Siempre he sido de la idea de que uno no debe ir por ahí divulgando lo que hace, y que a la gente normalmente no le interesa todo lo que hacemos, así que debo aclarar que el motivo para documentar -brevemente- lo que hago estas vacaciones es una imperiosa necesidad de escribir algo, de no apartarme del todo de la escritura ni la computadora... y escribir una reflexión al final de cada día de descanso me parece un buen pretexto para retomar mi blog.
Este día fue mucho más relajado, en realidad, con los elementos básicos que deben impregnar las vacaciones: me levanté tarde, almorcé tarde y en pijama, y pasé la tarde fuera con mi novio.
Sin embargo, una anécdota que vale la pena destacar es que, al mediodía, mi hija y yo salimos a pasear con la perrita, con toda la intención de cansarla para que al regresar a casa dejara en paz a mis pobres gatas.
Pues bien, al llegar al puente peatonal, la perrita sufrió tal ataque de ansiedad que tuve que cargarla para poder subir las escaleras. Creo que la idea de ver tantos huecos entre los escalones le causó inseguridad... y es que ¿quién no sintió miedo nunca de que se le vaya el pie por entre los escalones de los puentes? Yo sí lo he sentido, al menos cuando era niña.
Y tal cual, como si fuera una niña pequeña, para poder subir y bajar, tuve que cargar a la perrita, y se me abrazó como un bebé :P
Sí, sí, sí... ya sé. La estoy consintiendo mucho, y ella tiene que acostumbrarse a subir y bajar las escaleras, así que en el trayecto de regreso la hice bajar tras de mí. Pero de ida tenía que ayudarla a tomar confianza, era su primera vez subiendo un puente peatonal y, repito, a veces pueden ser bastante atemorizantes, ¿o no?
PD: Mi novio me dijo hoy que sí le gustaría tener un hijo conmigo. Y no, no es el día de los inocentes. Me ha dejado pensando muchas cosas que aún no estoy lista para escribir, así que eso será motivo de otro post... más adelante.
Thursday, August 20, 2009
¡Mamáaaaaaaa!
Adoro a mi hija. Neto que sí. Pero a veces me exaspera escuchar su linda voz gritarme: "¡Mamáaaaa!" continuamente. Cuando su tío Paco la molesta, llega a gritar tanto que a veces opto por irme a mi lugar feliz. Y es que no siempre puedo llegar a liberarla de su tío porque ya he cachado que muchas veces grita por nada, y otras tantas va y se le pone enfrente para que la moleste.De verdad. A veces me saca de mis casillas, con todo y lo que adoro su vocecita. Esa voz que cuando hablamos por teléfono me hace recordar el día en que la traje al mundo y vi por vez primera sus ojitos.
Créanme que cuando la siento en peligro, o asustada, o que en verdad está padeciendo algo, su voz gritando "¡Mamáaaa!" es capaz de hacerme brincar como tigre y voltear el mundo de cabeza para que el suyo esté bien.
Y hoy sé que será así aunque ella tenga 30 años o más, jejeje... ese aprendizaje se lo debo a ella... y a mi propia madre, que a sus más de 50 años aún tiene que escuchar a sus treintones hijos llamándola a gritos para que los atienda.
¿La prueba? El sábado pasado, en Tequisquiapan, fuí víctima del ataque brutal de una abeja. Hacía mucho aire, y de alguna manera el bicho se enredó en mis rizos de oro, silenciosamente. No la escuché zumbar, sólo sentí que algo se movía y creí que me había caído una ramita en el cabello, así que con toda confianza me llevé la mano a la cabeza y apreté entre mis dedos esa "basurita".
¡Zas! Nunca antes me había picado un bicho... ¡pero duele horrible! El insecto, furioso y asustado, asestó su golpe mortal... (claro, para él) y mi pobre dedo de inmediato disparó una instrucción a mi cerebro:
¡Mamáaaaaa! grité, mientras tiraba la abeja y buscaba en mi dedo el aguijón. Como ella estaba ocupada en la alberca con mi hija, volví a gritarle: ¡Mamáaaaaaa! A lo que ella, con su inmunidad de 30 años de gritos provenientes de 4 bocotas, se limitó a responder: ¿Qué quieres?
Cual bebé, no pude más que decirle, casi a punto del llanto: ¡Me picóooooo!
No dije qué había sido... pero esas dos palabras fueron suficiente para que dejara lo que estaba haciendo y corriera a mi lado, a ver qué le pasaba a su polluelo lastimado...
¿La conclusión? La abeja murió. Mi dedo sobrevivió. Mi mamá me chiqueó unos momentos. Y a mí me quedó claro que el llanto de un hijo seguirá detonando esa reacción protectora en los padres sin importar qué edad tengan... jeje
Sunday, November 19, 2006
El llamado de la naturaleza
Después de tanto rechazar la idea de la maternidad de nuevo, de pronto me invade el sentimiento.
Vale tiene muchos días pidiéndome una hermanita, y como en su momento hemos hablado de la posibilidad de adoptar un niño, y además ha visto varias veces la película de Stuart Little, ahora cree que conseguir uno es tan fácil como ir al super y comprarlo. El jueves pasado, la pobre estuvo incluso llorando, pidiéndome que le consiga lo antes posible un compañero de juegos...
Aunque ya el viernes amaneció tranquila, para mí la situación empeoró ayer, durante la fiesta de cumpleaños de mi sobrino, pues la hermana de mi cuñado acaba de tener una bebita. Y tiene tan lindo carácter la nena que cuando la cargué no pude evitar sentirme atraída ante la idea de tener mi propio bultito otra vez...
Como sea, nada que quiera volver a intentar yo sola. Así que mejor me espero y tiempo al tiempo.
Eso sí, aproveché para explicarle a Vale que si quiere que le dé un hermanito va a ser chiquito, como la bebé, y que no podrá jugar con ella como piensa ahora que lo hará. Parece que lo entendió pues, hasta ahora, anda tranquila y no ha vuelto a mencionar el punto.
Vale tiene muchos días pidiéndome una hermanita, y como en su momento hemos hablado de la posibilidad de adoptar un niño, y además ha visto varias veces la película de Stuart Little, ahora cree que conseguir uno es tan fácil como ir al super y comprarlo. El jueves pasado, la pobre estuvo incluso llorando, pidiéndome que le consiga lo antes posible un compañero de juegos...
Aunque ya el viernes amaneció tranquila, para mí la situación empeoró ayer, durante la fiesta de cumpleaños de mi sobrino, pues la hermana de mi cuñado acaba de tener una bebita. Y tiene tan lindo carácter la nena que cuando la cargué no pude evitar sentirme atraída ante la idea de tener mi propio bultito otra vez...
Como sea, nada que quiera volver a intentar yo sola. Así que mejor me espero y tiempo al tiempo.
Eso sí, aproveché para explicarle a Vale que si quiere que le dé un hermanito va a ser chiquito, como la bebé, y que no podrá jugar con ella como piensa ahora que lo hará. Parece que lo entendió pues, hasta ahora, anda tranquila y no ha vuelto a mencionar el punto.
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