A un año del sismo de 2017 mi corazón no se ha repuesto del todo.
El susto que me llevé ese martes no se ha ido. Cada vez que escucho una alarma mi corazón brinca. Y me refiero a cualquier alarma: la de un auto, la de una casa, la sirena de una patrulla que se enciende de repente, o incluso las bocinas de los camiones. Por un segundo, el vello de la piel se me eriza y todos mis sentidos están alertas para reconocer si se trata de la alerta sísmica o no. Tan pronto mi cerebro registra que no se trata de la alerta sísmica, mi corazón recupera el paso, mi respiración brevemente interrumpida retoma el ritmo y mis sentidos vuelven a concentrarse en lo que estaba haciendo.
Y es que el 19 de septiembre de 2017 no solamente removió el suelo en el que vivo, sino que zarandeó lo más profundo de mi ser...
Hasta ese día, mi forma de ver y enfrentar los temblores era muy simple. Yo era tan chica en 1985 que realmente no experimenté el miedo en ese entonces. El primer sismo, de hecho, no supe qué estaba pasando: mi mamá me sacó del baño, donde me estaba peinando para ir a la escuela, y me llevó junto a ella, debajo de una columna de la casa. Ahí fue cuando entendí que ese movimiento del edificio no era bueno.
Pero más allá de eso, no entendí más. La zona donde yo vivía no fue afectada y para mí la vida seguía normal, salvo por la falta de clases durante varios días. Veía en las noticias que se habían caído muchos edificios y que mucha gente quedó atrapada en ellos, pero no eran mi gente, no los conocía. Sí, estaba impactada, pero no era algo que permeara mi piel.
Mi mamá todos los días llevaba café y sándwiches para los rescatistas. Mis hermanos y yo le ayudábamos a preparar los sándwiches y yo admiraba lo que hacía, pero no lo entendía. En ese entonces solo tenía 9 años y la única forma de saber lo que pasaba era viendo la televisión, pero yo vivía en un condominio donde los niños salíamos a jugar al patio, así que las referencias negativas del terremoto las tuve hasta que regresamos a clases y supe que algunos compañeros perdieron a familiares o amigos. Fue entonces cuando supe que el suceso había sido más cercano de lo que yo lo percibía...
Los simulacros empezaron poco después de eso. De alguna forma, el comprender lo que un sismo era capaz de hacer generaba un flujo de adrenalina cada vez que sonaba la campana, la chicharra o el silbato de los simulacros.
Años después se instauró oficialmente la alerta sísmica. Para ese entonces ya me había tocado vivir algunos otros sismos, no tan fuertes como el del 85, pero ya sabía de lo que era capaz la naturaleza. Sin embargo, con el tiempo se fue diluyendo el temor. Con las redes sociales se popularizaron los "memes" y después de cada sismo -que hasta ese entonces no había causado daños en la ciudad- se compartían imágenes de bolillos o chistes para aligerar el susto.
Eso hicimos después del sismo de 8.2 la noche del 7 de septiembre de 2017, con epicentro en Oaxaca. En ese estado se cayeron muchas casas, hubo gente muerta y muchas personas perdieron su patrimonio, pero en el DF no pasó nada, así que seguimos adelante, enviamos ayuda y ya. Nadie sabía lo que pasaría un par de semanas después...
Apenas dos horas después del mega simulacro de todos los años para recordar los sismos de 1985, sin aviso, el suelo se movió de una forma aterradora.
Un crujir de la ventana, mi perra se levantó rápidamente del sillón donde estaba, ladró a la ventana, e inmediatamente después el edificio empezó a zarandearse con fuerza. Descalza como solía estar, apenas pude dejar la computadora de lado para correr por la correa de mi perra, ponérsela rápidamente mientras veía cómo una lámpara se caía al piso, y salir corriendo por las escaleras. Mientras aún bajaba los escalones, pidiéndole a Dios que nos protegiera, escuché el sonido de cristales quebrándose y en cosa de segundos pasó por mi mente la posibilidad de que fueran las ventanas rompiéndose porque el edificio se iba a caer... Nunca había tenido tanto miedo como en esos segundos en los que pensé que el edificio se me vendría encima. Si algo no he podido superar, es esa sensación que me invadió en esos pocos segundos, hasta que conseguí salir del edificio y ponerme a salvo con mi perra, donde me arrodillé y le pedí a Dios que cuidara a mi hija, a mi hermana y su familia. Por sobre el ruido de los gritos y la alerta sísmica, escuchaba claramente el rugido de la tierra... un sonido que tuve en mis oídos durante meses, claro y vívido.
