Thursday, December 31, 2020

Reflexiones de cierre de año en un ambiente de pandemia

 31 de diciembre de 2020. El año de la pandemia del coronavirus SARS Cov2 o COVID-19.

No voy a entrar en detalles pues toda la información sobre este virus y sus consecuencias está disponible en internet. Solo diré que, un año después de haber sido descubierto en Wuhan, China, este virus ha contagiado a más de 83 millones de personas en todo el mundo, de las cuales han muerto un poco menos de 2 millones (1.8), según las cifras oficiales.

En México, los números indican casi millón y medio de personas contagiadas, con casi 130 mil fallecidos. Si a estas cifras sumamos los miles de muertos por otras enfermedades, como cáncer o diabetes, los asesinados por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la delincuencia común o la violencia intrafamiliar, los que han muerto por hambre o frío, o aquellos que se han quitado la vida en medio de su desesperación, los números se vuelven escalofriantes.

Cientos de miles de familias se enfrentaron este fin de año a mesas con lugares vacíos, que nunca volverán a ocupar sus seres queridos... Y solo pensar en eso hace que uno se sienta afortunado de seguir vivo, seguir con salud y de tener cerca a familiares y amigos que siguen luchando la batalla del día a día.

A pesar de que miles de personalidades famosas, políticos, artistas y deportistas sucumbieron ante el Covid-19, no ha sido suficiente para que cientos de miles de personas entiendan la gravedad y la letalidad de esta enfermedad. Tristemente, en México y el mundo miles de personas siguen reuniéndose a festejar o están de vacaciones en playas y centros turísticos, aumentando su exposición al virus y ayudando a su diseminación.


Hace 9 meses, cuando empezó el aislamiento en México (el aislamiento voluntario, porque el Gobierno no declaró cuarentena sino hasta abril), la mayoría de la gente no creía que fuera a tomar tanto tiempo superarlo; después de todo, ya habíamos sobrevivido otras epidemias en el mundo.

Pero no. El Covid-19 llegó para quedarse.

Los investigadores médicos no han logrado descifrar cómo contener la propagación de este virus. Las vacunas se están autorizando, produciendo y distribuyendo a una velocidad inusitada, pero estamos un año tarde. Y todo indica que las cosas no mejorarán realmente antes de 2022, pues en muchos países el proceso de vacunación de la población será lento y gradual.

Mientras tanto, el virus ha mutado un par de veces. Y las nuevas cepas parecen ser más fuertes, o resistentes, que la cepa original. Como dije: vamos tarde. Mientras que los forenses realizan minuciosas autopsias para entender mejor el comportamiento del virus, éste cambia de forma acelerada, transmitiéndose de un cuerpo a otro en cuestión de minutos, reforzándose y mutando. El mundo no estaba preparado para esto.

Y eso me lleva a una serie de reflexiones sobre todo aquello para lo que el mundo no estaba preparado y que la pandemia sacó a la luz bruscamente:

1. Los avances médicos y científicos no pudieron frenar la propagación del virus

Sí, está bien, yo no soy médico y tal vez estoy hablando a la ligera, pero mi opinión se basa en la observación de algunos hechos:

   * No hubo un sistema predictivo, como los sistemas de monitoreo y predicción de fenómenos meteorológicos, que permitiera advertir sobre una posible amenaza inminente de manera que los gobiernos prepararan a sus sistemas de salud.

   * La mayoría de los países afectados por la pandemia no cuentan con equipo médico suficiente para atender a los pacientes de esta enfermedad, o cualquier otra similar que pudiera haberse presentado.

   * La estrategia de contención del virus se basa en protocolos como el distanciamiento social, el aislamiento, el uso de cubrebocas y el lavado constante de manos. Pocos medicamentos o suplementos existentes ayudan a paliar los síntomas de la enfermedad y en gran medida depende del estado de salud de cada individuo el salir adelante o sucumbir.  

2. La tecnología ayuda, pero hay que implementarla

Tan pronto se diseminó la epidemia, varios fabricantes de productos de analítica de datos e inteligencia de negocios ofrecieron sus soluciones para ayudar a monitorear la propagación del virus, así como la evolución de los pacientes, rastrear con quiénes tuvieron contacto y predecir la curva de contagios.

Estas soluciones no se crearon de la noche a la mañana. Han estado disponibles por años, pero son pocos los hospitales o centros de salud que han implementado este tipo de tecnologías. Lamentablemente, las instituciones de salud pública con bajo presupuesto seguirán sin poder implementar tecnologías de análisis de información, pero probablemente muchas instituciones de salud privada, o algunos organismos públicos con presupuesto disponible, sí harán uso de estas soluciones de ahora en adelante.

Otras tecnologías que encontraron oportunidad de negocio fueron las cámaras de videovigilancia con sensores térmicos, los dispositivos para pagos sin contacto, los chatbots, la automatización de procesos y hasta los drones.

3. La brecha tecnológica se hizo más notoria que nunca

Si algo quedó en evidencia, fue la profundidad y anchura de la brecha tecnológica en muchos países.

Hablando de México, la falta de cobertura de acceso a internet, así como el costo de los servicios de conexión, fue un problema que, si bien no es nuevo, salió a relucir cuando más gente necesitaba mantenerse conectado para comunicarse con sus familiares y amigos, para trabajar remotamente, estudiar en línea o simplemente para entretenerse mientras se guarda la cuarentena.

Aunque una parte de la población urbana cuenta con teléfonos celulares de gama media o alta, computadoras portátiles, tabletas y hasta televisores inteligentes en casa, una gran parte de la población, sobre todo en zonas rurales o gente de bajos recursos económicos, a duras penas puede tener un celular de gama media con datos prepagados. Este sector de la población no tiene acceso a servicios como banca en línea para hacer sus pagos, mucho menos para pedir compras a domicilio y pagar por internet o a través de su teléfono.

Estas personas son quienes tienen necesidad de salir de sus casas para trabajar, para comprar lo que necesitan, para pagar sus servicios... y son quienes más expuestos quedaron a los contagios, no por imprudencia, sino por necesidad.

4. El sistema educativo no está listo para la educación a distancia

La pandemia tomó por sorpresa a todo el mundo. Las escuelas se vieron forzadas a cerrar sus puertas y ofrecer alternativas para clases en línea. Francamente, fue un reto insalvable para algunos colegios. Si las escuelas privadas tuvieron problemas, las públicas simplemente se las vieron negras.

Me tocó presenciar cómo el colegio de mi hija tuvo que implementar soluciones tecnológicas para habilitar videoconferencias para todas las clases y así continuar con la dinámica de las clases. Con todo, fue un final de ciclo 2019-2020 muy accidentado y complicado, tanto para estudiantes como para maestros.

Durante el descanso de verano, el colegio capacitó a los maestros y mejoró la infraestructura tecnológica. El primer semestre del ciclo 2020-2021 se sintió más fluido. Aún así, muchos alumnos tenían problemas para conectarse, otros se enfrentaban a situaciones como fallos en sus computadoras, cortes de luz o interrupciones familiares. Todo ello derivó en distracciones que no eran comunes para los alumnos. Mi hija terminó el semestre como Dios le dio a entender (y con mucha ayuda de sus compañeros de clase).

Para las escuelas públicas, donde la mayoría de los alumnos tiene más restricciones para conectarse a internet, las clases en línea simplemente no se lograron concretar. El gobierno lanzó un programa de Televisión Educativa no interactivo que, en mi opinión, deja mucho qué desear.

Ante este escenario, muchas escuelas cerraron. Otras se enfrentaron a una reducción de los alumnos inscritos porque los papás no querían pagar clases que los alumnos no aprovecharían, o no podían pagar más las colegiaturas porque se quedaron sin empleo. Muchos padres sacaron a sus hijos de la escuela hasta que se reanuden las clases presenciales.

5. Muchas empresas no tuvieron la agilidad para montarse a la ola digital

Así como las escuelas, las empresas tuvieron que renovarse y digitalizarse rápidamente. Sin embargo, no todas las organizaciones lograron innovar y evolucionar tan rápido y, cuando la crisis las alcanzó, no lograron sobrevivir.

Miles de restaurantes y comercios, forzados a bajar sus cortinas de forma intermitente durante los meses de la pandemia, terminaron cerrando definitivamente. Todas las empresas del sector turístico, aerolíneas y hoteles sufrieron graves afectaciones a su negocio. Interjet está a un paso de la quiebra y los trabajadores amagan con ir a huelga (como los de Mexicana de Aviación) si no se les paga.

La cadena Best Buy quebró el negocio en México. Y para mí es un ejemplo de negocio que no logró aprovechar la oportunidad de las ventas en línea porque sus precios no eran competitivos con los de vendedores en marketplaces como MercadoLibre o Amazon, o tiendas de conveniencia como Sams o Walmart. Vamos, que hasta en Liverpool.com podía uno encontrar mejores ofertas que en Best Buy.

6. Los negocios que se reinventaron lograron sobrevivir

Contrario a lo anterior, muchas empresas, desde grandes corporativos hasta MiPyMEs, encontraron la forma de salir adelante y mantener sus operaciones. Algunas, solo se mantuvieron a flote. Otras mejoraron incluso sus ingresos.

