Ya antes de ver “A él no le gustas tanto” (He´s just not that into you) había racionalizado lo que voy a escribir, pero me parece genial la forma en que esa película explica el por qué las mujeres permitimos que un hombre nos trate mal, y ahí seguimos: desde niñas nos hacen creer que cuando un niño se porta mal con nosotras es porque le gustamos. ¡Zas! Ahí valió el asunto…Crecemos pensando que si fulanito nos mira feo en realidad es que se muere por nosotras. Nos enamoramos de esa idea y, bajo la bandera de que el hombre gandalla es el que te quiere, aceptamos de buena gana mil y un maltratos.
Wrong!!!
Por mi parte, logré detectar la causa que me ha llevado, vez tras vez, a estar con hombres que me han hecho ver mi suerte. Todo empezó por tratar de detectar el patrón, pero no hallé similitudes físicas, o en su forma de vestir, o en sus profesiones o gustos… Pero algo tenía que ser… algo menos visible, algo que reside en mi subconsciente y me jala inevitablemente a hombres con la misma esencia, el mismo tipo de actitud… ¡Y ahí está! El carácter, las actitudes de los tipos en cuestión es lo que me atrae como el imán al hierro.
Pero entonces me preocupé, y en serio… ¿cómo era posible sentirme atraída por hombres claramente agresivos, solitarios y egoístas? En serio… ¿cómo es que desde siempre me he sentido atraída por el típico gandalla? A mí me educaron para que el hombre me trate bien pero siempre terminaba con quien me hace ver mi suerte… Mmmmmmm… sigo pensando…
Me empezó a preocupar que la princesa de mi historia no consiguiera ser feliz, ya no con el príncipe encantado, pero al menos con un ogro que se rife por mí… al final, yo sí espero que en mi cuento la chica buena se quede con el chico bueno…
Y ahí me llegó la luz, así, de pronto. ¿Por qué no me sentía atraída de fondo por los niños bien? Y, por ende, ¿por qué me siento atraída por el hombre que está en el límite de la bondad y la maldad? Es cierto que no me llaman la atención los villanos de las historias, pero sí tambaleo por los hombres que asumen el papel de héroes, con sus conflictos mentales y sentimentales. Por eso me encantan personajes como Wolverine, Jack Sparrow, Will Turner, Aragorn, Anakin Skywalker, el Fantasma de la ópera, el Batman de Christian Bale… se perciben reales, apasionados, fuertes… luchadores.
La actitud de este prototipo de hombres penetra mi raciocinio consciente y me deja el mensaje que antropológicamente toda hembra busca en un macho: seguridad, protección, fortaleza, virilidad. Es la clase de hombre que me hace pensar que si estuviera en peligro, estaría a salvo con él…
Y ahí es donde me equivoco. Si bien la generalidad de este tipo de hombres puede brindar seguridad, lo cierto es que también son individualistas y, a menos que se trate de alguien a quien en verdad quieren, no se matan por cualquiera. Y siempre se puede llevar uno una desilusión al hallar que quien aparenta ser fuerte en realidad sólo blofea.
Por otro lado, están los chicos buenos, capaces de partirse la madre por la mujer amada, por la familia… pero su actitud suele ser tan tranquila que llegan a parecer débiles o vulnerables. Y en una mujer que busca protección, el mensaje al subconsciente es errado. Hace falta un proceso mental para entender esto, sacarlo del subconsciente, desechar al chico malo y quedarse con el bueno… y siendo honestas, ¿cada cuándo hacemos eso?
Creo que este proceso me ha ayudado. Me descubro igual de atraída por hombres cuya actitud es avasalladora en todos los sentidos, pero me siento menos inclinada a pensar en ellos para algo serio. Ya me la pienso más... ya no me dejo llevar tan fácilmente por las emociones...
Además, volvemos al punto de que me educaron para que me traten bien. Me gusta que me traten bien y la mayoría de mis amigos lo hacen, hasta mis primos y mis hermanos me hablan con cariño. Neto: suelen llamarme preciosa, princesa, linda, bella, bonita, corazón, muñeca…
Me pregunto entonces, ¿por qué habría de aceptar algo menos de quien se supone que quiere conmigo? Lo único que pintaría la diferencia entre quienes me hablan bonito y alguien que no lo hiciera, es que ese alguien tal vez no me llamara princesa pero me demostrara con sus acciones que sí soy una princesa para él, y que daría la vida por mí…
Aquí es donde digo que no estoy buscando precisamente un príncipe encantador que sepa de modales pero no me ame, sino tal vez un ogrito que me ame con todo. Y sé que esos no están a la vuelta de la esquina… los príncipes se lucen, los ogros se esconden…
Estoy convencida de que el final de mi historia será con un buen chico, lo sé. Si resulta medio ogro o un verdadero príncipe, lo descubriré en el camino… que si algo puedo decir, es que ya voy por buen camino.