Cuando el piso dejó de moverse encargué mi perra con un vecino y subí corriendo por mis gatos y mi teléfono celular. Solo encontré dos gatos y no quería arriesgarme buscando a los otros. Tomé el pet taxi, mi celular y bajé corriendo otra vez, descalza.
Así, descalza, estuve en el patio mientras revisábamos que los edificios no hubieran sufrido daño y nos cerciorábamos de que era seguro volver a entrar a los departamentos. Fue hasta que volví a entrar que me di cuenta que el sonido de cristales rompiéndose se debió a un florero que se cayó de la parte superior de mi vitrina. Tal vez si lo hubiera sabido no hubiera estado con el alma en un hilo, pero no lo supe y el susto que me llevé ya nada lo puede cambiar.
Dejé a mi perra y los gatos, me calcé unos tenis y salí corriendo por mi hija. Ya la ciudad era un caos. Ya sabíamos que algunos edificios se habían caído, pero yo confiaba todavía en que se tratara de edificios viejos. Buena sorpresa nos llevamos los ciudadanos cuando nos enteramos de que varios de los edificios caídos eran recientes. No deberían haberse caído. En una ciudad con alta actividad sísmica, donde existen lineamientos estrictos de construcción en este sentido, no se justifica que las nuevas construcciones se caigan en un sismo.
Mi hija era un mar de llanto cuando llegué por ella. Se asustó por la experiencia pero estaba más preocupada por mí. Nos abrazamos y lloramos. Y regresamos caminando a la casa, escuchando a voces cortadas más malas noticias. Encendimos la tele y empezamos a ver las imágenes de los edificios caídos. Dado que el condominio está en la misma cuadra del Hospital Adolfo López Mateos, el sonido de sirenas de patrullas, ambulancias y helicópteros sobre volando la zona fue constante desde ese momento y durante los días siguientes.
Aunque la tarde del 19 y el 20 preparamos tortas y sándwiches para llevar al hospital, la noche del 20 nos dijeron que la emergencia era mayor en otros hospitales y que ya no necesitaban ayuda ahí, así que el 21, después de pasar dos noches de poco sueño, interrumpido constantemente por las alarmas y sirenas, decidimos empacar y venir a Satélite unos días.
Aún recuerdo el llanto que solté cuando pensé que tenía que regresar a la Ciudad de México, porque mi hija debía volver a clases. Entonces me dí cuenta de que no estaba lista para volver al departamento.
Finalmente tuvimos que volver y seguir nuestra vida. Yo se que el edificio no se dañó. Se que el condominio resistió los movimientos telúricos de 1985 y ese sismo de 2017, sabía que el edificio no se caería, pero el susto que viví no lo podía superar...
Aún hoy, un año después, mi perspectiva de los temblores es muy distinta a la que tenía antes del 19S 2017. Yo solía decir que si temblaba en la noche, no me levantaba de la cama por un sismo menor de 6.5 grados. Hoy salgo corriendo cada vez que escucho la alerta sísmica sin esperar a ver qué tan fuerte viene el sismo; ya entendí que si viene fuerte, no habrá tiempo suficiente para abandonar el edificio.
En los meses posteriores no pude conciliar bien el sueño. Cualquier crujido de ventana me recordaba inmediatamente el sonido que escuché justo antes de que empezara el terremoto y me quitaba el sueño. Y de día estaba siempre alerta. El sonido del rugido de la tierra no se iba de mi mente...
Uno de los tantos motivos que tuve para mudarme fue dejar atrás el temor a los sismos. Y aún estando acá en Satélite he pasado sustos al escuchar las bocinas de los camiones lejanos que me recuerdan la alerta sísmica o por las alarmas de los autos y camionetas que se estacionan cerca de la casa.
El 19 de septiembre de 2017 fue una buena zarandeada. Cambió mi vida. Y nunca podré reaccionar de la misma forma a una alarma. Y así como yo, miles de ciudadanos que hace un año entendimos que las fuerzas de la naturaleza son devastadoras, llegan sin previo aviso y te dejan completamente indefenso y vulnerable.