Como ejemplo, algunas productoras de cervezas y licores adaptaron su negocio para fabricar gel antibacterial. Un taller que fabricaba alebrijes comenzó a vender cubrebocas y caretas artesanales. Varios vecinos le hicieron frente a la crisis vendiendo tapetes sanitizantes, guantes, cubrebocas o comida a domicilio.

Supe de una fonda que empezó a vender comida a domicilio, cambió su menú y empezó a mandar mensajes por redes sociales. Meses después, la dueña de la fondita dijo que estaba vendiendo más que cuando atendía a la gente en el local.

Otros restaurantes se montaron a plataformas como Uber Eats o Rappi, desde donde recibieron pedidos que les ayudaron a mantener el negocio.

Y hablando de Uber y Rappi, estos servicios, junto con Didi y los servicios de mensajería y paquetería, experimentaron un incremento impresionante en sus operaciones. Algunas de estas empresas tuvieron problemas para cumplir con las entregas, pero otras crecieron ante el reto. Incluso MercadoLibre habilitó su propio servicio de entregas así como repartidores independientes, lo cual le permitió mantener sus entregas incluso antes de la fecha programada.

Algunas cadenas de cines empezaron a ofrecer funciones en formato de auto-cinema. Y también, en el Reino Unido, algunos conciertos se ofrecieron bajo este esquema... hasta que, claro, no faltó quien se bajara de su coche y se codeara con otros asistentes, como si nada.

Cabe mencionar que las ferreterías, tlapalerías y tiendas de artículos para el hogar vieron una ventana de oportunidad: encerrados en casa por cuarentena, mucha gente aprovechó para hacer ajustes y remodelaciones.

Los servicios de cursos en línea también vieron un auge, sobre todo los relacionados con cocina, jardinería, pintura o idiomas.

Y, a falta de gimnasios, el aumento en las vistas de video para ejercitarse en casa se acompañó de compras de ropa para ejercicio, accesorios, tapetes de yoga y otros equipos de acondicionamiento físico. El negocio de las bicicletas también reportó ganancias.

7. Los gobiernos no han podido proteger a quienes tienen necesidad de salir

Digo "los gobiernos" de forma generalizada aunque reconozco que algunos países sí han procurado todas las medidas necesarias para salvaguardar a sus ciudadanos.

Principalmente los países asiáticos, como Corea del Sur, China, Japón o Singapur, han mantenido controlada la pandemia debido a que, tradicionalmente, son sociedades disciplinadas. También influye que mantener la distancia social no es un inconveniente para ellos, y a que están más acostumbrados a obedecer órdenes y seguir protocolos, como usar el cubrebocas constantemente, no tocarse y lavarse las manos con frecuencia.

Pero, además de ello, el gobierno de esos países ha implementado tecnologías y programas para desinfectar espacios y garantizar la sana distancia, incluyendo el uso de drones.

Otros gobiernos han implementado toques de queda, para forzar a la gente a quedarse en casa. Pero han liberado recursos a través de programas de apoyo para empresas y desempleados por causa de la crisis económica derivada del Covid.

Sin embargo, no ha sido suficiente para evitar que la gente salga a trabajar. Y es en la calle, en las aglomeraciones, donde el virus ha encontrado un caldo de cultivo para seguir diseminándose.

Si a esto le sumamos que hay países, como México, donde no solo no se procura una desinfección satisfactoria de los lugares públicos, sino que además no se apoya a las empresas y el personal se ve forzado a salir de sus casas para trabajar presencialmente, el riesgo de contagios se eleva exponencialmente. No por nada México ocupa el sitio 13 de contagios y el 4 en muertes por Covid a nivel mundial.

8. No estamos listos, ni dispuestos, a mantener la distancia social prolongada

Una de las cosas más difíciles para el ser humano, gregario por naturaleza, ha probado ser el aislamiento. No todos estamos listos, ni dispuestos, para vivir separados de la gente como ermitaños. La mayoría gozamos de pasar tiempo con familiares y amigos, salir al cine, comer en restaurantes o ir a reuniones.

Personalmente, una de las cosas que más trabajo me ha costado es ver a mi hermana sin poder abrazarla o besarla. Antes de las fiestas me tocó hacer algunas entregas de regalos navideños... regresé triste a casa, con el corazón roto por no poder abrazar a nadie y sentirme tan lejos y tan cerca de ellos.

Esa necesidad de reunirnos y de abrazarnos ha llevado a mucha gente a romper la cuarentena, contagiándose y contagiando a otros en ese afán de compartir un tiempo juntos. Tal fue el caso del compositor Armando Manzanero, quien estuvo en un evento público en Mérida, donde se contagió y quince días después, falleció por complicaciones relacionadas con el Covid.

9. El hartazgo y la indiferencia pueden tumbar toda una estrategia de sanidad

Más allá de la necesidad de reunirnos, la cual es dolorosa pero puede manejarse con paciencia y tolerancia, son la frustración, la desesperación y el hartazgo lo que han dado al traste con las estrategias de aislamiento en muchas partes del mundo.

Imágenes de gente aglomerada en las playas en Brasil, México, California, el Reino Unido y otros países de Europa han dado la vuelta al mundo, entre expresiones de indignación. Quienes están en esas playas, o en centros comerciales o sitios turísticos, no están ahí por necesidad (salvo los trabajadores) sino por el mero afán de pasear, de salir de sus casas, de "descansar".

Yo entiendo y soy solidaria con quienes tienen que salir a trabajar para ganarse el sustento. También entiendo a quienes tienen que salir a comprar cosas, pagar servicios o realizar diligencias, alguien lo tiene que hacer. Pero andar de paseo en un ambiente de pandemia no es justificable. No en mi opinión.

10. No podemos entender lo que no podemos ver

Finalmente, si algo me queda claro es que seguimos sin ser capaces de entender lo que no podemos ver. Creer en los virus que transmiten enfermedades es como la fe religiosa, es algo invisible a simple vista.

A pesar de la globalización y de toda la información disponible en internet, aun hay gente que no cree, o al menos no le da importancia, a lo que sucede en otros países, porque al no verlo con sus propios ojos, no es algo "que sea real". Muchas veces creo que ver los noticieros es casi como ver películas o series: llenos de imágenes surreales, ficticias, lejanas...

Así ha sido el Covid para mucha gente, algo etéreo, falso, una "teoría conspiracionista" o, en el mejor de los casos, "una estrategia de los gobiernos para reducir la población". 

Tristemente, mucha gente negó la letalidad del virus hasta que alguien cercano se contagió y falleció. Algunos vlogguers e influencers retaron los esquemas de salud y se contagiaron. Porque, como dijo Tomás, el discípulo incrédulo: "si no veo y toco las llagas de Cristo, no creeré que ha resucitado". Hasta no ver, no creer, dice el dicho ahora. Y así, mucha gente sigue caminando diariamente, arriesgando su vida por no darle la importancia debida a un microscópico bicho que está poniendo al mundo de cabeza, un bicho microscópico para el cual todavía no hay cura segura, un virus invisible que está mutando, multiplicándose y ganando las batallas en todos los países que infecta. Ahí está, afuera, en todas partes, y ahí seguirá por mucho tiempo... aunque no lo podamos ver.

Saturday, November 02, 2019

Las mujeres de mis memorias

Día de Muertos en México.

Mucha gente en mi país aprovecha este día para visitar cementerios e iglesias, para llevar flores a las tumbas y nichos de sus familiares o amigos fallecidos. Es un día para recordar a todos aquéllos que se han ido.

Como evangélica, yo no creo que los muertos se puedan comunicar con los vivos. La Biblia dice que no es así. Y colocar un altar lleno de simbolismos va en contra del mandamiento de no tener imágenes que adorar. Tampoco creo que el espíritu de mis muertos regrese a regocijarse con la comida que tanto les gustaba.

No, yo creo que quienes se han ido, si se pusieron en manos de Dios antes de morir, ahora están en un plano espiritual que les llena de un regocijo incomparable. ¿Qué necesidad tendrían de ansiar la comida terrenal cuando ahora pueden experimentar la gloria de Dios en todo su esplendor?

La Biblia dice que nosotros, en nuestro cuerpo humano, solo vemos y entendemos una fracción del mundo y la divinidad de Dios. Aquéllos que se adelantaron y ahora están con Cristo, son capaces de percibir todo el esplendor de su poder, la magnitud de la creación, no sólo en este minúsculo punto del universo que es la Tierra, sino en el universo en sí. Es un espacio infinitamente grande, con una medida de tiempo completamente distinta, y las almas de los creyentes que han fallecido seguramente no terminan de deleitarse con toda la Creación.

Sin embargo, reconozco que, a veces, nuestros seres queridos fallecidos pueden aparecerse en nuestros sueños. Lo sé porque me ha pasado (y a mi hermana también). A veces hablan con nosotras, otras veces no, pero de alguna forma se las ingenian para dejar claro un mensaje: ellos están bien y desde donde están siguen velando por nosotros.

Y cuando digo que siguen velando por nosotros no me refiero a que tengan poderes divinos dignos de santificar su imagen y adorarles en un altar. No. Si acaso, al igual que los ángeles, su espíritu tiene la capacidad de rondar cerca, de cuando en cuando, y enviar señales que nos permitan alejarnos del peligro. Quizás alguna vez, también, su esencia nos abrace y nos consuele en un momento de tristeza.

