacientes de enfermedades terminales. Después de algunos años de atender a moribundos y escuchar sus últimas palabras, Ware recopiló lo que ella consideraba los 5 grandes arrepentimientos de la gente que está próxima a morir:
  1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera
  2. Ojalá no hubiera trabajado tanto
  3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía
  4. Habría querido volver a tener contacto con mis amigos
  5. Me hubiera gustado ser más feliz
¿Qué añadirían a esta lista? Muchas veces la gente fallece de imprevisto, sin oportunidad siquiera a reaccionar o encomendarse a Dios. Ahí no queda más que tratar cada día de vivir bien y encomendarnos cada mañana a Él. Pero hay quienes son anticipados de la noticia de su muerte inminente por alguna enfermedad terminal. Si ese fuera mi caso, si llego a saberlo con tiempo, ¿qué pensamientos cruzarían por mi cabeza los últimos días de mi vida?
Seguramente, cientos de ideas, preocupaciones y ansiedades alrededor del bienestar de mi hija... aunque, por el momento, ella insista en que si tengo novio es porque no la amo lo suficiente. Dios me dé vida para ver cómo se voltea la moneda en unos años, cuando ella tenga novio y prefiera pasar su tiempo con él que conmigo :P

Friday, May 03, 2013

Entre el pasado y el futuro (que ya empezó)

¿Cómo se retoma un espacio después de un año de ausencia? Muchas veces a lo largo de estos casi 14 meses quise volver a escribir, pero por una u otra razón no lo hice. Lo cierto es que me vi envuelta en una serie de circunstancias que provocaron cambios de fondo y el cierre de algunos ciclos. Las palabras revoloteaban en mi mente, una y otra vez, pero de alguna forma no sentía el flujo adecuado... era una maraña de ideas, parecida a una enredada madeja de estambre sin principio ni fin.

Al final, las cosas han tomado forma y todo parece claro y con rumbo. Sin embargo, antes de ver la luz el escenario se complicó bastante. Para no hacer el cuento largo: inconsistencias en el pago de mis quincenas en los dos empleos anteriores que resultaron en acumulación de deudas y en dejar pendientes asuntos de salud y mantenimiento en el hogar...

Cuando menos me dí cuenta la casa se estaba cayendo, literalmente... un librero se venció, el dañado cableado eléctrico no funciona y no hay luz en el comedor ni en el baño, y hablando del baño, los manerales de lavabo y regadera se oxidaron, goteaban, y el tubo del lavabo se pudrió y se salía el agua. Ni qué decir de las cortinas, todas raídas... La casa se llenó de "reparaciones momentáneas" y yo me llené cada vez más de un sentimiento de incertidumbre y de ansiedad, tratando de hallar la salida en medio de la oscuridad.

Por si fuera poco, las visitas al médico, al dentista y mi revisión con el oculista también se pospusieron... indefinidamente. Así que el estado de mi casa era sólo un reflejo de mi estado de salud... y el de mi hija. Me sentí como náufrago en medio del mar, sin una idea clara del rumbo que tomar. Necesitaba más ingresos pero no sabía de dónde obtenerlos. Busqué alternativas, pero de alguna forma todo se cerraba.

Yyyyyy... eso no era todo. Mi hija entró a terapia por una crisis de celos generada por mi relación de pareja. Bueno, esa relación tuvo una pausa pero reiniciamos hace meses y las cosas van muy bien. Tal vez una de esas pocas cosas que en vez de dañarse se consolidó. Irónicamente, en medio de lo complejo de nuestra relación, con sus problemas personales y los míos, estar juntos es un remanso de paz para ambos, un oasis de risas y de buena charla.

En fin. En medio de este ambiente incierto en el que me encontraba, hice lo único que podía hacer: ponerme de rodillas. Esos meses fueron la oportunidad de poner a prueba mi fe, y me aferré a las promesas bíblicas con todo.

Diciembre fue el mes más denso, y sin embargo, pude experimentar la bendición y protección de Dios en todo momento. Y justo entonces, se encendió una luz y se abrió una puerta.

Y de pronto me encuentro en un empleo de ensueño, trabajando desde mi casa, sin problemas de ingresos, y con la capacidad de ir saldando deudas y metiéndole arreglos a la casa. Y claro, regresaron las visitas al doctor.

Y me pasa más aún. Cuando miro a la mujer que era hace 10 años, incluso hace 5, hay cosas que siento muy distintas a lo que soy hoy. Ya no envidio a mis amigas solteras, ya no ansío ese estilo de vida que les permite viajar cuando quieren e irse de fiesta sin tener que llegar temprano a casa. Tampoco me siento mal por no tener ese concepto de la familia feliz formada por el papá, la mamá y los hijos. Hoy estoy tranquila con mi hija y con el camino que se me presenta por delante.