La revoltura de ideas, emociones y sentimientos de alguien que vive, eternamente, con los pies en la tierra pero la cabeza en las nubes...
Showing posts with label caos. Show all posts
Showing posts with label caos. Show all posts
Saturday, September 29, 2018
Tuesday, June 21, 2016
Vomitando pensamientos
Es difícil adoptar una postura radical o tener opiniones sólidas en circunstancias como las que vive México hoy en día...
Me duele ver a mi país dividido entre el manejo de la información por parte de los medios, por un lado, y las redes sociales, por el otro. Si bien en cierta forma las redes sociales han permitido ver la otra cara de la moneda y conocer situaciones que antes eran francamente censuradas por el Gobierno, también es cierto que hay quienes han aprendido a manipular la información, publicando fotos y textos falseados, que son fácilmente difundidos por miles de personas que no verifican los datos.
Es difícil tomar postura, pues, ante circunstancias así.
En un México donde la izquierda busca a toda costa llegar al poder, sin importar si ello significa que se alíen con el partido ultraconservador de extrema derecha; incongruencias a la orden del día.
Un México en el que la nota del día, de la semana, la hace un equipo mediocre de fútbol que jugó terriblemente el partido contra un rival que sí buscaba la clasificación, pero en el cual medio pueblo tenía puesta la esperanza de ver un "mejor México".
Un país en donde los criminales son defendidos por la Comisión de Derechos Humanos, donde los sindicatos de maestros provocan marchas y manifestaciones en la capital y otros estados, pero cuando la policía entra en acción y se genera un enfrentamiento, se habla de represión.
Un país del cual Salvador Dalí se expresó como "más surrealista que él mismo"; donde la religión lleva las riendas del comportamiento general pero Dios es la figura menos importante de toda la estructura religiosa cultural; donde se exige que el Presidente de la Nación renuncie pero se toleran los funcionarios, los alcaldes y gobernadores corruptos e ineficientes; donde se pone en tela de juicio toda la información que se transmite por los medios de comunicación tradicionales, aunque demuestren que están llevando a cabo una investigación veraz, mientras que se acepta como cierta la información difundida en redes sociales, la cual muchas veces no es verídica.
Un país en donde una situación que atenta contra los derechos humanos de las personas polariza las opiniones de la gente, pues divididos entre opiniones, ideologías, corrientes políticas e intereses económicos para algunos es difícil entender la causa de fondo de algunos conflictos que llevan a la gente a manifestarse, aún cuando ello implique afectar a muchos otros y no al Gobierno.
Un país donde es difícil reconocer hasta qué punto se llevó a cabo una sanguinaria represión hacia un grupo de civiles, y hasta qué punto se trató de un enfrentamiento abierto entre grupos armados y elementos de la policía federal, con sus consecuentes bajas.
No se puede mantener una postura en contra de los intereses politizados de los pseudo maestros de la CNTE sin sentir una congoja sincera por todos aquellos que perdieron la vida, desaparecieron o quedaron heridos.
No se puede estar 100% a favor del Estado cuando ves muestras de corrupción y abuso de la fuerza en diversos estados del país.
Pero tampoco se puede apoyar a grupos del pueblo que pretenden conservar una postura política populista y paternalista, donde con solo estirar la mano "papá Gobierno" atiende sus necesidades.
México ya no puede tolerar más injusticias. De ninguna clase.
No podemos tolerar más muertes, desapariciones, torturas, corrupción e impunidades. No podemos tolerar más promesas políticas huecas. No podemos tolerar que se destinen cantidades millonarias de fondos a un deporte mediocre mientras que miles de atletas de alto desempeño se esfuerzan para destacar por su cuenta. No podemos tolerar más juegos políticos donde los funcionarios sólo cambian de un partido a otro para seguir comiendo del erario, sin aportar nada a la sociedad. No podemos tolerar una izquierda que promete demasiado a la gente pobre y esperanzada, ansiosa de que le resuelvan sus problemas en un tris. No podemos tolerar divisiones entre el pueblo. No podemos tolerar seguir mailnformados, o recibir información tergiversada por cualquiera que sea la fuente de nuestra preferencia. No podemos tampoco cerrar los ojos a lo que está pasando, y cegarnos indolentemente mientras la gente muere y lucha por mejores condiciones. No podemos negar que ambas partes tienen razón, y que también están equivocadas en cierta forma. No podemos tomar partido y mantener esa postura de manera inflexible, sin considerar el resto de los elementos en todo el escenario... y no podemos ir de un lado a otro sin hacernos una opinión.