Esta es la razón por la que yo no coloco un altar con ofrendas y adoración a imágenes de muertos. Pero sí recuerdo a mis seres queridos fallecidos. Claro que sí, y con mucho cariño.

Siendo honesta, aunque a lo largo de mis 43 años he asistido a varios funerales de gente cercana, lo cierto es que sólo ha habido tres muertes verdaderamente significativas para mí: tres grandes mujeres de mi familia; mi prima María Elena (Manena), mi abuelita materna y mi mamá.

Mi prima y mi mamá se fueron, tal vez, antes de tiempo... o eso decimos quienes nos quedamos vivos. Antes de tiempo porque esperaríamos que nuestros seres queridos tengan vidas largas y plenas, pero Manena falleció a sus 26 años, en la flor de la vida, debido a un ataque de epilepsia, una enfermedad que la azotó con tanta fuerza que la obligó a dejar de trabajar y la confinó a su casa, a no salir nunca sola, a no estar nunca sin vigilancia. Unos días antes del ataque epiléptico fulminante, ella me dijo que ya no quería seguir viviendo así. Y Dios la escuchó. Y como sólo Él conoce los tiempos de cada uno, ¿quién sabe si de verdad ella se fue antes de tiempo o ya había llegado su hora?

Recuerdo bien que cuando recibí la llamada para avisarme de la muerte de mi prima, yo pensé que me dirían que era mi abuelita quien había fallecido. Ella ya llevaba algunos años enferma y ya pasaba de los 80, era algo que en el fondo todos esperábamos. Pero no. Mi abuelita vivió casi hasta los 92 años. Atrofiada, sí, llena de medicamentos, pero con unas ganas de vivir que contagiaba a los demás. Aunque ya no podía escuchar bien, ni ver bien, y había que llevarla a todas partes en silla de ruedas, mi Lita no quería morir hasta ver que sus hijas, sus nietos y sus bisnietos estaban bien. Esa mujer nos dejó muchas lecciones de vida. Y aunque su muerte fue sentida, no fue triste, porque sabíamos que, ella sí, había cumplido su tiempo en esta vida.

La muerte de mi mamá me pegó más. Ver cómo esa enfermedad terrible consumió su cuerpo en medio de dolores indescriptibles fue muy duro. Durante toda la vida tuvimos una relación con altibajos, pero no fue sino hasta hace poco que entendí que esos cambios de carácter tan rudos de mi mamá se debían a su enfermedad. Muy tarde para comprenderla y ayudarla. Y hoy la extraño más que nunca.

Estas tres mujeres están siempre en mis memorias, en un nicho muy especial en mi corazón. No necesito ponerles ofrenda en un altar un día al año porque su recuerdo vive conmigo todos los días. Las extraño. Las pienso mucho. Y sé que volveré a verlas algún día. Pero espero que sea dentro de muchos años, pues aún tengo una mujercita aquí por la que debo ver yo, y no quiero irme antes de tiempo para ella.

Friday, July 05, 2019

Termina un junio lleno de ansiedades y satisfacciones

Tampoco logré mi objetivo de escribir con más frecuencia en junio.

Fue un mes con muchos retos, momentos de gran satisfacción mezclados con días (semanas) de ansiedad que llevaron mi estrés hasta puntos que me dejaron vulnerable ante la depresión. Emocional y mentalmente fue un mes muy demandante...

La verdad es que tengo mucho que podría escribir, pero este post se me ha quedado en el tintero por días. Creo que será mejor sacarlo simple y llanamente.

A principios de mes tuve la oportunidad de viajar a Boston, a la oficina de TechTarget, para una serie de reuniones editoriales. Conocí a mi nueva jefa y platiqué con el CEO de la empresa, una persona maravillosa que me consiguió cuatro cajas de Devil Dogs para mi familia. Y al día siguiente, otra colega me llevó cinco cajas más, así que regresé con un montón de Devil Dogs, que durarán un rato debido a la dieta que seguimos mi hija y yo (no me pregunten por todo lo que les traje a mi hermana y sobrinos porque se lo terminaron en una semana los tragones).

Durante las juntas editoriales tuve la oportunidad de dar una presentación junto con el editor del Reino Unido, para platicar a los editores de EE.UU. lo que estamos haciendo en otros lugares. Pero también asistí a las pláticas de otros editores, donde aprendí algunos tips, y tuve reuniones con la gente de diseño, producción audiovisual, ventas, marketing, tráfico y redes sociales. Un viaje muy productivo, la verdad.

Para coronar, me tomé un día para ir de compras. Comí en un restaurante Whalburguers en Dorchester, compré unas cosas para mi marido en una tienda GAP y visité el Acuario de Nueva Inglaterra. Disfruté mucho el viaje :) (Para quienes no lo sepan, Whalburguers es una hamburguesería propiedad de tres hermanos Whalberg: el actor Mark Whalberg y el New Kid, Donnie Whalberg, junto con su hermano Paul. Como fan de toda la vida de los New Kids On The Block no podía perderme la oportunidad de comer una hamburguesa ahí.)

El resto del mes se fue en sacar pendientes, en trabajar con el nuevo cliente de la agencia y en no salirme del presupuesto, porque con la compra del coche ya me habían descontado el seguro y necesitaba garantizar un colchón para pagar el enganche a fin de mes. Y la verdad es que usé mucho la tarjeta en el viaje a Boston, pero tenía que aprovechar. Ya saldaré todas las cuentas en agosto.

El día 27 fui con mi hija a pagar el enganche del coche. Y de ahí nos fuimos a la Feria de Chapultepec a un evento de la youtouber Maire Wink. (Aquí el enlace de la #MairumaWeeding: https://www.youtube.com/watch?v=rnyP9gBBohU) Nos subimos a algunos juegos y disfrutamos el concierto de la Sonora Dinamita. Nos divertimos mucho. Me gustó compartir ese tiempo con ella y llenarle de recuerdos -porque la verdad es que ella no se acordaba de haberse subido a un carrusel, así que nos trepamos al de la Feria, jiji.

Finalmente, el sábado 29 me entregaron mi carro: un Suzuki Ignis gris acero. Se lo debo a Dios, porque Él puso todo de tal forma que conseguí el crédito bancario, reuní el monto del enganche y me dieron el coche de mis sueños hasta en el color que yo quería. A Él sea la gloria.

No dejo de pensar que este año empiezo a ver bendiciones en mi vida y creo que en parte se deben a esa última bendición especial que me dio mi mamá cuando me despedí de ella, antes de su muerte. Finalmente, la prosperidad y la largura de años acompañan a quienes honran a sus padres, de acuerdo con la promesa del cuarto mandamiento bíblico.

Cansada emocionalmente por luchar contra la depresión que me genera el estrés continuo, terminé junio. Con mucho por contar pero con pocas ganas de hacerlo.

No prometo que julio será mejor porque este mes también estaré reducida de presupuesto y eso siempre me tensa. Pero ya estoy disfrutando de mi carrito y eso hace que el sacrificio valga la pena.

Friday, May 31, 2019

Mayo, un mes de logros a traspiés

Después de abril, de cerrar el luto de un año, aún tuve que pasar por otro 10 de mayo sin mi madre. Un diez de mayo algo cansado, pues tuve la fortuna de viajar a Punta Cana, en República Dominicana, para cubrir un evento de internet, pero para estar con mi hija el día de las madres decidí volar el 9 en la noche. Llegué de madrugada, bien cansada pero contenta por la experiencia de haber pisado una playa dominicana (y no sólo pisé la suave arena, sino que también me metí al mar a las 7 am... ¡y estaba tibio!)

Logré sacar adelante los primeros artículos de cobertura del evento en la siguiente semana, a pesar de la gripe que me dió después del viaje, y traía cierto ritmo, pero la tercera semana por alguna razón me ralenticé. Todo me costó más trabajo y estuve ansiosa.

Luego sumé a esa ansiedad dos rubros en mi lista de gastos que, por un lado me causan mucha satisfacción, pero por otro son un golpe a mi bolsillo: la tan esperada y necesaria atención dental, y la compra de un auto.

Así es, finalmente, a mis 43 años, estoy comprando mi primer carro. Y no es cualquier carro, es el coche de mis sueños, un Suzuki Ignis. Decidí aceptar un crédito de mi banco para comprar el coche y todo se dio de tal forma que pude optar por el coche que yo quería. No termino de dar gracias a Dios por permitirme la capacidad para aceptar este crédito y hacerme, por fin, de mi carrito, hasta en el color que yo quise (aún cuando el vendedor de la agencia me dijo que ese color era complicado).

Mi empresa consiguió un nuevo cliente enfocado en procesos de negocio y consultoría financiera, de forma que puedo involucrarme más en este proyecto. Confío en que será el primero de varios clientes para este año y que la agencia sea redituable.

Termino mayo con la lectura a medias de "El conde de Montecristo", con el inicio de la saga de Dark Phoenix y con otros tres libros sobre mi mesita de noche.

Ha sido un buen mes. Algo estresante por decisiones financieras que me tendrán algo corta de dinero los dos próximos meses, pero con la satisfacción de saber que estoy atendiendo dos temas cruciales para mí, que tenía en lista de espera desde hace años.