Me he vuelto muy buena en la cocina. Sigo sin disfrutar hacer la limpieza pero las cremas de vegetales naturales y otros guisos se están volviendo mi especialidad. Lo malo es que eso provoca más platos que lavar que si simplemente abriera la lata y la vaciara en la olla. Ni hablar... espero traer pronto a alguien que me ayude con la limpieza una vez a la semana y se convierta así en mi mejor amiga XD

Al final, de pronto miro atrás y veo muchas cosas han quedad atrás (incluyendo mi sube y baja de emociones). Veo un camino más claro y prometedor, pero ya no voy corriendo para llegar al final, porque prefiero disfrutar el camino y aprovechar para establecer paso a paso los cimientos para mi futuro: casa y coche, y en algún momento mi propio negocio.

Espero darme tiempo para regresar a este espacio al menos una vez a la semana. Seguro que ya perdí todos mis lectores y si alguno queda tal vez no encuentre tan divertidos mis posts, tal vez ya no vomite tanta literatura sentimental como solía hacerlo...

Wednesday, January 11, 2012

¿On tá la musa?

Y de pronto quiero hablar de muchas cosas pero no tengo la compu a la mano para escribirlas en el momento, o estoy en el trabajo, justamente escribiendo, pero de cosas distintas... cosas del trabajo, en horario laboral, que no me permiten ponerme a redactar mis pensamientos justo como me vienen al aire, así que para cuando llego a casa y tengo la oportunidad de abrir mi blog, ya se me fueron las ideas, la inspiración o las ganas de escribir.

Ideas al vuelo... un año que empieza revolucionado, en el que estoy lidiando para no caer en los errores de antaño, tratando de retomar mi ritmo de lecturas pero por alguna razón no lo consigo... Volví a ganar los kilos que había perdido y eso no me hace nada feliz, quiero pensar que es consecuencia de los cambios de estos últimos meses y los ajustes que he tenido que hacer, pero que es cosa de voluntad para retomar mi dieta... tal vez ahora que nos manden a trabajar en casa me sea más fácil porque podré preparar mi comida aquí... Pero ¡qué diablos! Puedo preparar mi comida ahora y llevarla a la oficina, es sólo que no me termina de gustar comer ahí mismo cuando lo que busco a la hora de la comida es despejarme un poco, tomar aire fresco para destrabar las ideas y dejar que fluyan...

Estoy contenta, sí, con muchas ideas y proyectos, tratando de aterrizar todo para poder llevarlo a la práctica y de pronto me parece que no puedo abarcar todo... que si me clavo en el trabajo termino cansada y por las noches ya no me doy tiempo para leer, mucho menos para planear adecuadamente qué clase impartiré para los niños de la iglesia el domingo. Ese tema me preocupa mucho: acepté el compromiso con la voluntad de hacer algo positivo por los pequeños y de pronto siento que no estoy dando mi 100% :S

Poco a poco ha llegado el orden a la casa, pero aún falta mucho que hacer. Lo mismo con mis finanzas. Pero estoy tomando los pasos para asegurarme de que este año quede todo en orden.

Mis dientes... mis ojos... mi peso... mi cuerpo... necesito revisiones médicas. Vale también. Creo que en verdad afecta el desorden financiero a la hora de evaluar las prioridades... ahora tengo que asignar recursos y planear bien cómo hacerlo...

Si algo estoy haciendo bien... o bueno, tratando de hacer, al menos, es dedicar tiempo a mis amigos...y más aún a mi pequeña, porque entiendo que la tengo de préstamo en esta vida y el tiempo pasa volando y al rato ella querrá hacer su voluntad y tomar su camino. Ahora es cuándo.

Y entre los ires y venires del día a día, con los fríos y los aires, me llegan recuerdos de otros días fríos, muy lejos de aquí, el sonido de una moto... su cuerpo junto al mío, dormidos en su cama...

Trato de ahuyentarlos con memorias más frescas... con los besos de quien ahora está presente... los momentos compartidos, su charla, sus abrazos, su calor, su compañía... esa sensación de tranquilidad y relajación que me viene cuando estoy con él... y él dice que conmigo se siente igual, así que lo disfrutamos mucho.

Estoy en una fase de paz, de contentamiento, de prisa por hacer muchas cosas, de ordenamiento, de planeación, de ideas... me falta tiempo para hacer todo lo que quisiera, de pronto tengo más ideas que energía, pero las ganas no paran, así que confio en Dios en que encontraré la forma de encauzar todo hacia fines productivos.

Estoy haciendo lo que me gusta. Estoy disfrutando lo que tengo. Estoy con alguien que me gusta, y mucho. Estoy con gente que quiero y que me quiere. Estoy sembrando, porque quiero cosechar mucho... ya es hora...

Sólo que, entre tantas cosas, de pronto se me esconde la musa. Espero que todo retome su lugar y volver a escribir con frecuencia. Mientras tanto, procuraré pasar por aquí a dejar aunque sea mis ideas al vuelo...