A mí no me gusta ver ni leer malas noticias. El mundo en general está podrido. Niños mueren de hambre en todos lados. Gente tortura y mata animales solo porque sí. Los asesinatos están a la orden del día, cada vez más violentos... No se puede vivir tranquila con tantas malas noticias en la cabeza.
Pero no se puede hacer oídos sordos al caos y la crisis que apremia a la sociedad mexicana, que clama por una reforma política profunda y busca esperanzada la solución en una izquierda falsa de discurso populista. No puedo fingir que no creo que el conflicto de Oaxaca sea de proporciones mayores de las que reporta el Gobierno. Y no puedo negar que el hartazgo generalizado está destapando cientos de cloacas políticas y que la porquería se sale y alcanza a quienes están cerca.
México está en crisis. Importantes entidades del país viven en caos. Y el Gobierno actual no ha podido tapar todos los huecos ni apagar todos los fuegos; el país se le está saliendo de control y la política es como un "Juego de Tronos" en donde unos defienden el poder con garras y dientes, mientras que otros intentan por todos los medios derrocar a quienes se sientan en la silla presidencial. Juegan a quitar a un partido del poder mientras desatienden las peticiones de un pueblo hambriento, enfermo, pobre y desesperado.
Y este panorama hace creer a muchos que finalmente está llegando el momento en que la sociedad gane poder y cambie el escenario político actual, derrocando al Gobierno opresor y garantizando beneficios y derechos en un futuro brillante para el pueblo.
Yo, tristemente, no lo veo así. Creo que simplemente cambiará el orden de las piezas, como en un juego de ajedrez, donde los peones son sacrificables y los reinados se turnan e intercambian, dependiendo de la agudeza mental de los estrategas en turno.
Sí, ya sé, esto es patético. Y habla de una total falta de fe de mi parte. Pero mi fe no está puesta en los humanos. Somos un asco. Y no, en verdad no creo que un cambio de Gobierno por un partido político distinto cambie de raíz la problemática del país. Sólo la manejarán de otra forma, la maquillarán, esconderán o acallarán las voces con tarjetas de despensa...
Pero, como en muchas otras ocasiones lo he dicho, espero estar equivocada. De verdad.
Me duele ver a mi país dividido entre el manejo de la información por parte de los medios, por un lado, y las redes sociales, por el otro. Si bien en cierta forma las redes sociales han permitido ver la otra cara de la moneda y conocer situaciones que antes eran francamente censuradas por el Gobierno, también es cierto que hay quienes han aprendido a manipular la información, publicando fotos y textos falseados, que son fácilmente difundidos por miles de personas que no verifican los datos.
Es difícil tomar postura, pues, ante circunstancias así.
En un México donde la izquierda busca a toda costa llegar al poder, sin importar si ello significa que se alíen con el partido ultraconservador de extrema derecha; incongruencias a la orden del día.
Un México en el que la nota del día, de la semana, la hace un equipo mediocre de fútbol que jugó terriblemente el partido contra un rival que sí buscaba la clasificación, pero en el cual medio pueblo tenía puesta la esperanza de ver un "mejor México".
Un país en donde los criminales son defendidos por la Comisión de Derechos Humanos, donde los sindicatos de maestros provocan marchas y manifestaciones en la capital y otros estados, pero cuando la policía entra en acción y se genera un enfrentamiento, se habla de represión.
Un país del cual Salvador Dalí se expresó como "más surrealista que él mismo"; donde la religión lleva las riendas del comportamiento general pero Dios es la figura menos importante de toda la estructura religiosa cultural; donde se exige que el Presidente de la Nación renuncie pero se toleran los funcionarios, los alcaldes y gobernadores corruptos e ineficientes; donde se pone en tela de juicio toda la información que se transmite por los medios de comunicación tradicionales, aunque demuestren que están llevando a cabo una investigación veraz, mientras que se acepta como cierta la información difundida en redes sociales, la cual muchas veces no es verídica.