Gracias a Dios, pues todo lo que tengo proviene de él.

Tuesday, April 30, 2019

Un año de luto

Amanecí bien esta mañana. De buen ánimo. Pensé que podría pasar el día así, pero me equivoqué. 

Conforme avanzó el día no pude apartar de mi pensamiento la idea de que justo hoy, hace un año, te fuiste, mamá.

Con la tarde los sentimientos se hicieron más fuertes y ya no pude evitar sentirme triste.

Sí, ya nos hemos acostumbrado a tu ausencia, pero sigues haciendo falta. Te extraño mamá. Hay muchas cosas que me recuerdan a ti, casi todos los días. A veces te recuerdo con alegría, otras con nostalgia. Pero hoy me dueles...

A esta hora estabas en el hospital, por entrar a esa cirugía de la que ya no saliste con vida. El día de tu cumpleaños fue el último día que te vi, y ya no volveré a verte. No en esta vida, no en este mundo. Quién sabe cuándo.

Gracias por todo lo que nos diste, lo que nos enseñaste y lo que hiciste por nosotros. Por todo eso que no entendimos hasta después de tu partida.

Te amo mamita.

Monday, April 22, 2019

Al fin descanso

Llego casi a fin del cuarto mes de este año cansada. Como esos autos de Fórmula 1 que llegan a los pits a cambiar neumáticos justo a tiempo, antes de que se les revienten. Así me siento. Ansiaba con tantas ganas estos días y finalmente pude liberarme de pendientes de trabajo. Respiro tranquila, después de levantarme a las 8 de la mañana (y no pude más tarde porque mi perra me pidió que la dejara salir a hacer pipí), sabiendo que en verdad puedo sacudirme el estrés de la cabeza.

Tengo las uñas pintadas y la tarjeta en la mano para pagar las reservas de hotel donde espero ya estar mañana en la noche. ¡Ya me urge salir de la ciudad! Descansar, ver otros parajes, ir a la reserva animal y comer toda la deliciosa comida poblana.

Tal vez, por ser vacaciones de trabajo, tenga más tiempo para escribir algunas líneas por aquí. Tengo varios temas revoloteando en mi cabeza desde hace semanas, así que probablemente me dedique un rato para vertir algo en estos días.

Pero si no... ¡estoy de vacaciones! Ya nos estaremos leyendo después, cuando regrese con la pila recargada :)

Monday, April 08, 2019

Flores hasta el cielo

Hoy cumplirías 65 años mami.

Pero te fuiste hace casi un año, tu cuerpo sufriendo dolores indescriptibles e inhumanos.

Hoy eres libre, y estoy segura que duermes en paz al cobijo de nuestro Dios, ese Dios que buscaste toda tu vida y que nos enseñaste a amar. Él te tiene en sus brazos de amor y ahora, con un cuerpo nuevo, percibes más allá de lo que nuestros ojos y nuestros limitados sentidos humanos alcanzan a percibir. Te imagino extasiada ante las maravillas del universo, llena del Espíritu de Dios, con tanto que ver y que aprender que las cosas terrenales finalmente han dejado de ser una carga para ti.

Hace un año, todavía, estaba contigo...

Sabía que ese sería tu último cumpleaños. Lo que no sabía es que te irías tan solo unas semanas después.

Traté de ayudarte, de consentirte, de llevarte a los sitios que querías. Traté de que hicieras lo que querías hacer. Pero tu enfermedad maldita ya tenía control total de tu cuerpo y el sufrimiento que te encadenaba no te dejó disfrutar ni los tacos de carnitas, ni la playa, ni tu sopa del Vips, ni el pastel de Sanborn's que te llevé, ni la torta que te mandó Pao, ni las gorditas, ni los eclairs de El Globo que tanto te gustaban. Fue emocionalmente muy doloroso verte en esa situación; tanto así, que le pedí a Dios que te liberara de ese sufrimiento.

Y lo hizo. Muy rápido para mí, pero tal vez para ti esas últimas semanas fueron un infierno en ese cuerpo destruido. Sólo Dios sabe lo que aguantaste.

Hoy recibo este día con mi casa en orden, como me enseñaste, para que entre la bendición. Ayer finalmente vacié la última caja que tenía sin guardar, con cosas tuyas. Una vez más, tuve que decidir qué hacer con fotos, recuerdos y papeles que eran tuyos, tus esquemas del hotel que querías tener, tus recetas... Tuve que desechar algunas cosas, pero todo lo que conservé ya está archivado y en orden. Y con mi casa lista espero la bendición de Dios que acompaña el orden. Y recuerdo también esa última bendición especial que me diste, hace un año. Si hoy me va bien en la vida, es gracias a tus poderosas oraciones y tus bendiciones. Y te agradezco tanto por ello.

Y te extraño. Te extraño mucho mami. Con todo mi corazón.

Te mando un abrazo fuerte hasta el cielo, con flores y mariposas de todos colores, para que solo por hoy te acuerdes de los que dejaste aquí. Si Dios lo permite, mándame tu abrazo en el viento este día. Y si llueve, saldré a disfrutar de tus besos, recordando cómo nos dejabas salir a jugar bajo la lluvia, cómo nos enseñaste que estaba bien brincar en los charcos de vez en cuando y mojarnos hasta los huesos.

De verdad te extraño mucho mamá. Gracias por todo lo que nos enseñaste. Y gracias infinitas a Dios por permitirme ser tu hija y por conservarte entre nosotros tantos años, a costa de tu propia salud.

Te amo mami. Feliz no cumpleaños hasta el cielo...

Monday, April 01, 2019

Llegó abril...

Y con abril llegan también los recuerdos agridulces de mi mamá...

:(

Sunday, March 31, 2019

Los logros de marzo

No sé si debiera decir logros, porque algunas de las cosas que hice no fueron logros como tal, sino consecución de pendientes, objetivos en una lista que finalmente pude sacar. 

Este mes fue positivo y productivo en muchos sentidos, con muchos alcances en temas que tenía detenidos, que había dejado de lado y que se estaban convirtiendo en asuntos urgentes, al menos algunos.

1. Fui al Congreso de Mujeres con mi hermana y di mi diezmo. Una de las cosas que me hacen mucha falta en mi actual casa es encontrar dónde congregarme. Pero este mes se realizó el congreso anual de mujeres de Amistad Cristiana y fui con mi hermana, lo que me permitió no solamente recibir bendición y tener un tiempo de adoración, sino también entregar mi diezmo de febrero (cosa que ya me generaba ansiedad, el no tener dónde aportar el diezmo). Y, además, tuve la oportunidad de tomar un café con mi hermana y platicar de varias cosas que teníamos sin charlar. Decidí que mientras no encuentre iglesia aquí, haré el esfuerzo de ir por lo menos una vez al mes a Amistad Cristiana y entregar mi diezmo allá.

2. Terminé de coser todo lo que tenía pendiente en la caja de costura, incluyendo lo que traje de mi mamá. Ya solo es cosa de ir cosiendo lo que se vaya necesitando, sobre la marcha. Y quedan un par de pedazos de tela lo suficientemente grandes como para coser una falda, un vestido o a ver qué se me ocurre...

3. Fui al dentista. No pude posponerlo más debido a un absceso que me obligó a buscar un dentista de urgencia, pero resultó que César conocía a un buen dentista y cuando fui a verlo me dio mucha confianza, así que ya estoy atendiendo el tema dental que tenía tan atrasado y que tanto temor me daba.

4. Fui dos veces al cine. Tal vez no sea la gran cosa, pero para alguien que gusta mucho del cine ya tenía tiempo que no iba con frecuencia. De hecho, me he perdido de ver películas en pantalla grande y he terminado viéndolas en la tv, ya sea por Netflix o Totalplay. Y ha sido más por un tema de tiempo porque el dinero ya no es problema.
Este mes fui con César a ver The professor and the madman (en México la titularon "Entre la razón y la locura"), y la verdad me encantó. Muy buena trama, buenas actuaciones de Sean Penn y Mel Gibson, buena temática y, sobre todo, arroja mucha luz sobre el proceso de creación de los diccionarios y enciclopedias. Nunca en mi vida hubiera imaginado todo el trabajo que implicaba hacer un solo tomo, es una tarea digna de locos.
Y con Vale fui a ver Capitana Marvel, la más reciente en la saga de los Vengadores de Marvel. ¿Qué puedo decir? Me gustó mucho. No vale la pena entrar en detalles de la trama, porque la verdad es que sigo la saga porque soy fan. Nada más :P

5. Fui a un concierto y una convención de cómics. Finalmente, después de dos años de promesas, llevé a César al concierto de Emmanuel y Mijares; lamentablemente no lo disfrutamos tanto porque él estaba molesto porque este año tendré que viajar al menos tres veces... 
Con Vale y mi sobrina Anapao fui a La Mole, y ahí conseguí tres tomos de recopilación de cómics relacionados con Infinity War que me hacían falta. Ya terminé de leer los tomos de Infinity Gauntlet, ahora voy a empezar el origen de Thanos y luego seguiré con los dos tomos de Infinity War.

6. Volví a pintarme las uñas. Tan simple como suena, últimamente me hacía falta tiempo para cuidarme las uñas y tenerlas arregladas. Este mes me las pinté un par de veces y creo que tendré cada vez más oportunidad de hacerlo.

7. Continúo con las caminatas y ejercicios. Si bien no lo hago diario, al menos de tres a cuatro veces por semana estoy caminando entre 45 y 60 minutos, y realizo ejercicios de flexibilidad en casa.

8. Charlé con la psicóloga de la escuela de Vale. Es una plática que teníamos pendiente y, además de darme luz sobre la situación de mi hija, me proporcionó los contactos de dos psicoanalistas de diván, una técnica que creo que le ayudará más a Vale. Y, después de algunos descubrimientos que mi hija ha hecho en los últimos días, está más abierta a platicar con un psicólogo otra vez. Espero que esta vez no abandone la terapia a medio camino...

9. Hice un viaje de trabajo a San Francisco. Oracle me invitó a cubrir un evento de clientes latinoamericanos en sus oficinas centrales. Además de conocer una nueva ciudad (aunque no conocí la zona tradicional de San Francisco), tuve la oportunidad de practicar mi portugués pues la mayoría de los asistentes, así como un periodista y la gente de marketing que atendía a la prensa, eran brasileños. Me fue bastante bien, me di a entender muy bien y pude entender casi todo lo que escuché sin problema. Me quedé contenta.

10. Continuamos con la dieta... Aunque este punto no ha generado muchos resultados en las últimas semanas. El logro es, precisamente, que a pesar de la frustración de no ver resultados seguimos procurando comer conforme a la dieta que nos indica la nutrióloga.
Tengo que reconocer que, más allá de bajar de peso, la dieta nos ha ayudado en otros aspectos. Mi hija no ha tenido sus crisis depresivas hace más de tres semanas, y estoy segura que mucho se debe al cambio de alimentación. Así que independientemente de que busquemos cita con un endocrinólogo, seguramente continuaremos con la dieta por el puro hecho de sentirnos mejor anímicamente. Sin embargo, resulta frustrante ir cada semana y no ver cambios después de pasar ya cinco semanas de privaciones. Tal vez sea hora de pedir otro tipo de dieta o de plano decirle que nos veamos cada 15 días...

Friday, March 29, 2019

Recuento a mis 43

Sólo para tener en mente todas esas oportunidades que he tenido de pisar lugares distintos a la ciudad en donde vivo, y para agradecer a Dios por las experiencias y aprendizajes en cada uno de estos sitios...

México
1. Aguascalientes (Aguascalientes capital)
2. Baja California Sur (La Paz, Cabo San Lucas, San José del Cabo, Cabo Pulmo, Todos Santos, El Triunfo)
3. Coahuila (Torreón)
4. Chiapas (Chiapa de Corzo, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez)
5. Estado de México (Amecameca, Ixtapan de la Sal, Malinalco, Metepec, Teotihuacán, Tepotzotlán, Valle de Bravo)
6. Guanajuato (Guanajuato, San Miguel de Allende)
7. Guerrero (Acapulco, Taxco, Zihuatanejo)
8. Hidalgo (Mixquiahuala, Pachuca, Real del Monte, Tlaxcoapan, Tula, Zempoala)
9. Jalisco (Guadalajara)
10. Morelos (Cuautla, Cuernavaca, Jantetelco, Tepoztlán, Yautepec)
11. Nuevo León (Monterrey)
12. Oaxaca (Cuicatlán, Teutila en la sierra)
13. Puebla (Puebla capital)
14. Querétaro (Peña de Bernal, Querétaro capital, San Juan del Río, Tequisquiapan)
15. Quintana Roo (Cancún, Cozumel)
16. San Luis Potosí (Real de Catorce, San Luis Potosí capital)
17. Tabasco (Villahermosa)
18. Veracruz (Xalapa, Veracruz capital)
19. Yucatán (Dzibixaltún o Dzidzantún, Mérida)

Contando la Ciudad de México -antes Distrito Federal-, donde viví casi toda mi vida, he estado en 19 Estados de la República Mexicana, al menos en una ciudad por Estado. Me faltan 13 Estados por conocer :)


Fuera de México
1.  Estados Unidos (California - San Francisco, Massachusetts - Boston y Newton, Nueva York, New Jersey - Atlantic City, Nevada - Las Vegas, Washington - Maryland)
2. Costa Rica (San José)
3. Colombia (Bogotá y alrededores, Villavicencio y Zipaquirá)
4. China (Shanghai y Zhujiajiao)
5. Francia (París, Normandía y Chantilly)
6. Y en un mes, República Dominicana (Punta Cana)


Thursday, February 28, 2019

Retomando el ritmo :)

Febrero fue un buen mes.

Mi salud mejoró después de la influenza, por lo que pude retomar las caminatas matutinas con mi marido, y a eso le sumé una rutina de ejercicios en casa.

Al dejar atrás por completo los gastos relacionados con el departamento de mis tías, este mes pude destinar dinero para otras cosas, como las consultas con una nutrióloga para mi y para mi hija. En estas tres semanas he bajado casi 4 kilos. ¿Poco o mucho? No lo sé, pero con tantos kilos que tengo encima esos cuatro apenas si se notan. Lo importante es que ya empezamos. (Creo que tengo que ir al endocrinólogo también, cosa que espero hacer la semana entrante. Ya les contaré.)

Hice una lista de médicos de la localidad registrados en la red del seguro médico que tengo, para concertar citas con dentista, optometrista, ortopedista y dermatólogo. Y en algún momento también tengo que hacerme estudios generales para descartar posibles padecimientos relacionados con la enfermedad de mi mamá :S

En la chamba las cosas van mejor. Este mes he avanzado mucho, saqué algunos pendientes, escribí varias notas y armé una fotohistoria. Siento que ya recuperé el impulso que perdí el año pasado, que por más que trataba de recuperar el ritmo no dejaba de sentir como si mi maquinaria estuviera oxidada o anquilosada. Hoy finalmente siento que ya todo funciona bien, la máquina está aceitada y en marcha y las cosas van saliendo, una a una. Me siento más optimista en ese sentido.

Respecto a la agencia, tenemos un par de propuestas para nuevos clientes en la mesa, esperando que se resuelvan positivamente pronto (pongan changuitos).

En la casa, después de unos días deprimida me puse a ordenar papeles y a revisar cajas que aún no había desempacado. Hoy ya solo me queda una caja con papeles que falta por ordenar, pero avancé con ese tema y me siento más tranquila. Además estuve cosiendo bastante y casi terminé de coser las cosas que tengo en la cajita de mi rincón de costura. 

Finalmente pudimos "arreglar" el asunto con TotalPlay, así que un pendiente menos en mi lista. Y lo puse entre comillas porque realmente no fue un arreglo. Yo tuve que resignarme a perder mi línea anterior, pero después de seis meses de todos modos ya era un número perdido. Todo mundo me llama a mi cel y tardará un poco para que empiecen a usar el nuevo número en mi firma de correo.

Volví a leer. Tal vez lo más satisfactorio de este mes fue retomar verdaderamente la lectura. En estas semanas terminé de leer tres libros que tenía a medias, leí uno nuevo por completo y empecé a leer tres más. Sí, soy una atascada de la lectura y no puedo terminar de leer un libro cuando ya estoy empezando otro. En mi mesita de noche tengo cinco libros apilados, más el que estoy leyendo en mi tablet, y dependiendo del ánimo o nivel de cansancio elijo uno distinto para seguir leyendo. Y no, no me confundo con las historias ni les pierdo el hilo, ¿no es maravilloso?

Finalmente, me hice el propósito de estar más pendiente de mis amistades, aunque confieso que esa parte me cuesta más trabajo. Soy pésima para darme tiempo para hablar por teléfono y tardo en revisar y responder mis mensajes de whatsapp. En fin, es un tema en el que tengo que seguir trabajando. Espero poder mejorar un poco en marzo :)

Thursday, January 31, 2019

Otro paso adelante

Termina el primer mes del año y tengo la cabeza llena de ideas, pensamientos, recuerdos, arrepentimientos, anhelos y oraciones no expresadas verbalmente. Sé que la Biblia dice que Dios conoce los deseos de nuestro corazón, pero sé también que como parte de la fé, la oración y la entrega cada uno tiene que poner sus necesidades, problemas y deseos ante Dios, y yo simplemente no lo he hecho este año.

Empecé el 2019 enferma. Luego siguió mi hija, y luego mi marido. Como parte de mi recuperación no pude iniciar el año con ayuno como lo he hecho los años pasados, pero tampoco me di el tiempo para hacer oración por lo menos... La verdad es que he estado desganada y tengo tanto que revolotea por mi cabeza que muchas veces, cuando trato de orar, simplemente no sé por dónde empezar ni por dónde continuar.

Cumplí 43 años ya. Mi primer cumpleaños sin mi mamá, aunque ya el año pasado lo pasé mal y deprimida pues sabía que ella estaba próxima a morir. Traté de pasarlo bien con mi familia cercana, pero en un momento dado no pude evitar llorar al recordar a mi mamá en el abrazo de una tía... Ni hablar, un año más y un paso más que dar en el camino de la vida.