Un país en donde una situación que atenta contra los derechos humanos de las personas polariza las opiniones de la gente, pues divididos entre opiniones, ideologías, corrientes políticas e intereses económicos para algunos es difícil entender la causa de fondo de algunos conflictos que llevan a la gente a manifestarse, aún cuando ello implique afectar a muchos otros y no al Gobierno.
Un país donde es difícil reconocer hasta qué punto se llevó a cabo una sanguinaria represión hacia un grupo de civiles, y hasta qué punto se trató de un enfrentamiento abierto entre grupos armados y elementos de la policía federal, con sus consecuentes bajas.
No se puede mantener una postura en contra de los intereses politizados de los pseudo maestros de la CNTE sin sentir una congoja sincera por todos aquellos que perdieron la vida, desaparecieron o quedaron heridos.
No se puede estar 100% a favor del Estado cuando ves muestras de corrupción y abuso de la fuerza en diversos estados del país.
Pero tampoco se puede apoyar a grupos del pueblo que pretenden conservar una postura política populista y paternalista, donde con solo estirar la mano "papá Gobierno" atiende sus necesidades.
México ya no puede tolerar más injusticias. De ninguna clase.
No podemos tolerar más muertes, desapariciones, torturas, corrupción e impunidades. No podemos tolerar más promesas políticas huecas. No podemos tolerar que se destinen cantidades millonarias de fondos a un deporte mediocre mientras que miles de atletas de alto desempeño se esfuerzan para destacar por su cuenta. No podemos tolerar más juegos políticos donde los funcionarios sólo cambian de un partido a otro para seguir comiendo del erario, sin aportar nada a la sociedad. No podemos tolerar una izquierda que promete demasiado a la gente pobre y esperanzada, ansiosa de que le resuelvan sus problemas en un tris. No podemos tolerar divisiones entre el pueblo. No podemos tolerar seguir mailnformados, o recibir información tergiversada por cualquiera que sea la fuente de nuestra preferencia. No podemos tampoco cerrar los ojos a lo que está pasando, y cegarnos indolentemente mientras la gente muere y lucha por mejores condiciones. No podemos negar que ambas partes tienen razón, y que también están equivocadas en cierta forma. No podemos tomar partido y mantener esa postura de manera inflexible, sin considerar el resto de los elementos en todo el escenario... y no podemos ir de un lado a otro sin hacernos una opinión.
A mí no me gusta ver ni leer malas noticias. El mundo en general está podrido. Niños mueren de hambre en todos lados. Gente tortura y mata animales solo porque sí. Los asesinatos están a la orden del día, cada vez más violentos... No se puede vivir tranquila con tantas malas noticias en la cabeza.
Pero no se puede hacer oídos sordos al caos y la crisis que apremia a la sociedad mexicana, que clama por una reforma política profunda y busca esperanzada la solución en una izquierda falsa de discurso populista. No puedo fingir que no creo que el conflicto de Oaxaca sea de proporciones mayores de las que reporta el Gobierno. Y no puedo negar que el hartazgo generalizado está destapando cientos de cloacas políticas y que la porquería se sale y alcanza a quienes están cerca.
México está en crisis. Importantes entidades del país viven en caos. Y el Gobierno actual no ha podido tapar todos los huecos ni apagar todos los fuegos; el país se le está saliendo de control y la política es como un "Juego de Tronos" en donde unos defienden el poder con garras y dientes, mientras que otros intentan por todos los medios derrocar a quienes se sientan en la silla presidencial. Juegan a quitar a un partido del poder mientras desatienden las peticiones de un pueblo hambriento, enfermo, pobre y desesperado.
Y este panorama hace creer a muchos que finalmente está llegando el momento en que la sociedad gane poder y cambie el escenario político actual, derrocando al Gobierno opresor y garantizando beneficios y derechos en un futuro brillante para el pueblo.
Yo, tristemente, no lo veo así. Creo que simplemente cambiará el orden de las piezas, como en un juego de ajedrez, donde los peones son sacrificables y los reinados se turnan e intercambian, dependiendo de la agudeza mental de los estrategas en turno.
Sí, ya sé, esto es patético. Y habla de una total falta de fe de mi parte. Pero mi fe no está puesta en los humanos. Somos un asco. Y no, en verdad no creo que un cambio de Gobierno por un partido político distinto cambie de raíz la problemática del país. Sólo la manejarán de otra forma, la maquillarán, esconderán o acallarán las voces con tarjetas de despensa...