Aún no se cumple el año de aniversario luctuoso de mi mamá, pero ya es hora de descargarme el luto de los hombros. Sé que la seguiré extrañando mucho tiempo, toda la vida, pero miro atrás y veo lo complicado que fue 2018 para mí y necesito que este año sea diferente, mejor, más optimista, más productivo. No puedo darme el lujo de perder más tiempo en medio de las telarañas mentales de mi cabeza. Tengo que sacudírmelas y dar otro paso adelante.

Tengo una empresa en stand-by que requiere atención. Tengo un buen trabajo que debo cuidar (mientras respondía la evaluación de fin de año me sentía mal por todos los objetivos no logrados, que ni siquiera las metas cumplidas me hicieron sentir mejor). Tengo que seguir avanzando profesionalmente. Ya es hora de terminar la pausa.

Y tengo (tenemos) proyectos personales y familiares. Este año marcará cambios positivos, lo sé. Es solo cuestión de seguir avanzando, un pie tras otro, reactivar la maquinaria de los sueños que me han permitido llegar a donde estoy y que deben llevarme a donde quiero llegar.

Necesitaba unas vacaciones para recargarme antes de todo esto, pero con la influenza no se pudo. Ni hablar, la vida una vez más enseña que más importante que los planes es la resiliencia y la voluntad de seguir andando y no quedarse quieto; no importa si se avanza de frente, si se dan pasos de lado o si se tiene que desandar parte del camino para encontrar otra ruta y avanzar por ahí, lo importante es no dejar de caminar.

2018 fue una pausa. Fue preciso detenerme para llorar, para respirar, para cerrar los ojos y soltar. 2019 es el año de seguir dando más pasos rumbo a las metas planeadas. Y espero que Dios esté conmigo, o mejor dicho, espero caminar junto a Dios en cada fase del camino.

Es hora. Otro paso más...

Monday, January 07, 2019

Una nueva esperanza...

2018 no fue un muy buen año para mí. Si han leído mi blog, lo sabrán.

Terminé el año enferma de influenza, bastante mal. Lo pasé solo con mi hija, pero cada quien en su cuarto para que ella no se enfermara. Mi marido se había adelantado al pueblo de su mamá para llevarla a pasar el año nuevo y entre que se le descompuso el coche, mi suegra enfermó de la garganta y no podía estar en contacto conmigo, se quedó por allá unos días.

Mentiría si les digo que aproveché el tiempo para pensar y reflexionar. Me sentía bastante mal. Apenas hoy puedo decir que ya me siento verdaderamente mejor, aún cuando cualquier actividad, por ligera que sea, me provoca respiración agitada y tos con flema. 

Ya solo puedo decir que finalmente terminó el 2018.

Y como en la saga de Star Wars, empiezo este año con una nueva esperanza. Atrás ha quedado casi todo lo que me estresaba. Aún tengo un par de asuntos que resolver y tengo que atender varios temas de salud, míos y de mi hija, pero ya puedo concentrarme en eso.

Empecé el año enferma, pero medicada. Eran mis vacaciones, ¿saben? Yo esperaba hacer otras cosas estos días, pero tuve que pasarla en cama casi todo el tiempo, encerrada en casa hasta el aburrimiento. Si algo pude hacer fue coser bastante de la ropa que tenía acumulada, así que al final siento que hice algo productivo.

No tengo más que decir. Solo que de verdad espero que este año avance mejor de lo que terminó el anterior.

Monday, October 01, 2018

Viajar o no viajar...

Cuando estaba en la universidad y empezaba a trabajar, me ilusionaba la idea de viajar por el mundo y conocer otros lugares.

En ese entonces, sin embargo, no tenía mucho dinero, no tenía visa americana ni tarjeta de crédito y los viajes que hacía eran cortos y dependía por completo de que las empresas que me invitaban pagaran todos mis gastos. Iba y regresaba cuando ellas lo programaban y realmente no conocía casi nada de los sitios a donde viajaba.

Con el tiempo fui aprendiendo que aunque viajara a la playa no tenía caso empacar el traje de baño, pues generalmente me la pasaba metida todo el día en el salón de conferencias, y como por las noches ya tenían programadas cenas con actividades de integración, pues ni para caminar por la playa me daba tiempo.

Afortunadamente, llegó el momento en que conseguí un empleo que me permitió tener tanto visa americana como tarjeta de crédito y comencé a pensar en viajar a Estados Unidos y quedarme uno o dos días por mi cuenta, para conocer algo e ir de compras.

Peeeerooo, esos beneficios me llegaron cuando ya tenía una hija. Una hija muy ansiosa. Mi única hija, con quien tengo un lazo muy profundo. Así que resulta que viajar por el mundo y quedarme un par de días por mi cuenta me pone ahora en una disyuntiva. ¿Por qué? Pues porque ya no disfruto de los viajes como cuando era soltera.

Ahora que el portal que edito se ha posicionado más, empiezan a llegarnos invitaciones para viajar con más frecuencia no solo a Estados Unidos, sino a otros países, como Panamá y China. Y si bien la idea de viajar me emociona siempre, inmediatamente me inundan las preocupaciones: ¿Cuántos días estaré fuera? ¿Cómo me organizo? ¿Con quién voy a dejar a mi hija? ¡Voy a extrañarla y ella a mí!

Y, de hecho, así me pasa ahora. Cuando viajo más de dos o tres días, mi hija me dice cada vez que le llamo lo mucho que me extraña. (Y no solo ella, ahora tengo un marido que también me pide que regrese pronto, je.) Más aún, me descubro paseando sola por ciudades nuevas, pensando siempre en cómo me gustaría disfrutar de todo eso con mi hija y mi pareja. Y entonces, viajar por asuntos de trabajo ya no es tan divertido como hacerlo por turismo, con la familia.

La semana entrante viajo a China, y desde ya estoy con el estrés de organizar las cosas aquí para que todo fluya en los días que yo estaré fuera. Sé que voy a extrañar a mi marido y a mi hija y sé que ellos me extrañarán también. Y cuando cuento los días que voy a estar fuera me parecen tantos que tengo que recordarme que un viaje tan largo vale la pena el esfuerzo para quedarme y conocer la ciudad más allá de la sala de conferencias del evento al que asistiré. Pero emocionalmente siempre es duro irme tantos días.

No, para mí no son vacaciones si voy sola. Me siento hasta un poco culpable de estar en esos lugares sin mi familia. Tal vez estoy mal, pero así es esto para mí.

Nunca imaginé a mis 20 años que llegando a los 40 mi percepción de las cosas cambiaría tanto...

Saturday, September 29, 2018

A un año de la zarandeada

A un año del sismo de 2017 mi corazón no se ha repuesto del todo.

El susto que me llevé ese martes no se ha ido. Cada vez que escucho una alarma mi corazón brinca. Y me refiero a cualquier alarma: la de un auto, la de una casa, la sirena de una patrulla que se enciende de repente, o incluso las bocinas de los camiones. Por un segundo, el vello de la piel se me eriza y todos mis sentidos están alertas para reconocer si se trata de la alerta sísmica o no. Tan pronto mi cerebro registra que no se trata de la alerta sísmica, mi corazón recupera el paso, mi respiración brevemente interrumpida retoma el ritmo y mis sentidos vuelven a concentrarse en lo que estaba haciendo.

Y es que el 19 de septiembre de 2017 no solamente removió el suelo en el que vivo, sino que zarandeó lo más profundo de mi ser...

Hasta ese día, mi forma de ver y enfrentar los temblores era muy simple. Yo era tan chica en 1985 que realmente no experimenté el miedo en ese entonces. El primer sismo, de hecho, no supe qué estaba pasando: mi mamá me sacó del baño, donde me estaba peinando para ir a la escuela, y me llevó junto a ella, debajo de una columna de la casa. Ahí fue cuando entendí que ese movimiento del edificio no era bueno.

Pero más allá de eso, no entendí más. La zona donde yo vivía no fue afectada y para mí la vida seguía normal, salvo por la falta de clases durante varios días. Veía en las noticias que se habían caído muchos edificios y que mucha gente quedó atrapada en ellos, pero no eran mi gente, no los conocía. Sí, estaba impactada, pero no era algo que permeara mi piel.

Mi mamá todos los días llevaba café y sándwiches para los rescatistas. Mis hermanos y yo le ayudábamos a preparar los sándwiches y yo admiraba lo que hacía, pero no lo entendía. En ese entonces solo tenía 9 años y la única forma de saber lo que pasaba era viendo la televisión, pero yo vivía en un condominio donde los niños salíamos a jugar al patio, así que las referencias negativas del terremoto las tuve hasta que regresamos a clases y supe que algunos compañeros perdieron a familiares o amigos. Fue entonces cuando supe que el suceso había sido más cercano de lo que yo lo percibía...

Los simulacros empezaron poco después de eso. De alguna forma, el comprender lo que un sismo era capaz de hacer generaba un flujo de adrenalina cada vez que sonaba la campana, la chicharra o el silbato de los simulacros.

Años después se instauró oficialmente la alerta sísmica. Para ese entonces ya me había tocado vivir algunos otros sismos, no tan fuertes como el del 85, pero ya sabía de lo que era capaz la naturaleza. Sin embargo, con el tiempo se fue diluyendo el temor. Con las redes sociales se popularizaron los "memes" y después de cada sismo -que hasta ese entonces no había causado daños en la ciudad- se compartían imágenes de bolillos o chistes para aligerar el susto.

Eso hicimos después del sismo de 8.2 la noche del 7 de septiembre de 2017, con epicentro en Oaxaca. En ese estado se cayeron muchas casas, hubo gente muerta y muchas personas perdieron su patrimonio, pero en el DF no pasó nada, así que seguimos adelante, enviamos ayuda y ya. Nadie sabía lo que pasaría un par de semanas después...

Apenas dos horas después del mega simulacro de todos los años para recordar los sismos de 1985, sin aviso, el suelo se movió de una forma aterradora.

Un crujir de la ventana, mi perra se levantó rápidamente del sillón donde estaba, ladró a la ventana, e inmediatamente después el edificio empezó a zarandearse con fuerza. Descalza como solía estar, apenas pude dejar la computadora de lado para correr por la correa de mi perra, ponérsela rápidamente mientras veía cómo una lámpara se caía al piso, y salir corriendo por las escaleras. Mientras aún bajaba los escalones, pidiéndole a Dios que nos protegiera, escuché el sonido de cristales quebrándose y en cosa de segundos pasó por mi mente la posibilidad de que fueran las ventanas rompiéndose porque el edificio se iba a caer... Nunca había tenido tanto miedo como en esos segundos en los que pensé que el edificio se me vendría encima. Si algo no he podido superar, es esa sensación que me invadió en esos pocos segundos, hasta que conseguí salir del edificio y ponerme a salvo con mi perra, donde me arrodillé y le pedí a Dios que cuidara a mi hija, a mi hermana y su familia. Por sobre el ruido de los gritos y la alerta sísmica, escuchaba claramente el rugido de la tierra... un sonido que tuve en mis oídos durante meses, claro y vívido.

Cuando el piso dejó de moverse encargué mi perra con un vecino y subí corriendo por mis gatos y mi teléfono celular. Solo encontré dos gatos y no quería arriesgarme buscando a los otros. Tomé el pet taxi, mi celular y bajé corriendo otra vez, descalza.

Así, descalza, estuve en el patio mientras revisábamos que los edificios no hubieran sufrido daño y nos cerciorábamos de que era seguro volver a entrar a los departamentos. Fue hasta que volví a entrar que me di cuenta que el sonido de cristales rompiéndose se debió a un florero que se cayó de la parte superior de mi vitrina. Tal vez si lo hubiera sabido no hubiera estado con el alma en un hilo, pero no lo supe y el susto que me llevé ya nada lo puede cambiar.

Dejé a mi perra y los gatos, me calcé unos tenis y salí corriendo por mi hija. Ya la ciudad era un caos. Ya sabíamos que algunos edificios se habían caído, pero yo confiaba todavía en que se tratara de edificios viejos. Buena sorpresa nos llevamos los ciudadanos cuando nos enteramos de que varios de los edificios caídos eran recientes. No deberían haberse caído. En una ciudad con alta actividad sísmica, donde existen lineamientos estrictos de construcción en este sentido, no se justifica que las nuevas construcciones se caigan en un sismo.

Mi hija era un mar de llanto cuando llegué por ella. Se asustó por la experiencia pero estaba más preocupada por mí. Nos abrazamos y lloramos. Y regresamos caminando a la casa, escuchando a voces cortadas más malas noticias. Encendimos la tele y empezamos a ver las imágenes de los edificios caídos. Dado que el condominio está en la misma cuadra del Hospital Adolfo López Mateos, el sonido de sirenas de patrullas, ambulancias y helicópteros sobre volando la zona fue constante desde ese momento y durante los días siguientes.

Aunque la tarde del 19 y el 20 preparamos tortas y sándwiches para llevar al hospital, la noche del 20 nos dijeron que la emergencia era mayor en otros hospitales y que ya no necesitaban ayuda ahí, así que el 21, después de pasar dos noches de poco sueño, interrumpido constantemente por las alarmas y sirenas, decidimos empacar y venir a Satélite unos días.

Aún recuerdo el llanto que solté cuando pensé que tenía que regresar a la Ciudad de México, porque mi hija debía volver a clases. Entonces me dí cuenta de que no estaba lista para volver al departamento.

Finalmente tuvimos que volver y seguir nuestra vida. Yo se que el edificio no se dañó. Se que el condominio resistió los movimientos telúricos de 1985 y ese sismo de 2017, sabía que el edificio no se caería, pero el susto que viví no lo podía superar...

Aún hoy, un año después, mi perspectiva de los temblores es muy distinta a la que tenía antes del 19S 2017. Yo solía decir que si temblaba en la noche, no me levantaba de la cama por un sismo menor de 6.5 grados. Hoy salgo corriendo cada vez que escucho la alerta sísmica sin esperar a ver qué tan fuerte viene el sismo; ya entendí que si viene fuerte, no habrá tiempo suficiente para abandonar el edificio.

En los meses posteriores no pude conciliar bien el sueño. Cualquier crujido de ventana me recordaba inmediatamente el sonido que escuché justo antes de que empezara el terremoto y me quitaba el sueño. Y de día estaba siempre alerta. El sonido del rugido de la tierra no se iba de mi mente...

Uno de los tantos motivos que tuve para mudarme fue dejar atrás el temor a los sismos. Y aún estando acá en Satélite he pasado sustos al escuchar las bocinas de los camiones lejanos que me recuerdan la alerta sísmica o por las alarmas de los autos y camionetas que se estacionan cerca de la casa.

El 19 de septiembre de 2017 fue una buena zarandeada. Cambió mi vida. Y nunca podré reaccionar de la misma forma a una alarma. Y así como yo, miles de ciudadanos que hace un año entendimos que las fuerzas de la naturaleza son devastadoras, llegan sin previo aviso y te dejan completamente indefenso y vulnerable.

Wednesday, September 19, 2018

Un evento con causa


Mi mamá falleció hace poco más de 4 meses de lupus, una enfermedad terrible que le hizo padecer dolores indescriptibles...
Hoy me entero que Kidzania hará un evento benéfico para ayudar a dos hermanos que padecen un lupus agresivo. Si pueden ir, todo el ingreso de las entradas se donará a estos adolescentes para ayudar con su tratamiento. El evento será el 27 de septiembre a partir de las 8 pm.
Cada boleto para la noche de Ana y JuanPa tendrá un costo de $250 pesos y se venderá en diversos puntos de la ciudad como los Colegios Cedros del norte y sur; Colegio Yaocalli, a través de depósito directo a la cuenta Santander 60542735369 a nombre de Gonzalo Muncharraz y Cano, a través de PayPal: https://www.paypal.me/Gonzalomucharraz e incluso a través de WhatsApp con cargo a tarjeta de crédito (con visita programada para el cargo) al 5523002558.
Ojalá puedan ir. Yo haré todo lo posible por asistir y cooperar con algunas entradas. Espero que Ana y JuanPa no tengan el mismo desenlace terrible que tuvo mi mamá...

Monday, September 17, 2018

Historia de un fallido servicio al cliente

Acto 1
Siendo yo una cliente enamorada de mi banco y sus servicios, muy contenta de utilizar una app móvil ligera y funcional -aunque con algunos detalles-, un día me topé con la triste noticia de que la actualización de la app pesaba tres veces más que la aplicación original.
Después de borrar algunas otras aplicaciones de mi celular para poder descargar la nueva versión, resultó que simplemente no podía acceder al servicio, pues no reconocía mis credenciales de autenticación (las mismas que venía usando desde hace más de un año).
Hice varias llamadas infructuosas a la línea de atención a clientes que terminaron en otra visita, por demás inútil, en la sucursal bancaria, donde no tenían idea de por qué no podía usar la app y terminaron por sugerir que cambiara de modelo de celular para poder usar su aplicación. Decidí eliminar la app de mi teléfono y quedarme solamente con la banca en línea.
Cabe mencionar que en las llamadas a la línea de soporte me indicaban que mi número celular no estaba vinculado a mi cuenta, siendo que yo tenía instalada la app móvil y además recibía notificaciones a mi celular después de cada compra o cargo que se hacía a mi cuenta.
Claramente no existía una unificación de la información entre bases de datos de servicios distintos... 

Acto 2
Casi al mismo tiempo que el incidente de la aplicación móvil, el banco liberó una nueva versión de su sitio web y al hacerlo, de un día para otro yo ya no podía entrar a mi banca en línea, pues el nuevo sistema no reconocía mis credenciales de acceso, mismas que había utilizado sin problemas el día anterior, y que venía utilizando desde hacía más de 4 años sin incidentes.
Desde la línea de atención telefónica me indicaron que entrara usando una opción medio oculta, que me daba la posibilidad de entrar "usando mi banca en línea anterior". 
El problema se solucionó pero sabía que sería temporal. Tarde o temprano, ese acceso alterno sería eliminado...