Pero, como en muchas otras ocasiones lo he dicho, espero estar equivocada. De verdad.
Labels:
caos,
manifestaciones,
México,
pensamientos,
reflexiones
Saturday, October 24, 2015
¿Huracán mediático?
Es una verdadera pena leer tantos comentarios, y ver notas de periódicos dizque serios (como Proceso), argumentando que todas las medidas preventivas de seguridad, y todas las comunicaciones oficiales y mediáticas, fueron solo una campaña de Enrique Peña Nieto...
No entiendo. Que alguien me explique cómo es que pedirle a la gente que se proteja y mantenerla informada podría ayudar a mejorar su imagen. ¿Lo dicen por todos los spots que tuvo al aire? El señor sólo hizo su trabajo, aunque haya gente sin criterio que opine que el Presidente debió viajar a Jalisco y estar en el ojo del huracán. Insisto, ¿cómo para qué? ¿En verdad creen que puede ayudar más paleando agua que tomando decisiones, lo que es su chamba? Reconozcamos algo, el Presidente salió varias veces al aire el día de ayer porque -como dice mi hermano Paco- México es un "país de tlatoanis", donde necesitamos ver a la máxima autoridad emitiendo un mensaje para tomarlo en serio. Digamos que Peña Nieto no hiciera avisos públicos, que delegara esa tarea a los secretarios de Protección Civil y de la SCT, así como a los funcionarios de las dependencias meteorológicas... yo me pregunto cuánta gente le daría la misma relevancia a la información. Pero si viene de el Presidente, entonces tiene que ser importante y entonces sí hacemos caso, ¿no?
Sin embargo, como resulta que el fenómeno bajó su categoría, ahora argumentan que el huracán no era grande, que los medios aquí lo subieron de categoría, como si aterrar a la población fuese una buena estrategia política.
¡Qué comentarios tan estúpidos! Y claro, eso quiere decir que los servicios meteorológicos y noticieros de otros países también coadyuvaron a difundir información "inflada" sobre el huracán Patricia. Qué pena, qué pena leer esos comentarios, incapaces de separar la disensión política de un desastre natural que impacta a todos los afectados por igual, sin importar su afiliación política...
¡Qué falta de memoria colectiva también! Pareciera que ya todos olvidaron los daños que apenas hace un par de años provocaron los huracanes Ingrid y Manuel en Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Puebla, Hidalgo y Veracruz, y no habían sido clasificados con la intensidad que Patricia había adquirido. O el año pasado, cuando Odile recorrió a lo largo Baja California Sur, causando estragos en cientos de poblaciones. ¿Eso esperaban leer hoy, como resultado del paso de Patricia? Yo creo que fue una bendición que el huracán perdiera fuerza y minimizara los daños.
Si Patricia era de categoría 5 y milagrosamente -o casualmente, como quieran- bajó de categoría, sin causar todos los daños esperados, deberíamos dar gracias a Dios -o a lo que quieran- de que no fue tan peligroso. Había vidas humanas -y de animalitos- en riesgo, pero como ya no recibimos comunicados con montones de muertos, entonces ¿desacreditamos el esfuerzo del Gobierno para proteger a los ciudadanos?
Creo que ellos hicieron lo mejor que pudieron con la información que tenían sobre el fenómeno; si hubieran tenido una bolita de cristal que les indicara el futuro tal vez no habrían insistido tanto en las medidas de seguridad. Pero al fin y al cabo la naturaleza es siempre impredecible y debemos agradecer que se diluyó el huracán en vez de fortalecerse o quedarse bailando en la costa de Jalisco.
En fin... Qué pena que el odio a EPN sea tanto que se pierda la objetividad. He dicho. u_u
No entiendo. Que alguien me explique cómo es que pedirle a la gente que se proteja y mantenerla informada podría ayudar a mejorar su imagen. ¿Lo dicen por todos los spots que tuvo al aire? El señor sólo hizo su trabajo, aunque haya gente sin criterio que opine que el Presidente debió viajar a Jalisco y estar en el ojo del huracán. Insisto, ¿cómo para qué? ¿En verdad creen que puede ayudar más paleando agua que tomando decisiones, lo que es su chamba? Reconozcamos algo, el Presidente salió varias veces al aire el día de ayer porque -como dice mi hermano Paco- México es un "país de tlatoanis", donde necesitamos ver a la máxima autoridad emitiendo un mensaje para tomarlo en serio. Digamos que Peña Nieto no hiciera avisos públicos, que delegara esa tarea a los secretarios de Protección Civil y de la SCT, así como a los funcionarios de las dependencias meteorológicas... yo me pregunto cuánta gente le daría la misma relevancia a la información. Pero si viene de el Presidente, entonces tiene que ser importante y entonces sí hacemos caso, ¿no?