Acto 3
El temido día llegó el 12 de agosto. Igual que con las actualizaciones de sistema anterior, de un día para otro me quedé sin poder acceder a mi banca en línea. El acceso que yo usaba fue descontinuado y el nuevo sistema no reconoció mis credenciales.
Es como si uno trabajara en un edificio durante años, un día lo remodelan y resulta que el nuevo sistema de acceso no reconoce los gafetes viejitos, entonces le piden a la gente que use otra puerta para entrar al edificio. A desgano, la gente lo hace. Finalmente tienen acceso a las instalaciones que es lo que importa. Un día, sin embargo, se topan con que la puerta está cerrada y un aviso pegado en la puerta les indica que deben acceder ahora por la entrada principal, pero al llegar ahí, el sistema no reconoce sus gafetes y se les niega el acceso una y otra vez, como si no pertenecieran a dicha institución, como si nunca hubieran trabajado ahí. Algunos oficiales se acercan y les dicen que tal vez están usando mal el gafete, que lo están colocando al revés, que vayan a la oficina de Recursos Humanos a que les cambien el gafete. Pero nada. Aún con todo y gafete nuevo, no consiguen entrar al edificio.
Algo así me pasó. Llamada tras llamada a la línea de atención telefónica, los operadores me trataban como si la culpa fuera mía, como si yo hubiera olvidado mi contraseña o la estuviera escribiendo mal. Me dijeron que debía resetearla, cosa que hice, pero ni así conseguí entrar.
La solución, me dijeron, era ir a la sucursal a que dieran de baja mi usuario y me asignaran uno nuevo... Adiós a los beneficios de la movilidad y las transferencias electrónicas, bienvenido el retroceso y las visitas a la sucursal, como antaño.
Nuevamente, me queda claro que tienen un fuerte problema de integración de información entre sus bases de datos.


Acto 4
La sucursal cercana a la casa donde ahora vivo simplemente no pudo resolver mi problema. Me indicaron que tenía que asistir a mi sucursal de origen (que ahora me queda a una hora de distancia, sin tráfico). Osea, ¿no se supone que la información debería estar centralizada para que puedan acceder a ella desde cualquier sucursal? ¿Tanta actualización de sus sistemas y su sitio web para que resulte que tengo que recorrer 20 kilómetros para que me atiendan en la sucursal donde abrí mi cuenta por un tema de cambio de usuario?
Como sea, no me quedó de otra. Fui a la sucursal de origen donde resultó que para cambiar mi usuario y contraseña, tenían que dar de baja por completo mi servicio de banca en línea -perdiendo todas mis configuraciones, cuentas dadas de alta, etc. Y al volver a darlo de alta, me cobraron $250 por el nuevo token (les recuerdo que ya no uso la app móvil), cosa que me molestó pues el problema de accesos no fue mi culpa, sino del banco. Pero necesitaba acceder a mi banca en línea y no me quedó de otra que aceptar. Se me indicó que revisara mi correo electrónico para confirmar la clave de acceso que me enviaron y terminar el proceso de registro. En cuanto regresé a mi casa hice lo que me indicó el correo, sincronicé mi nuevo token, creé una nueva contraseña y recibí una confirmación de que ya podía acceder a mi banca en línea.
Emocionada, procedí a intentarlo, solo para darme cuenta de que tan pronto tecleo mi usuario y contraseña el sistema me arroja nuevamente que mis datos de acceso son incorrectos...
Frustrada, intenté lo que no quería hacer. Borré todo el caché, todas las contraseñas de mis navegadores, reinicié la computadora, intenté acceder desde un navegador que nunca uso para la banca electrónica tratando de garantizar que realmente se realizara un acceso limpio, desde ceros, con nuevas credenciales... todo en vano. Nuevamente me apareció el mensaje de que mis datos de acceso son incorrectos.
Y para quienes estén pensando que es algo del token físico, que debería usar el del celular, déjenme pararlos en seco: el proceso me frena al colocar el usuario y luego la contraseña, ni siquiera me solicita el código del token. Simplemente no hay esa opción.
Así llegó el último día de mes y yo con la urgencia de realizar pagos. No me quedó de otra que regresar algunos años en el tiempo y sacar dinero de los cajeros para luego depositarlo en ventanilla.


Acto 5
Frustrada, enojada y estresada traté de aprovechar la opción de realizar transferencias y pagar mi tarjeta de crédito desde el cajero ATM. Pero ¡oh, sorpresa! Resulta que hay un límite para la cantidad que se puede transferir, así que si uno tiene que pagar, por ejemplo, una renta mayor de $4,500 pesos, olvídenlo, no pueden hacerlo desde el cajero.
Tampoco pude pagar más de $4,500 a la tarjeta de crédito. Yo tengo ya la costumbre de usar la tarjeta para todas mis compras y liquidarla a fin de mes. Pero eso es algo que nomás no puedo hacer desde el ATM.
Intenté luego sacar dinero para realizar otros pagos que tenía que hacer, pero el cajero ya no me permitió sacar la cantidad que necesitaba. Vamos, no pude sacar ni tres mil pesos.
No me quedó más que formarme en ventanilla para sacar dinero y pagar mi tarjeta ahí mismo.
Cabe mencionar que los cajeros ATM tampoco permiten realizar transferencias o pago de tarjetas si no tiene papelito para entregar el comprobante de la transacción.
Una experiencia verdaderamente frustrante en una era en la que la gente depende de la tecnología para evitar las visitas a la sucursal.
Pero en mi caso, mi banco me ha llevado en retroceso, desde realizar casi todas mis operaciones en la app móvil a tener que acudir a la ventanilla para sacar dinero y luego tener que realizar pagos y depósitos en otros establecimientos porque simplemente no puedo hacer transferencias electrónicas.


El nombre del banco es Banorte. Y estoy segura que muchos clientes comparten experiencias similares.
Estoy harta, se me acabó la paciencia y la tolerancia. Simplemente no hubo una atención adecuada, por ninguno de los canales se resolvieron mis problemas y, al contrario, me complicaron la vida llevándome de regreso a los tiempos en los que todo se resolvía físicamente en las sucursales.
Te odio Banorte. Felicidades, hoy perdiste un cliente. (Publicado originalmente el 31 de agosto en mi muro de Facebook.)

Epílogo
El 11 de septiembre intenté descargar la app móvil en un nuevo celular que recién me compré. Fui a la sucursal cercana y una señorita muy amable me explicó que no tenía sentido activar la app móvil, pues para ello tendría que dar de baja mi servicio en línea y dar de alta el servicio vía la aplicación. Y, para dar de baja el servicio, tengo que ir a mi sucursal de origen...
Revisando el sistema, ella se percató de que el token no se activó correctamente (a pesar de que yo había recibido un mail de confirmación de activación de la banca por internet), por lo que procedió a activarlo en ese momento. Sin embargo, cuando intentamos acceder a mi cuenta, con la contraseña recién configurada en el sistema, nuevamente salió el mensaje de error.
La señorita me sugirió tratar de acceder desde el sitio web en mi celular. Al intentarlo, primero me topé con que acceder al sitio web de Banorte usando Chrome en Android es hiper lento. Finalmente opté por usar el navegador simple de mi celular, desde donde pude abrir la página, solo para encontrar que la versión web para los dispositivos móviles no permite el acceso a banca en línea. La opción simplemente no existe. Solo aparece una ventana instando al usuario a descargar la app móvil.

En este momento ya no me quedan más que dos últimos cartuchos:

1.- Llamar a Banortel para ver, una vez más, si hay algo que puedan hacer para permitirme el acceso a mi servicio de banca en línea, recién re-contratado el 30 de agosto. (Tendré que tomar todo un frasco de Pasiflora antes de llamar, para no reaccionar irritada cuando me traten como estúpida por no poder entrar a mi banca en línea por que sus sistemas no reconocen mis credenciales...)
2.- Si lo anterior no funciona, no tiene caso conservar el servicio de banca en línea. Tendré que ir a darlo de baja a la sucursal donde vivía antes. Y como último recurso, después de eso, descargar la app móvil y activar el servicio, a ver si al menos puedo tener visibilidad de mis gastos en mi cuenta corriente y la tarjeta de crédito.

Honestamente, mi decisión está tomada. Ya estoy evaluando opciones en otros bancos. No puedo quedarme con un banco que no me ofrece un servicio positivo por ningún canal (salvo la honrosa excepción de la señorita Anayeli, de la sucursal Zona Azul). Pero mientras tenga dinero en mi cuenta y una tarjeta de crédito Banorte, me interesa por lo menos tener acceso a un servicio en línea que me permita visualizar mis gastos y el saldo en mis cuentas.

Qué triste, Banorte. Qué decepcionante. Nomás no hallé el canal ni la solución a mi problema. Y estoy segura de que, como yo, hay muchos más...

Actualización. 26 de septiembre. Siete llamadas a Banortel intentando hablar con un agente de servicio al cliente. En cada llamada, el sistema se desconectó después de que tecleé mi número de cuenta o el número de mi plástico. Eso sí, me daba el mensaje "Gracias por preferir Banorte" justo antes de colgar la llamada. Así nomás. Hasta parece mentada de madre, neta. Simplemente no hubo forma de enlazar la llamada con un operador, intenté con varias opciones pero siempre pide teclear el número de cliente o plástico, y una vez que lo hacía me salía ese mensaje y me colgaba.

Neto, gracias Banorte por no poder resolver las necesidades de tus clientes. Como diría mi mamá: "en vista del éxito no obtenido" no me queda más que ir a la sucursal para cancelar definitivamente el servicio de banorte en línea y ver si, como última y definitiva carta, es posible activar la app en el celular. No hay de otra :(