Sin embargo, como resulta que el fenómeno bajó su categoría, ahora argumentan que el huracán no era grande, que los medios aquí lo subieron de categoría, como si aterrar a la población fuese una buena estrategia política.
¡Qué comentarios tan estúpidos! Y claro, eso quiere decir que los servicios meteorológicos y noticieros de otros países también coadyuvaron a difundir información "inflada" sobre el huracán Patricia. Qué pena, qué pena leer esos comentarios, incapaces de separar la disensión política de un desastre natural que impacta a todos los afectados por igual, sin importar su afiliación política...
¡Qué falta de memoria colectiva también! Pareciera que ya todos olvidaron los daños que apenas hace un par de años provocaron los huracanes Ingrid y Manuel en Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Puebla, Hidalgo y Veracruz, y no habían sido clasificados con la intensidad que Patricia había adquirido. O el año pasado, cuando Odile recorrió a lo largo Baja California Sur, causando estragos en cientos de poblaciones. ¿Eso esperaban leer hoy, como resultado del paso de Patricia? Yo creo que fue una bendición que el huracán perdiera fuerza y minimizara los daños.
Si Patricia era de categoría 5 y milagrosamente -o casualmente, como quieran- bajó de categoría, sin causar todos los daños esperados, deberíamos dar gracias a Dios -o a lo que quieran- de que no fue tan peligroso. Había vidas humanas -y de animalitos- en riesgo, pero como ya no recibimos comunicados con montones de muertos, entonces ¿desacreditamos el esfuerzo del Gobierno para proteger a los ciudadanos?
Creo que ellos hicieron lo mejor que pudieron con la información que tenían sobre el fenómeno; si hubieran tenido una bolita de cristal que les indicara el futuro tal vez no habrían insistido tanto en las medidas de seguridad. Pero al fin y al cabo la naturaleza es siempre impredecible y debemos agradecer que se diluyó el huracán en vez de fortalecerse o quedarse bailando en la costa de Jalisco.
En fin... Qué pena que el odio a EPN sea tanto que se pierda la objetividad. He dicho. u_u
Friday, August 28, 2009
La encarnación del caos
Dice el dicho: "el hombre propone, Dios dispone, viene el diablo y todo lo descompone"...¡Qué cierto parece, a veces! Hoy, en particular, es uno de esos días en los que me he quedado con esa sensación... y no sólo por mí, sino que algunos amigos muy queridos también me pintaron sus días un tanto decepcionantes.
Desde hace un par de días las cosas no me han salido como espero... tenía ciertas expectativas que no se concretaron... pero es que no es justo esperar que las personas hagan lo que uno quiere. Ahí se inician las confusiones, los malos entendidos, las decepciones...
Hoy, tuve que lidiar con la aceptación de que las cosas no siempre son como uno quiere, entre sentimientos que me calentaron la cabeza y me atormentaron el pecho a ratos... pero cuando creí que el día había terminado, un par de amigos me contaron lo que les pasó hoy: dos ejemplos más de planes y expectativas que se escapan de las manos y no resultan como uno quiere.
¡Qué ganas de trazar caminos que no se tuerzan! De descifrar secretos e intenciones, de conseguir que los planes se concreten como uno los imagina... pero al final, somos víctimas de una serie de factores, de circunstancias que modifican hasta el mejor trazado de los planes, y nos llevan por caminos tan distintos que al final nos dejan con el mal sabor de boca de la decepción.
Así es esto. No queda más que aprender, lidiar con ello y seguir adelante. Mañana será otro día, y tal vez, sólo tal vez, mañana no tengamos expectativas y entonces se concreten nuestros planes de una manera completamente distinta a lo planeado...
Subscribe to:
Posts (Atom)
